CONTEXTOS… El tema de la montaña y los resbalones del “Peri” Cuevas

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Por Gerardo Sandoval Ortiz / Las montañas que rodean al destino por años ha sido la tentación de los pudientes que con mucha periodicidad diseñan proyectos de mesa, los ofertan al mejor postor y no en pocas veces los proponen al gobierno como proyectos ecoturísticos futuristas, enfatizando en anteponer la protección del ecosistema. Así pasaba en la década de los 90, cuando la ciudad era gobernada por los panistas. Fue la primera vez que se habló de “la cota 200”, que no era más que la altura de 200 metros sobre el nivel del mar como el límite a permitir edificaciones.

Cada tres años, o mejor dicho, a cada administración trianual se le obliga por ley actualizar el Plan de Desarrollo Urbano y Centro de Población. De ese documento rector se desprenden en consecuencia los planes parciales y uno de ellos es el Plan Parcial del Polígono 10, la materia de la controversia mediática actual.

La necedad del regidor Juan José Cuevas García provocó un debate de lo que hoy se sabe que la materia es inexistente. Fue el regidor panista quien acusó que al actualizarse el Plan Parcial Polígono 10 se “destruye” la montaña al considerar en condiciones de urbanizarla.

La opinión de los expertos, los presidentes de los colegios de Ingenieros Civiles Mexicanos, Oscar Castillón, y del Colegio de Arquitectos de Jalisco, José Fernando López, ha sido útil para procurar el relajamiento de quienes habían dado por cierto que la montaña estaba en venta con las modificaciones a dicho Plan Parcial.

La confusión es sencilla de aclarar. En la parte alta de las montañas que rodean la ciudad se impuso la cota 400 lo que por años propició la anarquía urbana y se aprovechó por vivales desarrolladores. De alguna forma todos se les ingeniaban para construir a una altura límite de hasta 400 metros del nivel del mar. Lo que se propuso y se aprobó fue reducir en la mitad dicha cota y dejarla en 200. El presidente municipal Arturo Dávalos Peña fue más allá al añadir, y también aprobado, que otros 50 metros de altura sobre el nivel del mar se reservara como zona de amortiguamiento. Es decir, si antes se permitía construir en montañas de un nivel de altura de hasta 400 metros, con las adecuaciones, el límite de altura permitida a construir se quedará en 150 metros de altura.

Se trata pues de una fórmula sencilla de explicar y fácil de entender. Al menos eso han dicho los representantes de los colegios de ingenieros y de arquitectos. En Puerto Vallarta abundan los incrédulos, ciudadanos y activistas defensores unos de la montaña que si desconfían de nuestras autoridades municipales, bien pueden empezar a creer en los colegios de profesionales. No será fácil porque no son pocos los que arrastran el síndrome de la mula arisca y padecen problemas de autoconfianza. Es decir, ante una persona que no confía ni en su sombra, poco se puede hacer para convencerla de existir alguna bondad en algún hecho de la autoridad.

Sucede que sobre la cota 400 se localiza la pechuga de la montaña y abundan proyectos de desarrollo. La del Distrito 10 es una pechuga que comprende poco más de mil 300 hectáreas. Si tomamos como referencia dos proyectos inmobiliarios, uno promovido por el ejido Puerto Vallarta, Campestre Residencial Conchas, pretenden en 20 hectáreas invertir más de 40 millones de pesos. Los inversionistas de la empresa Proyectos y Edificaciones Ecoturísticas S. A. de C.V., el conocido como Ameyalco, que han “vendido” un ambicioso proyecto de 50 millones de dólares. Ellos afirman que de 300 hectáreas “apartadas” solo se proponen construir en 30 hectáreas.

Es cierto, no es fácil para una sociedad incrédula por naturaleza y desconfiada siempre de sus autoridades convencerla de que en apenas una carnita de la pechuga esté de por medio tanto dinero. Pero así es porque, cuando los ejidatarios de Puerto Vallarta se dieron cuenta del millonario negocio que se esconde en la montaña, modificaron su plan original de ofertar tierra y cayeron en la idea de que ofertar lotes les dejaría mucho más dinero. De acuerdo a las cuentas de los ejidatarios, tramitar por cuenta propia lotificar 20 hectáreas les podría arrojar ganancias ya no de 32 millones de dólares sino otros diez millones de dólares adicionales. Pero bueno, abundar en los negocios que tiene el ejido Puerto Vallarta en cartera, ya es harina de otro costal. Es más, hay voces de ejidatarios que sostienen que para desarrollar esas 20.5 hectáreas en el cerro ni siquiera se ha propuesto a la asamblea ni mucho menos ha habido una aprobación de la asamblea.

