CONTEXTOS… Boca de Tomates, entre la codicia de ‘don dinero’ y el descuido de palaperos y pescadores

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Por Gerardo Sandoval Ortiz / La playa de Boca de Tomates es la playa más vallartense, la más tradicional, ideal sitio de reunión de las familias, que aunado a su privilegiada ubicación, entre esteros, lagunas y la desembocadura del río Ameca, es visto como un lucrativo botín desde hace ya años.

Boca de Tomates es sitio de pescadores e inclusive, se mantiene viva una sociedad de pescadores. Pero son las ramadas las que dan vida y atraen todos los días a cientos de comensales. El exquisito platillo de pescado zarandeado es quizá la comida más regional.

Al caer la tarde del pasado jueves 11, los conductores que de Bahía de Banderas se dirigían a Puerto Vallarta metieron freno abruptamente al salir de la curva que baja del puente del río Ameca. El grupo de palaperos de Boca de Tomates habían bloqueado la importante vía que une a Nayarit con Jalisco. Exigieron la presencia del presidente municipal Arturo Dávalos Peña y comprometerse con ellos a brindarles el apoyo para alcanzar un acuerdo con la Profepa. La Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente les clausuró sus ramadas obligándolos a cerrar sus negocios. El munícipe no pudo asistir pero dialogó con ellos vía telefónica, los citó para el viernes y al medio día se concretó un acuerdo con las autoridades competentes logrando una prórroga para regularizar la situación de los negocios.

Boca de Tomates es pues uno de las zonas naturales que permanece virgen, razón para atraer a voraces desarrolladores que desde hace rato fijaron sus ojos a esa zona de manglares y cocodrilos. Sin servicios de urbanización es donde más alto se cotiza un metro cuadrado de tierra. Cuando los ejidatarios de Valle de Banderas reclamaron la propiedad legal, estimaron que podían vender entre diez y quince mil pesos cada metro cuadrado. Uno de los interesados, Ricardo Abaroa Ortiz ofreció 9 millones 950 mil dólares pero nunca se pudo concretar la operación. De eso ya hace años. Eso fue en la década pasada. Cuando el ejido cercó sus 27 hectáreas, con unos 800 metros lineales frente al mar y colindancia con la desembocadura del Ameca, se supo por primera vez que la codicia atraía la atención de los dueños del dinero. Solo las 17 hectáreas del ejido nayarita pudieran alcanzar un valor en venta de hasta los 600 millones de pesos.

Lo que a ojos de clientes de las ramadas y visitantes de Boca de Tomates es el principal atractivo, playa virgen en donde no ha sido grosera la mano del hombre, es para las autoridades federales –Profepa- justo el peor pecado. Las instalaciones, ramadas y sus servicios sanitarios han sido reprobadas por inspectores. Al carecer de las debidas autorizaciones en materia de impacto ambiental se hicieron todos acreedores a sus respectivos folios y pegostes-sellos de clausura.

A raíz de los impactos por fenómenos naturales, huracanes, crecientes del río y marejadas, varios periodistas quisieron asumirse en defensores de la playa y de los restauranteros. Pero todo salió contraproducente. Se difundieron varios videos en donde se mostraban estragos, basura, mangle destruido, arena fuera de lugar, saurios sin alimentar. Con ello provocaron la estampida de personal de Profepa a la playa y manglares. Constataron el deterioro no solo del sistema estuarino sino de las ramadas. Las inspectores pidieron las autorizaciones en materia de impacto ambiental, papelito que se tramita y expide la Semarnat pero nadie lo pudo exhibir porque simplemente nadie cumplió el trámite. Las clausuras se ordenaron en cuestión de días, las últimas, ejecutadas el jueves 11. Dado las características de sus ramadas, todas rústicas, se antoja sencillo cumplir las condicionantes. Cuestión de convencer a los riguristas funcionarios de Semarnat de existir el compromiso de aplicar estrictas medidas de prevención y mitigación que ampare la protección de todo el sistema estuarino.

Boca de Tomates es un lugar habitado desde mediados del siglo pasado. Poblaron los padres y suegros de “El pachuco”, uno de los hijos de Goyo Espinosa que mantiene la ramada del mismo nombre. Los hijos del “winas”, otro viejo lugareño, tienen la ramada “Eduardos”, al lado del negocio de “El pachuco”.  Los pescadores también tienen sus 50 o más años tejiendo sus redes y saliendo al mar a la captura de todo tipo de pescado. En las humildes viviendas de madera y techos de cartón, casi pegado a las aguas del río acomodan algunas camas construidas de mangle para descansar. Ramaderos y pescadores todos son oriundos de Las Juntas, aunque algunos van y vienen a Ixtapa.

