CONTEXTOS: Adiós “Viejo León”, el gruñón de las letras

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- El lunes 28 de noviembre por la noche nos reportaron que Lorenzo León Zazueta había sido internado en el Hospital Regional para atenderse de lesiones producidas por una caída en casa. Dos semanas después, este domingo, llegó la peor de las noticias: “El Viejo León” ha muerto.

En los últimos meses habían sido más esporádicas las veces que el decano periodista se dejaba ver caminar por las calles del centro. Los 88 años de edad ya habían empezado a mermar sus cualidades pero no renunciaba a poner en circulación sus aportaciones periodísticas y literarias en la revista, ya electrónica, La Pluma Azul que fundó hacía ya 41 años.

Lorenzo León murió este domingo pero mucho antes su figura se forjaba entre la leyenda y el mito. Había fundado una sólida sociedad con su indumentaria blanca, el elegante sombrero, los huaraches, el obligado bastón que le facilitaba sumar pasos y pasos en el empedrado. Acaso era infaltable su presentación anual para el festejo de cumpleaños. El último 11 de octubre registró menos asistencia pero ahí estaba, puntual para un breve ritual.

En su libro autobiográfico, Los León, relata breves paisajes de su vida adolescente, el viejo a la capital del país, su estadía en una casa para estudiantes hijos de militares en retiro, sus primeros estudios, el incondicional apoyo de su hermano mayor. Poco se halla del terruño que presumía ser en sus pláticas, el accidentado Choix, localizado en el más escarpado de las montañas del norte sinaloense. En cambio ofrece detalles de sus pininos y andanzas en el periodismo; en vida era un agasajo escucharlo hablar de sus antiguos amigos, de quienes le ayudaron a incursionar en el fantasioso mundo del periodismo y las letras. Renato Leduc, aquel legendario personaje del periodismo a mitad del siglo pasado, era un Dios para él. Él lo había llevado a obtener su primera gran charola de periodista, un tesoro de alta codicia a mediados del siglo pasado.

La revista Pluma Azul nació ya en Puerto Vallarta cuando se instaló en 1975. Antes editó el periódico La Frase pero prolongó su vida hasta los primeros años de los 80. Sin embargo, su primera y gran obra, fue la puesta en circulación del Semanario Insurgentes, allá en la capital del país. Con ese producto recorría oficinas gubernamentales para cobrar sus mesadas. Siempre se ufanó haber sido reportero de tiempo completo cuando se trataba de cubrir actividades relacionadas con el campo.

Fue un incansable escritor de libros. No se imprime su libro inédito cuando ya nos permitía saber mucho del contenido de República de Guayabitos en sus pláticas de café. Nunca conocimos lo que por su habla decía ser, una rústica cabañita que pudo amasar en sus tiempos de periodista defeño. Pero en su época de  idilio con ese paraíso localizado a unos 60 kilómetros por la carretera a Tepic le alcanzó para escribir esa y otra obra, Cazador de Luciérnagas. De sus palabras se desprendía que su mejor obra fue Café Turco pero en Historias y Leyendas soltó por mucho su atesorada imaginación literaria. Los León y un sexto libro cierran el círculo de su producción.

Entre el oscurecer de los 80 y el amanecer de los 90 conocimos a Lorenzo León Zazueta. Recorría las redacciones de los periódicos locales intentando convencer de las bondades de su columna Pluma Azul. Le entusiasmaba hallar espacio en el naciente tabloide Tribuna de la Bahía y halló cobijo y calor. Negoció una paga que le daba para satisfacer sus tardes de café y otros contentillos. Fue un colaborador leal por años de dicho periódico hasta que un repentino viraje en su línea editorial lo obligó a deslindarse. Cuando quiso regresar, ya no le ofrecieron un pago digno y dedicó su mayor tiempo a revivir la Pluma Azul. En 1995 abrió un curso de periodismo en la recién inaugurada biblioteca Los Mangos, un proyecto que llamó Escuela Libre de Periodismo. Para asombro de los incrédulos pudo contagiar a varios jovencitos que creyeron en él y lo acompañaron en su aventura.