En honor a la verdad ignoramos si el regidor carece de malicia y de conocimiento en la materia. Puede ser que esté mal asesorado y en consecuencia, le urge jalarle las orejas a Hugo Lynn, su hombre de cabecera. Pudo haberle  hablado a su hermano David Cuevas García pues de la época éste fue presidente municipal viene el debate por la famosa cota 200. Lo dijo el presidente del Colegio de Arquitectos de Jalisco, José Fernando López, el caos en los planos o planes parciales   que regulan el desarrollo urbano de la montaña viene desde 1997. Fue éste quien corrigió y orientó el debate: “la gente pone la palabra destruir y creo que es un término que está fuera de contexto porque no se trata de destruir y eso ha causado un caos, lo vimos en las redes sociales, al contrario, lo que se quiere es regular, ordenar y eso está aquí en los planos que desde el 97 era un caos”.

A juicio nuestro siempre es loable la preocupación de la sociedad en proteger los ricos ecosistemas de Puerto Vallarta. Una lástima que el despertar de los vallartenses se haya retrasado tantos años, ya cuando voraces desarrolladores han saqueado la naturaleza.

Sí, es de aplaudir muestras de preocupación de una sociedad que desde la oscuridad de los rincones de su casa emplacen a inversionistas y a nuestras autoridades proteger la montaña, los bosques, las áreas públicas, el estero “El Salado”. Se vale emplazar a nuestras autoridades, organizarle una manifestación, plantarse frente a sus oficinas y exigirle un alto a toda iniciativa que amenace la naturaleza. Pero, de ahí a que haga suya demandas de un profundo matiz y un alto contenido de intereses político-partidista, hay una diferencia. El único y gran requisito para no figurar en un maniquí de intereses deleznables, intereses que no precisamente son los de la ciudad, es primero informarse para normar una posición y tomar decisiones. En el caso que nos atañe, se impuso la desinformación y muchos incautos fueron llevados al baile sin saber que aquello era una borrachera de aventureros de la política.

Revolcadero

Siempre nos ha llamado la atención que junto a “tierra” de Puerto Vallarta, junto al río Ameca, por años y casi en silencio, el Grupo Vidanta construye edificaciones que literalmente asfixiaron ya la desembocadura del rio que divide Jalisco y Nayarit. El gigantesco desarrollo ya construyó cinco hoteles y amasó una extensión de 214 hectáreas. Presume tener 27 albercas, 38 bares y restaurantes, un campo de golf y otro en la mesa de diseño. Ese paraíso tropical es la enfermedad en ciernes que en poco tiempo causará padecimientos a quienes habitan en toda la región y los primeros serán los  habitantes de Jarretaderas, los que ya ahorita temen por su desalojo. Naturalmente, se han alzado voces de activistas en Bahía de Banderas pero nadie las oye y ese silencio es el mejor cómplice de autoridades que se llenan los bolsillos y de funcionarios federales responsables de otorgar permisos tras permiso para “secar” el río. Ahí hay sustancia y materia para ir a exigir un alto a los atentados a la naturaleza. El río Ameca es de todos, de los vallartenses y de los badebadenses, pero los de este lado no han sido solidarios con quienes luchan incansablemente desde las márgenes norte del afluente.****** Por cierto, fue en Bahía de Banderas donde la paz y tranquilidad de las fiestas decembrinas se rompió por el timonazo de las camionetas X Trail que con la firma de Juan Carlos Castro Almaguer les recetó el alcalde José Gómez Pérez a sus regidores. No todos porque la excepción la dio Ismael Duñalds que haciendo honor a la independencia ante el alcalde antepuso su dignidad y rechazó el regalote navideño. Es curioso que en tiempos que otros se ajustan el cinturón allá el Cheché Gómez de muestras de fantasiosa bonanza. Dirán algunos que sus bailes vaqueros le dan para eso y más pero el señor no agarra dinero de sus negocios sino que mete mano al cajón de la corrupción. Porque claro que huele a negocios el financiamiento de Castro Almaguer. El ex socio de Gustavo González Villaseñor no es de los que da un paso sin huarache. Bueno sería que el concesionario de la recolección de la basura ayudará, por ejemplo, a darle su manita de gato a las calles y avenidas o financiara la compra de un lote de lámparas para iluminar los poblados.****** Durante el receso de fin de año, un funcionario que despacha en Guadalajara nos hizo un comentario: El “Cheo” Aréchiga dejó de ser amigo y protegido de Chavita. Se trata de Eliseo Aréchiga, “El Gallo” que con su “gallada” se dedica desde hace meses a recorrer el municipio y dar uno que otro regalo gritando a los cuatro vientos que quiere ser candidato a alcalde por el PRI. En Puerto Vallarta todos creen que el susodicho “Cheo” es ahijado putativo del ex alcalde Salvador González Reséndiz. Pero nos aseguran que  ya hubo un divorcio y que el muchacho de El Pitillal cayó de la gracia del poderoso funcionario estatal. Nos dijeron que a principios de año habría noticias y que le ordenarían dejar de meter mano a los cajones de las compras para el mantenimiento y conservación de los bienes muebles del estado. Quién sabe si será cierto pero hay el compromiso de abundar en el tema. Quizá Chavita y Rafita ya se dieron cuenta que el gallo nomás no vuela y no tiene caso cargar con un muerto en vida.

 

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