El SIDA y la desgracia familiar en Los Altos

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Al ser en ese entonces una enfermedad poco conocida, el miedo se apoderó de Humberto, pocos lo ayudaron.

Guadalajara, Jal.- Los niños se apartaban de su camino cuando lo veían venir por la banqueta, sus madres les habían dado la orden de evitar todo contacto físico para no contagiarse de una enfermedad rara que poco se sabía de ella, pero que ya estaba cargada con una sobredosis de discriminación a principios de la década de 1990: el VIH-SIDA.

En la colonia San Rafael, en Guadalajara, habitaba en una pequeña casa con dos habitaciones Humberto Flores y su hermana, Martha; oriundos de un pueblo de Los Altos de Jalisco y radicados en la ciudad por los estudios, los hermanos llegaron dos años antes de que Humberto contrajera la enfermedad, se avecindaron en la Perla Tapatía en 1986.

Con apenas 21 años de edad, Humberto fue un joven deportista, se destacaba por su “buen físico, su altura y un carácter alegre”, apenas se habían instalado y ya recibía visitas de amigos, o asistía a fiestas, recuerda Martha para explicar su carácter, que siempre la ponía de buen humor, dice.

“Muy  amiguero. Bastante. A mí me gustaba porque siempre teníamos visita en casa o nos íbamos de fiesta, nada era aburrido con él. Ni siquiera cuando tuvo SIDA, o sea, sí hubo momentos de depresión, no me malinterpretes, me refiero a que él era más que su enfermedad, nunca venció su espíritu”, cuenta Martha Flores.

Fue en el año de 1988 cuando Humberto contrajo el VIH, según su hermana; siendo una enfermedad poco conocida en aquel entonces, el miedo se apoderó de él, pero sobretodo de los vecinos, los prejuicios, la ignorancia y desinformación del alcance del virus le hizo pasar malos momentos.

“Él le contó a su ‘mejor amigo’ que tenía VIH, prácticamente lo educó sobre la enfermedad; nosotros compramos revistas, libros, todo sobre el SIDA, imagínate, no había internet. Bueno, la cosa es que el amigo le contó a los demás en la colonia, se hizo el escandalazo, nos gritaban puto, puta, maricón, marimacha, de todo; nos aventaban huevos en la puerta, nos acosaban, nos querían correr de la colonia. La verdad si teníamos miedo, nos fuimos”, cuenta Martha.

El próximo 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial en Respuesta al SIDA, en Jalisco, el Consejo Estatal para la Prevención del SIDA (COESIDA) se prepara siguiendo la estrategia de ONUSIDA llamada 90-90-90.

Esto es detectar al 90 por ciento de la población que vive con VIH, dar tratamiento antirretroviral al 90 por ciento de la población diagnosticada y, finalmente, que el 90 por ciento de la población bajo tratamiento antirretroviral, esté en control virológico. De haber existido estas oportunidades hace casi 30 años, Humberto hubiera tenido mayores esperanzas de vida.

“Cuando él (Humberto) se entera pues casi, casi, lo estaban desahuciando, le decían que no había cura; digo, ahora es tratable, pero en ese entonces no había nada. Cuando me contó fue muy duro; había escuchado en las noticias del SIDA, pero no tomé conciencia. Lloramos y nos reímos toda la noche, agarramos una botella de tequila y nos pusimos bien borrachos, uno de los acuerdos que hicimos fue no decir nada a mis papás, sobre todo por su homosexualidad, en ese entonces estábamos muy chicos, no sabíamos nada, ni a quién acudir”, cuenta Martha.

Decidieron dejar la colonia para regresar con su familia, fue inevitable ocultar esta enfermedad, narra Martha, allá en el rancho también se enfrentaron con la discriminación y la ignorancia, pero una que dolió más: la de su familia. Su madre se negaba a tocarlo, su padre le repetía que era una maldición de Dios y una vergüenza. Los pleitos obligaron a dejar de nuevo el hogar de sus padres, en tan solo dos meses de su llegada, se mudaron por la zona del vestir, Medrano.

MÁS DE 15 MIL DIAGNÓSTICOS EN JALISCO

En Jalisco se tiene un registro acumulado de 15 mil 725 personas diagnosticadas con el virus hasta este 2017, desde que comenzó la epidemia en 1983. Se cree que 22 por ciento de las personas que viven con el virus no saben que viven con él, es decir, existe aproximadamente un tercio de personas que desconocen su estado de salud, según informó Ariel Eduardo Campos Loza, secretario Técnico del COESIDA. Anualmente, el COESIDA realiza una detección aproximada de entre 400 y 500 nuevos casos de VIH.

“Mi hermano falleció en el Hospital Civil. Ya no era el mismo, estaba demacrado, flaco, tosigoso, fue increíble cómo se lo acabó la enfermedad. A él le gustaba ir al parque San Rafael los domingos porque se juntaban en la tarde a jugar voleibol con los amigos, a veces no jugaba, pero ahí estaba, cuando ya ni siquiera pudo ir por el SIDA fue un momento muy triste. En su funeral nomás estábamos yo y sus amigos, de mi familia no fue nadie, hasta la fecha lo ponen de ejemplo para los niños que se portan mal, para mi familia es la desgracia”, finaliza Martha.

(Crónica Jalisco)

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