Coloca el Covid-19 en cuenta de 2 strikes a autoridades

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Cuatro meses y medio después, el saldo mortal del Covid-19 ha regado por todo el país arriba de 50 mil muertos, 1 mil 650 en Jalisco y acá en Puerto Vallarta, las víctimas suman 130. Son cifras del conteo previas al fin de semana. Si se tratase de un juego de beisbol, apenas alcanzamos el “juego oficial” y al abrir el quinto inning, el scoreboard muestra una paliza al dream team de la novena de casa, la del gobierno.

Hay “juego oficial” porque el gobierno ha reajustado su “pico” a este mes de agosto, cuando allá por abril las estimaciones colocaban el mismo “pico” entre el 8 y el 10 de mayo. El médico de Andrés Manuel López Obrador erró con tres meses y se suma el tiempo. Ha sido la Organización Mundial de Salud quien habló de ser agosto el “pico” de la pandemia en México.

Vamos por el quinto mes, el quinto inning del juego de beisbol, y cada día la pizarra electrónica suma miles de contagios y entre 600 y 800 fallecidos, a veces arriba de los 800 caídos. El hombre de la esperanza, el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando los contagios se contaban en cientos por día, había presumido en abril haber domado la pandemia, y ahora que se cuentan por miles al día mantiene el mismo discurso. “Aplanamos la curva”, ha repetido en la gira semanal por los estados del Pacífico. No hay mucha diferencia entre una de sus mañaneras de la tercera o cuarta semana de abril, a su mañanera de jueves y viernes en Culiacán y Sonora.

Hombre de beisbol, López Obrador por su discurso, asume que está a medio juego, en el quinto de los 9 innings. Él y su médico Hugo López- Gatell han errado de tal forma que solo aspiran a un empate, gracias a la fortuna del juego cuando su bateador, el out 27, estaba en cuenta de 2 strike y cero bolas.

La Secretaría de Salud de Jalisco, presenta en su pizarra: Puerto Vallarta tiene 2 mil 174 contagios confirmados y 130 defunciones. Somos el quinto municipio de la tabla de conteo. En el estado se sumaron 790 contagios el jueves y elevó la cifra a 33 mil 817 casos desde que en marzo se inició el conteo. En esas últimas 24 horas, hubo 30 muertos.

El afamado médico López-Gatell es el primer coach de la novena del manager López Obrador. El trabajo es abucheado de la tribuna central y las gradas de los jardines. Quienes aspiran a desalojarlos de dugout, han logrado convencer al graderío y día a día arrecían sus arengas. Es la oposición que acorrala a un López Obrador que al cabo de dos décadas de ocupar posición ofensiva, hoy luce cansado de cargar su bat en el pentágono, la caja de bateo.

En julio del 2018 bateó su home ron, un grand slam. Se cansó de batear un porcentaje arriba de 300 (tres hits por cada 10 oportunidades de bateo). Ahora es el manager. Pero en el beisbol, haber sido un buen bateador de porcentaje, ser una varias veces champion bat no es garantía de ser un manager exitoso.

Amlo se muestra torpe en el mando de su equipo y ha visto tener su consuelo, las torpezas del dream team del poderoso vecino del norte, los inventores del juego. Se envalentonó López Obrador y por primera ves le respondió a Donald Trump que a la víspera había dicho que México tiene en el coronavirus un grave problema. “Ustedes están peores”, le reviró nuestro manager.

En números precisos, el Covid-19 contagió hasta el jueves 462 mil 690 mexicanos y los muertos son 50 mil 517. Las cifras, si buen muestran el aplano, siguen a la alza. Para suerte, los López, Obrador y Gatell, han dicho esta semana tener por fin un “plan b”. Son nuestros dirigentes del combate contra el bicho chino. Harán cambios, tal vez cambios de sus jugadores del line up, pero seguro en la estrategia. En el beisbol es bueno cambiar señas.

La estrategia de contención aplicada hasta hoy para contener el avance del Covid-19 ha sido infame. Pero el manager del equipo, López Obrador, es terco, testarudo, a más no poder. Sobre todo es desconfiado, y aun cuando juegue en casa, ve enemigos hasta en las butacas atrás de su cueva.