Los nuevos periodistas se divertían en sus esporádicos encuentros con “El viejo León”. Les resultaba interesante sus charlas sobre periodismo y temas diversos. Le hacían verse como un master en la materia y le era agradable al mentor. No admitía le interrumpieran esas charlas y soltaba en sus momentos su fama de viejo gruñón.

Un mal día, eso ya a principios de este milenio, le dieron la mala noticia. Estaba enfermo. Era ya otra víctima del mortal enfisema pulmonar. Su empedernido vicio de fumar le trajo esa consecuencia. Quizá por ello detestaba estar al lado de otro fumador y si era su amigo no paraba de gritar regaños. Soportó una y otra cirugía y todas las veces salía fortalecido y retomaba su andar pos los empedrados. Se comportó como un guerrero, el despertar de ese indio tarahumara que había en su sangre, y nada lo iba a condenar a un prematuro encierro. Todos los días se levantó y hacía sus rutinas. Nadie rompió sus libertades no retó su independismo. Todas las veces le abrieron las puertas en su cantina y antro de preferencia temporal, su café de turno.

“Hasta pronto abuelo ‘Pluma azul’. Es parte de nuestra naturaleza y te fuiste como lo grande que fuiste y sigue en el cielo tus escritos”, escribió minutos después de la media noche del domingo uno de sus nietos. Fue su manera de despedida.

Otro de sus nietos, Max León, tampoco se guardó su despedida. “Así fue un domingo transparente así como tu me enseñaste a ser siempre. Gracias abuelo, eres el viejo gruñón, cariñoso, melancólico. Así de ese temple corajudo y juguetón de esa semblanza tan orgulloso y elegante, mi abuelito amo en la eternidad. Eres un genio, escritos poeta y periodista. El gran Pluma Azul, guerrero de la paz…”.

De los hijos de Lorenzo León, es a Víctor a quien más tratamos en el ejercicio periodístico. Fue un colaborador extraordinario en el periódico Tribuna de la Bahía hasta mudar de ciudad. Con Fabricio, un Premio Nacional de Periodismo, solo algunas charlas cuando era el fotógrafo estelar de La Jornada y el autor fungía en un cargo directivo en el diario ya citado arriba y publicaba en La Jornada. A ellos, a Ricardo el veterinario, a Los León, un solidario abrazo.

Revolcadero

A nuestro delegado municipal de Ixtapa, Víctor Manuel Aréchiga, mejor conocido como “El Cachis”, le va bien con la apertura de las tiendas de conveniencia, los llamados Oxxos y Kiosco. El de la calle Vallarta, a una cuadra de la plaza principal ya cooperó con seis toneladas de cemento. Los kioscos también tendrán que reportarse. Lo que todos se preguntan si ese cemento fue del repartido la semana pasada en un acto celebrado en el domo del deporte donde hasta el alcalde Arturo Dávalos y otros regidores cargaron sacos de cemento para echarlos a los vehículos particulares. Bueno, hubo cemento que alcanzó hasta para las familias de empleados municipales.***** A quienes nos pidieron dar un poquito más sobre esa breve historia de un ejecutado y llevado a tirar carretera arriba rumbo a Talpa, solo les podemos añadir que ese hecho ocurrió en el predio conocido como “El potrerito”, casi frente a la Farmacia Guadalajara, en pleno centro de Ixtapa y a tres cuadras de la plaza y delegación, donde hay un cuartel de la policía municipal. La víctima tiene nombre y apodo pero de momento preferimos omitirlo. Apenas tres semanas, la tarde del sábado 19 de noviembre, saludamos al ahora finado.****** Este fin de semana en Guadalajara tomó protesta Ricardo Ponce Ibarría como el formal y legal presidente del Comité Directivo Municipal del Partido Acción Nacional. Los Vázquez también fueron previamente a Guadalajara para negociar posiciones y renunciar ellos a impugnar su derrota. Quizá eso explique la distribución de las secretarías en el CDM en donde hubo cabida para todas las tribus, grupos y subgrupos. Para dar la impresión de ser un comité incluyente y representativo, literalmente toda la planilla de los Vázquez aparece en el nuevo comité. Como que todos ya están felices y contentos. Eso sí, otros están en espera de que la ex senadora cumpla su palabra, la de renunciar al PAN si el Ricky Ponce ganaba la elección interna.

 

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