Cual conclusión, la naturaleza, playa y estero, con el añadido de las ventas en sus ramadas, los palaperos y pescadores, han exprimido hasta cierto grado el medio ambiente. Si ya sacaron algo de la riqueza del mar y del estero, es momento que le regresen algo. Y ese algo bien puede ser gastar algún dinero en reconstruir sus ramadas apegándose a las condiciones que la propia naturaleza les exige. Quizá la condicionante madre es proveer a sus clientes de instalaciones sanitarias dignas. Sus baños deben garantizar cero contaminación. Deben implementar programas para sustituir cada mangle que sus propias actividades, o los fenómenos naturales, causan en la zona. Si a ellos se les endosa cual propiedad la zona, en cualquier figura concesionaria, no solo deben asumirse como dueños, sino hacerse cargo de reforestar el mangle del estero, emprender trabajos de limpieza y acabar con la contaminación.

Escuchamos los gritos de reclamo que el jueves 11 hacían a la autoridad municipal. Exigieron el compromiso del alcalde Arturo Dávalos y éste cumplió su parte. Es momento de que los palaperos, los pescadores, inclusive, hasta los clientes visitantes hagan lo suyo. Si los herederos de don Goyo Espinosa, del “winas”, todos, no asumen sus propios compromisos, ya será la propia naturaleza quien les niegue seguir viviendo.

En Boca de Tomates hay mucho por hacer y los primeros obligados son los que por décadas han vivido de su riqueza. En una de estas, podrían ser hasta las autoridades federales, como garantes de la protección total del ecosistema, quienes les prohíban prolongar una actividad que mañana pudiera tipificarse como un auténtico saqueo a las riqueza naturales. Y ésta riqueza por ser de la nación, es de todos. Así es que, ya es hora de apurarse a cumplir con los requisitos de prevenir y mitigar los daños que la sola presencia humana, más la de los palaperos, ocasionaron en años. Ese es el requisito para obtener el permiso en materia de impacto ambiental.

Revolcadero

Se nos antoja comparar a los palaperos de la playa de Boca de Tomates con los concesionarios de la Isla del Cuale. La diferencia es esa precisamente, que los vendedores de artesanías y restauranteros de la también llamada Isla de los Niños, sí tienen concesiones y los dueños de las ramadas de la Boca no. Otro punto coincidente es que para ambos casos, es el ayuntamiento quien sí tiene las concesiones, aunque es de la zona de la playa. Y como para despertar sospechas, el hotel del no menos voraz hotelero, Daniel Chávez Moran, Grupo Vidanta, logró tener una concesión que por ahora le permite tener como suya, parte de la playa a manera de “ornato”.  Y que mañana nadie se sorprenda, si se aplica la máxima del derecho no escrito, Vidanta sería el primero en derecho para cuando en el futuro dos o más entidades o personas, reclamen concesión federal de Boca de Tomates. En esas cinco décadas, ningún palapero quiso gastar un tostón en trámitar sus concesiones y ahora pagan sus omisiones. Pero tampoco que abusen de la riqueza natural porque, si siguen abusando como los dueños de la palapa “Cocodriloco”, invadir la zona de mangles, se les negará todo derecho a tramitar inclusive algún tipo de concesión.******* En donde las autoridades federales no ponen atención y cierran sus ojos es a las actividades que en esa zona realizan empleados del grupo Vidanta. Ya tienen la concesión absoluta al lado de Nayarit de la desembocadura del río Ameca y una parte del margen sur, al lado de Jalisco. Es por ahora una concesión para realizar solo actividades menores, de “ornato”. Pero esa concesión la lograron para una parte de las que la autoridad federal les llama “terrenos ganados al mar”. Pero ese terreno, lo ganaron gracias a sus trabajos de relleno y no por el mar. Al menos de eso ha habido decenas de quejas de defensores ecologistas. Quién sabe si es cierto que todo eso es producto de don dinero y no del oleaje del mar. Porque si les creemos a esos que hablan del cambio climático, el mar quita tierra por el descongelamiento de los hielos y no hace ganar terrenos.****** Por cierto, las clausuras de las palapas coincidieron con tareas de limpieza emprendidas por empleados municipales. En la zona de los manglares reportaron el viernes, un día después del bloqueo a la carretera 200, que recolectaron ocho toneladas de basura. Al menos deberían ponerse a limpiar los señores y señoras palaperas.

 

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