CONTEXTOS… De esas historias de ejecutados y desaparecidos

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Entre el maremágnum atribuido al alza a la gasolina y dos sucesos vinculados sin duda a cuestiones que apuntan a las drogas, decidimos reanudar nuestras actividades periodísticas con lo último. Es la ejecución de un jovencito de apodo “El gross” (versiones periodísticas usaron el mote de “el cross”), y la desaparición de “El pelón”. Los dos casos ocurrieron en la zona metropolitana de Guadalajara y ambos coinciden en una ranchería del norte de Nayarit.

“De la Sánchez soy graduado de las calles de Tijuana…”

El tarareo de esas pocas palabras nos llamó la atención al escuchar un narcocorrido sobre las andanzas de “El gross”, el apodo de Arturo Giovanni Gómez Herrera, camino a Tecuala. No había duda, a “El gross” se le había compuesto su corrido. Motivó el fin de año algunas charlas con viejos amigos de barrio. El fin de año hubo velada pero la algarabía bajó de volumen. Eso sí, disparo de balas como con enojo, con más intensidad, y ya sin ocultarse en los corrales.

Una semana luego de que dos pistoleros ejecutaron a un desconocido en una peluquería de la esquina calzada Independencia y Avenida Sierra Madre, a unas cuadras del estadio Jalisco, las autoridades se asustaron cuando dieron con la identidad del muerto. Lo identificaron con un nombre falso pero entendieron que era el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación en Tijuana. De un fraccionamiento popular de Tepic una mujer y su hija hicieron el viaje para identificar y reclamar el cuerpo. Con cierta prisa trasladaron el cuerpo a Tijuana y allá le dieron cristiana sepultura a “El gross”. Aquello ocurrió los últimos días de octubre.

Con un teléfono disponible, o una computadora con servicio de internet es fácil buscar y hallar abundante información sobre este personaje. No rebasa los 30 años, tal vez unos 25 años de edad. Cierto, nació en la frontera y se forjó en las calles de la legendaria colonia Sánchez Taboada.

En algún momento, y en su colonia, se ligó con una familia de paisanos. La vieja familia se había dedicado por años al tráfico de indocumentados. Eran polleros, actividad no exenta de las manos de la delincuencia organizada. En los primeros años resintieron bajas de familiares. Más recientes, hace dos años, en un sospechoso accidente vial murieron dos jovencitas y una bebé cuando iban a visitar a un familiar a una penitenciaría. Con esos antecedentes, mientras “El gross” se forjaba en la pinta de bardas y hacía sus pininos, cansado de sentirse obligado a temporales huidas a Nayarit, sentía odiar a quienes creía eran sus enemigos, los dueños de la plaza, “Los aretes”, Cartel de los Arrellano Félix. Se ligó a “Los shinolas”, al Cartel de Sinaloa. Se consolidó como líder de una célula de matones y con la fama en la frente se alió a la llamada “Nueva G”. Presumía tener todo el apoyo desde “La perla”. Atrás de él tenía a parte de su familia y a incondicionales amigos de barriada. En los dos últimos años nadie le hacía sombra en la Sánchez Taboada desde donde crecieron hasta controlar media Tijuana.

Los amigos nos dicen que “El gross”, como muchos de su camada, cedió ante las drogas. Se volvió violento en extremo, con los enemigos pero también con los suyos. Sus excesos lo metieron en problemas. Si primero los residuos de los Arrellano Félix y los de Sinaloa lo querían matar por torcido, al final ni sus jefes de “La perla” estaban contentos con él. Sin embargo se sentía protegido en Guadalajara y acá se vino a refugiar hace un año. Como era la costumbre, la esposa se quedó en Tepic. Pero lo cazaron en octubre y dejó en la orfandad a su familia. Dos pistoleros llegaron en motocicleta a la peluquería le tiraron nueve tiros, tres de mortal necesidad. Con urgencia la joven viuda reclamó su cuerpo y ordenó su traslado a Tijuana y la familia le rindió sus últimos honores. “El charmin” y “El caimán” ocuparon el vacío.