López Obrador demostró ser un gran pelotero a la ofensiva, el mejor bateador con bat al hombro en el home plate. Pero cuando entra al campo, el porcentaje de fildeo es infame, muy abajo de los porcentajes de un ganador de “guante de oro”, regularmente del orden del .990 milésimas.  (El porcentaje de fildeo o fielding promedio, se obtiene el número de total de outs y asistencias por el número de outs, asistencias y errores que registre el jugador a la defensiva).

Las encuestas levantadas al primer semestre del año han encendido luces de alerta al gobierno federal, particularmente al presidente López Obrador. Los indicadores que hasta antes lo colocaron con números de amplia aprobación, ahora arrojan calificaciones de desaprobación. Cifras aprobatorias, que se movían de un 60 al hasta el 80%, se invierten poco a poco. Hubo mediciones hechas en el segundo trimestre (abril, mayo y junio) con casi el 60 por ciento de mexicanos que lo reprobaron.

Como a cualquier presidente, a Amlo le preocupa perder simpatías. Sabe que la pandemia achicó su respaldo popular y si no hace cambios, en estrategia y equipo médico-científico, acabará por malbaratar su capital político. Está pues en riesgo su futuro político, si es que tiene, y también estás de por medio la salud de todos los mexicanos.

Al juego le queda mucha cuerda pero ya su mejor bateador, López-Gatell, está en cuenta de 3-2 y un strikeout será de fatídicas consecuencias. Vale la pena el riesgo de traer a bateador emergente. El tabasqueño presume saber de beisbol y no está por demás recordarle que es un juego diseñado para ser saboreado, no para atragantarse con él. Es único deporte, donde se aplaude el sacrificio y gana el que arriesga. Ojala y no tarde en hacer el cambio de su equipo, médico y de beisbol.

Revolcadero

Los que están de fiesta son los dueños de bares y antros, cines y casinos que desde este fin de semana tienen permiso para reiniciar operaciones. Varios antreros creen ser un logro propio pues días atrás dejaron sentir su presión con una pequeña marcha por el malecón y presencia en la plaza de armas hasta lograr un diálogo con la autoridad municipal. Los establecimientos de los negocios de la zona romántica ya están listos pues previamente acondicionaron sus locales para cumplir con las medidas restrictivas y el novedoso “tablero de riesgos”, del que ya habían discutido algunos detalles en la llamada Mesa de Salud Ampliada. Los dueños de los centros nocturnos de diversión deberán cumplir condiciones tales como el uso obligado de cubrebocas, admitir un aforo no más del 50 %, tomar medida de temperatura a sus clientes al ingreso, tapetes sanitizadores y gel antibacterial. Además, debe cerrar a más tardar a las dos de la madrugada. La apuesta de reactivar la economía de la ciudad tiene riesgos pero es el momento de tomar decisiones. El alcalde Arturo Dávalos debe saber que no tomar decisiones es peor que cometer errores.****** Por cierto, los que también intentan presionar son algunos deportistas que proponen ablandar a la autoridad municipal para la reapertura de unidades y canchas deportivas. Lo curioso es que entre los inquietos deportistas, todos futbolistas, son de edad ya avanzada, que entran entre los llamados “vulnerables” al Covid-19. Es bueno abrir el debate. Y bueno sería también hacerlo con la prohibición total de consumir alcohol dentro de los campos. Y que no sea temporal, definitiva. Sabido que las canchas deportivos suelen convertirse en gigantescas cantinas y a veces en auténticos rings de batallas campales.******Algo anda mal en la planta potabilizadora del Seapal de Las Palmas pues son comunes las ausencias del encargado vespertino de dichas instalaciones, un empleado que nos dicen se llama Juan Murillo. Resulta que este muchacho, a la hora que se le paga la gana, entra y sale de la planta en un horario que la comunidad considera su “hora de trabajo”. Sus vecinos lo han ido a buscar a su “trabajo” pero raras veces lo localizan. Como la panza de sus vecinos no es bodega, nos han reportado que el vehículo oficial asignado para desempeñar mejor su trabajo, lo usa en actividades ajenas a sus labores. Preguntamos si Juan Murillo, disfruta de privilegios y nos dijeron que su jefe superior es Alejandro Arellano quien en efecto, le concede libertades y privilegios que ya quisieran otros trabajadores de la paramunicipal.

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