CONTEXTOS… El control por el PRI y los González Reséndiz, desalienta a priistas y alienta la división

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Por Gerardo Sandoval Ortiz

“Javier, van, pero de suplentes…” le dijo desde arriba de la camioneta Andrés González a Javier Bravo.

– “De suplentes, no. Arréglate con Iván”, le reviró en tono molesto el ex alcalde al candidato a la alcaldía en ese momento.

Enseguida, González Palomera bajó del vehículo y en la banqueta prosiguió su diálogo con Bravo Carbajal. Marcó el número de  Iván “El Tigre” Bravo pero se fue al buzón. Los ocupantes de la camioneta supieron que Andrés intentaba ser sigiloso. Luego les comentaría, entre otros a Rocío Cerón Fregoso, quien había amarrado un espacio en la planilla del PRI, que a Javier Bravo le insistió que ni él podía garantizar espacio a los suyos, que le deshicieron su propuesta de planilla y en Guadalajara le impusieron a los candidatos.

Al día siguiente de aquella charla telefónica, el sábado 21 de marzo de 2015, Andrés fue llamado al bunker del presidente del CDE priista, Hugo Gutiérrez. A los acompañantes se les impidió el paso. En minutos, se abrió paso el ex alcalde, Salvador González Reséndiz, y soberbio y arrogante, tocó la puerta y la abrió. Iba acompañado de dos escoltas, policías municipales que se autoasignó. Ni siquiera volteó a ver ni a saludar a los amigos de Andrés. En dicho encuentro, se decidió, por exigencia de Chavita González, que nadie de los Bravo iría en la planilla.  El veto fue directo para Iván Bravo. Andrés  González Palomera, tampoco fue escuchado en calidad de candidato. A él le interesaba reconciliar diferencias con el ex alcalde pero solo pudo lograr abrir espacio a Maribel Hernández Gutiérrez, una de las dos propuestas del Sector Popular, el feudo de los Bravo Carbajal.

A casi dos años, por razones que apenas ellos saben, Salvador González y Javier Bravo, los dos últimos acaldes priistas, no han superado sus enconos y uno al otro ve como su enemigo.

Los priistas pues, se aproximan a otro proceso electoral fracturados. Sin embargo, el primer choque ya se está dando y se construye un escenario enemistoso mientras más se aproxima el relevo en la dirigencia local del partido.

Ya desde finales del año pasado se perfiló un acuerdo unánime de renovar la dirigencia del Comité Directivo Municipal. En enero surgió la propuesta y era Iván Bravo. Pero el último fin de semana de ese mes, Andrés González confió al autor que no había tal unanimidad y que Gustavo González Villaseñor no fue preciso cuando fue al grupo de  los notables del PRI a decir que él -Andrés- estaba en total acuerdo. El momento, relatado en este espacio en aquellos días, añadiría que Andrés no estaba del todo de acuerdo porque en la campaña recogió diversas opiniones nada favorables a los alcaldes priistas y en ellos se incluía a Bravo Carbajal.

En el ánimo de Andrés González está el trabajo en equipo y se incluyen a los Bravo Carbajal y su grupo. Sin embargo, el problema no sucede entre ellos. Los problemas dentro el PRI son más complejos y no se reducen a diferencias entre el ex alcalde y el ahora regidor. Por lo demás, tampoco se intenta simplificar al partido a un proceso por la dirigencia. No. Todos tienen la vista puesta en la definición de las candidaturas, no en la posición ocupada ahora por Gustavo González Villaseñor.

Sin embargo, no fue por casualidad ningún veto de Andrés a Iván Bravo lo que cerró el paso de éste a la presidencia del CDM. A Iván Bravo, y lo supo en su momento Javier Bravo, lo vetó Chavita González y su hermano el ex diputado federal, Salvador González Reséndiz. “Tienen mucho poder. Son los que le están haciendo mucho daño al PRI, nos confió este lunes en una charla de café un priista amigo personal de barriada de Andrés González. Desde hace meses nuestro amigo ha sido tentado por miembros del Movimiento Ciudadano a unirse al MC y ahora, después de dar cuenta del salto de Chavita a la segunda posición del PRI, y del reciente nombramiento del patriarca Rafael González Pimienta a la jefatura de gabinete del gobernador Aristóteles Sandoval, considera que es el momento de animarse a dar el paso, del tricolor al MC.

Poco trasciende pero en los niveles más altos de la elite priista local dialogan, discuten, acuerdan y negocian el relevo de Gustavo en el PRI. Los amos del PRI acomodan sus respectivas piezas para consolidar sus fuerzas rumbo a la selección del próximo candidato a alcalde. Fruto de ello fue aquella invitación a Roberto González Gutiérrez, el rector del Tecnológico que primero aceptó bajo determinada condición pero que luego también quedó en el aire. El maestro aceptó voltear a la dirigencia del partido con la condición de no declinar a su aspiración de buscar la candidatura a la alcaldía. Pero al no haber acuerdo unánime, el relevo en el CDM, se pospuso.

La renovación de la dirigencia por reglamento debería darse hasta el 2017. Sin embargo, se está solicitando la renuncia a todos los comités municipales para adelantar cambios y bien pudiera ocurrir a fines de año. Sin embargo nada se puede dar por hecho. Al fin y al cabo no existe ese acuerdo unánime en favor de Iván Bravo pues los hermanos González Reséndiz vetaron todo y a todos.