La noche del sábado 24 de diciembre, ya hospedados en el rancho, atendimos luego una invitación. Invitados de todos lados cubrían el campo de beisbol. “El Efra” o “El pelón”, Efraín Herrera Coronado, era el anfitrión, junto con “El wilo” Colio, otro conocido que temporalmente vive en las rancherías Pescadero y Las Lumbres. Saludamos a viejos amigos, familiares y conocidos. A todos se les rechazó la invitación de una cerveza. Se podía percibir algo raro. Había señalamientos de “esos son matones de paga”.

Se fueron las fiestas decembrinas y ya de regreso a casa, nos recibieron con una pregunta “¨¿ya regresaste del rancho?” con el “sí” por delante, vino la breve relatoría. El miércoles 28, al caer la noche, “El pelón” había desaparecido en Guadalajara. Salió de la casa de un familiar y ya no regresó. Vivía en Nextipac, un poblado del municipio de Zapopan. Hasta el domingo 1 de diciembre, un familiar acudió a denunciar la desaparición. También se hizo del conocimiento de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. De la desaparición ya pasó una semana y nada se sabe del caso.

“El pelón” es un amigo y paisano. Su perfil está lejos de ser un matón o maloso. Sin embargo, no sabemos sus antecedentes, lo qué ha hecho en las dos últimas décadas. Ignoramos si vende panes o pasteles, si es empleado de una fábrica de autos o de la Bimbo. Si vende o vendió drogas, tampoco lo sabemos. En consecuencia si se lo llevaron por reclamos de viejas deudas apenas su familia lo sabe. Preguntamos y nos dijeron eso, desconocer si estaba metido en líos de drogas. Al fin y al cabo esta suele ser la razón cuando se trata de la desaparición de una persona en estas condiciones. Por lo menos, a diferencia de “El gross”, no tiene narcocorrido y eso es ganancia, punto a su favor. Tampoco nadie nos confirmó haber antecedentes penales.

Revolcadero

Bien, demos pues un espacio a esas tempestades atribuidas al “gasolinazo”.  Desde el primer día de enero, las marchas y manifestaciones han ido en aumento presagiando una temporada de perros. Las guarapetas decembrinas dieron pauta a violentas expresiones por el enojo ante los embustes que dicen les ha hecho el gobierno federal, el presidente Enrique Peña  Nieto y los legisladores. Son unos cuantos los que han salido a defender el “gasolinazo” y se agarran de algunas reflexiones, sobre todo de esa que el desenfrenado aumento a las gasolinas no es por las reformas sino por razones de precios internacionales del petróleo y otras razones ajenas al control gubernamental. Como sea pero hay razones en el enfadado pueblo que escuchó paciente uno y otro discurso de Peña Nieto en donde dijo que las reformas energéticas eran benignas y que no subiría los precios de las gasolinas, de luz, de teléfono etc.****** Los manifestantes por el “gasolinazo” tienen una sola demanda: que se dé marcha atrás al aumento de las gasolinas. Y el gobierno ha tenido una respuesta: No. Argumentan que la decisión está tomada y no hay vuelta de hoja. Ya hay decenas de detenidos por actos de rapiña, asaltos y robos a las grandes tiendas, tiendas de conveniencia, Elektras, Coppel, Sorianas, kioscos, Oxxos y hasta tendejones de la esquina. Los transportistas también se rebelaron y todos los días bloquean las principales arterias que unen al país, de preferencia en puntos que coinciden a las grandes ciudades. Son los mejor organizados y hasta tienen agenda y adelantan fechas y puntos de bloqueos en carreteras y ciudades. Si no bajan el precio irán al paro total y a ver quién lleva los granos, los alimentos, el maíz, el frijol, a las mesas de los mexicanos han dicho.******* Y cómo no se va a indignar el pueblo si son los primeros en ajustarse el cinturón y al mismo tiempo ven -por dar un ejemplo- a los diputados federales embolsarse medio melón de pesos entre un bono navideño, el aguinaldo y un sabe qué. Para el pueblo, son sinvergüenzadas, una burla y muchas bofetadas porque a muchos se les niega un peso de aguinaldo mientras sus representados gozan la jauja de ser diputados. Y ni modo que lo niegue un legislador federal como Rafael Yerena Zambrano, cuya bancada impulsó y aprobó las reformas energéticas, otorgarse el millonario aguinaldo, aumento a la gasolina, todas las iniciativas elaboradas en Los Pinos y otros muchos etcéteras.

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