Los amos del PRI de los cónclaves donde se arregla todo lo integran personajes de la talla de Rafael Yerena, Gustavo González Villaseñor, César Abarca Gutiérrez, Roberto González  y súmele uno o dos más. No podemos citar a los hermanos G. Reséndiz pues estos se creen ser ya de ligas mayores. Quizá lo sean pues se transformaron en factores que obligan a muchos priistas decir adiós al PRI para irse a la oposición, sobre todo al MC. Empero de lejos y a distancia, los hermanos, más Chavita que Rafita, torpedean cada acuerdo que surge de los notables. Por ellos no prospera la propuesta llamada Iván” El Tigre”.

En este proceso interno todos salen raspados. Curiosamente individuos como Gustavo González Villaseñor sale más o menos limpio. Él dijo, “ahí está mi renuncia”. Pero, cuando todos reclamaban su jubilación, todos le pidieron al siguiente día mantenerse al frente del partido. Desde el Seapal, César Abarca, multiplica su tiempo y trabajo en su doble función, la de director del Seapal y precandidato a alcalde pero mientras gana adeptos en las colonias populares, le han brotado quejas entre algunos que se sienten vacas sagradas del PRI. No es decisivo ese enfriamiento de “líderes” del priismo acostumbrados a recibir el eterno calor de los dueños del partido. No entienden y tampoco aceptan el gradual y necesario deslinde de César Abarca de los viejos priistas y las caducas formas de construirse una imagen al exterior de sectores y organizaciones del partido. Las tareas emprendidas por Abarca nos hacen recordar los tiempos y las formas de cuando Javier Bravo hizo trabajo político y social en las colonias, las armas con la cuales se impuso a la estructura, a los caciques y dinosaurios del partido.

Más allá del fortalecimiento o deterioro del proyecto César Abarca, lo que a juicio personal creemos va en el camino correcto, también se alcanza a percibir el fortalecimiento de la figura de Roberto González. Ofrece un perfil distinto al del tradicional político y grillo priista. Es más identificado por su perfil académico que político. En poco más de una década de incursionar en la política no se le conocen escándalos que presumen huellas con olor a corrupción ni nada parecido. No por nada soltaron su nombre en la mesa del diálogo cuando buscaron una propuesta a sustituir a la de Iván Bravo. No es yerenista ni seguidor de Chavita y Rafita como para etiquetarlo a tal o cual grupo. Pero tiene relaciones con todos ellos y procuran consultar para cuestiones partidista. También tiene relaciones a los más altos niveles.

Quizá se retrase el relevo en el partido. Será tiempo a ganar en pláticas y negociaciones internas, acuerdos decisivos no solo para renovar la dirigencia, sino más allá de esos tiempos. Queda aún por saber a dónde apuntan las reales aspiraciones de González Palomera, quien primero dijo no tener interés en la dirigencia, luego cambió de opinión pero ahora, pasados diez meses, nadie sabe a donde dará el paso.  Porque tampoco ha dado color si de veras quiere otra vez ser candidato.

Lo que sí sabemos es que los hermanos González Reséndiz, andan en plan de zopilotes, coyotean a los aspirantes y vetan a quien consideran futuros enemigos. Le temen a los Bravo y también han puesto los ojos en César Abarca. No los quieren y punto. Por eso crearon esa figurilla de apodo “El Cheo” Aréchiga, el instrumento con el que presionan y llaman a los demás a sentarse y negociar.

Revolcadero

Probablemente la lectura superior les parezca cansada pero aspiramos a retener a nuestros tres lectores a devorar, consumir otros dos temas vinculados al tricolor. Les prometemos serán breves. Uno, los amos del PRI, los de Jalisco no los vallartenses, se han dado a la tarea de retener a Andrés González Palomera a costa de todos los medios posibles. No quieren perder a más líderes y menos que se vayan al Movimiento Ciudadano. Uno de esos ‘big leaguers’ de la política estatal, el senador Arturo Zamora Jiménez se ha dado a la tarea de chiquear al actual regidor. De acuerdo a nuestras fuentes, el regidor tiene en manos el doble ofrecimiento de ser candidato a diputado, por la vía plurinominal y por la vía del voto mayoritario. Pero Andrés tiene en mente aquella promesa de Aristóteles Sandoval, la del 2012, que para renunciar a ser candidato, le prometieron la sexta posición en la lista de plurinominales y al final lo registraron en la posición 9, lejos, muy lejos de la probabilidad de ser diputado local.****** Vamos al tema dos. Quizá en una charla personal este martes 20, Gustavo González nos la niega. Aun sea cierto, lo va a negar pues no tiene porqué aceptarlo. Nos afirman, por cierto, la versión tiene origen en la casa de uno de los mejores amigos del Gus, que armó una propuesta de ofrecer 40 mil pesos a Ramón Chávez Lara y a Roberto Palomera Preciado para intentar convencerlos de no renunciar al PRI. Como no tenemos pruebas a la mano de que tal propuesta llegó a sus destinatarios, nos quedamos con la existencia de la misma. Eso sí, sabemos que el solo escuchar dichos nombres, el de Ramón Chávez y Roberto Palomera Preciado causan ira, rabia, repugnancia. Es decir, la querencia de Gustavo a ellos, se transformó en desamor.

 

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