CONTEXTOS: Entre “lobos” y oportunistas, el pleito taxistas vs Uber

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Por Gerardo Sandoval Ortiz

Al estilo gansteril como siempre lo han sido, mafiosos implorando ayuda a un capo, los taxistas de Puerto Vallarta defienden su “plaza”.  Se oponen, y están dispuestos a recurrir la violencia, hacer uso de cualquier arma, a los taxis Uber.

Y en medio de la reyerta se ubica la autoridad, el titubeante gobierno del estado con alto grado de duda en intervenir o tolerar las partes imponga su justicia, y el tibio municipio que asume una oposición más bien eludiendo su parte y deslizando la gresca al estado.

Martes, miércoles y jueves han sido los días del arranque de actividades de los taxis de la plataforma Uber. Los días uno y dos, los de amarillo y blanco sacaron dientes y garras. Fueron tres escaramuzas en las calles de Puerto Vallarta. En Bahía de Banderas, ya la noche del miércoles taxistas del ingreso a Valle Dorado destrozaron a un vehículo particular conducido por una dama. Lo creyeron Uber. Y se desató la gran indignación contra los ruleteros organizados y agrupados en sindicatos, cetemistas, de la CROM, de Acaspen.

Para el tercer día, jueves los taxistas reforzaron su bien ganado apodo de auténticos orates que al control de un volante abusan y discriminan al nativo, cobran alta tarifa y prefieren al usuario extranjero.

Podemos establecer que está la advertencia y amenaza del lado de los taxistas pero también de parte del gobierno de Jalisco. Funcionarios de la Secretaría de Movilidad dijeron en principio que Uber no podía trabajar en Puerto Vallarta por estar en  posición irregular. No tienen registro dijo Servando Sepúlveda Enríquez. El número dos de la Semov, José Luis Quiroz González lo secundó. No tienen licencia para operar, reforzó. La empresa californiana de presencia mundial los madrugó. Muy temprano la mañana del martes sus taxistas respondieron al llamado de clientes inscritos en su plataforma y atendieron sus primeros llamados. En la céntrica calle Juárez ocurrió el primer bloqueo. Hubo al menos dos incidentes ese día, en Marina Vallarta y en la terminal de autobuses. La peor amenaza fue el miércoles. Los taxistas fueron llamados a apostarse en los ingresos sur y norte y en el puente del río Pitillal y avenida Francisco Medina Ascencio. Pero no se atrevieron a bloquear las arterias. Los taxistas estuvieron a un tris de asfixiar al destino. Las versiones coincidieron en haber sido el propio gobernador Aristóteles Sandoval el que habló por teléfono con los líderes de los taxistas. En la tarde se confirmaría que el dirigente cetemista, Rafael Yerena Zambrano y el alcalde Arturo Dávalos estaban en Guadalajara.

Las posiciones más conservadoras auguran cosas peores para Puerto Vallarta. Ocurre que se configura un escenario en ese sentido. El gobernador tiene en José Luis Quiroz un as y los taxistas deberían saberlo. Es el Director General Jurídico de la SEMOV y hombre de todas las confianzas de Sandoval Díaz. Ha sido su brazo derecho desde que Aristóteles fue alcalde de Guadalajara cuando se desempeñó como director jurídico de la Secretaría  de Seguridad Ciudadana.

José Luis Quiroz no es ningún desconocido en Puerto Vallarta. Gustavo González Villaseñor lo trajo y le entregó las riendas de la Policía Municipal. Fue el subdirector operativo y como tal Quiroz era el mando único. Chocó con la tropa por su dureza y cuando le estalló un escándalo al cabo de una parranda en la zona de tolerancia, lo regresaron a Guadalajara y Miguel Santana pudo tomar las riendas de la gendarmería preventiva. A Gustavo le mandaron de Guadalajara a Quiroz quien ya para entonces, año 2003, era abogado y había hecho méritos comandando al Grupo Lobos, la policía de choque de los gobiernos estatales en los tiempos de la impunidad total.

Lo último es lo relevante. José Luis Quiroz no es un abogado común. Es un policía de carrera especializado en controlar revueltas urbanas. El Grupo Lobos de la Policía Estatal Preventiva es apenas parte su pasado. Para bloqueos de taxistas, el señor encaja a la perfección si se ordena desalojar bloqueo de calles. Es la especialidad de Quiroz.

Uber trabaja con amparo de la justicia federal. En cada ciudad a la cual llegó con su novedoso servicio los taxistas se opusieron y armaron sus zafarranchos. Al final todos acordaron trabajar amigablemente. La normatividad es eso, amigable con el servicio de Uber y todo indica que al cabo de resolverse lo del amparo habrá acuerdos y arreglos. Y el amparo se resolverá también a favor de Uber. La apuesta es doble contra sencillo. En Guadalajara así ocurrió. Fueron los políticos y funcionarios estatales asociados los primeros en comprar su flotilla de autos y como primeros interesados “aflojaron” al gobernador Sandoval. Ya hasta el cansancio se han mencionado nombres de funcionarios estatales metidos hasta el ajo en este negocio. El ex alcalde Salvador González Reséndiz es uno de los que apostaron a ese negocio. Nada de raro pues tiene que esos políticos, el también ex alcalde de Puerto Vallarta, y ayutleco de nacimiento, Ramón Guerrero Martínez ha sido solidario y generoso con sus amigos inversionistas. El diputado local aprobó la reglamentación a los Ubers y autorizó sus operaciones. El corazón y esencia de la regulación aprobada por “el mochilas” es convertir en contribuyentes a los taxistas de dicha plataforma y todos contentos. Ladino y oportunista que es, Ramón Guerrero vino a Puerto Vallarta tratando de erigirse en un falso “chucho el roto” y mentiroso defensor de los ruleteros de amarillo.

Los taxistas defendidos por la CTM sostienen que su competencia es ilegal. Que no pagan impuestos. Al amparo de la reglamentación aprobada por “el mochilas” y la mayoría de diputados priistas hay un porcentaje apenas menor al dos por ciento que va a las arcas públicas de la entidad. Es decir, si se trata de pagar contribuciones al estado “coopera” mucho más la empresa californiana que sus pares los sindicalistas. Hay un pago por licencia. Es cierto, los de amarillo pagan y pagan al mes pero es una cuota a la CTM. Nos queda la duda que se gasta sus pagos. Es probable que esas cuotas se gasta a discreción de su dirigente sindical. Hay la certeza de que ese dinero se va al bolsillo de los dirigentes de los taxistas. Tenemos dudas de si esos bravos taxistas se atreven a exigirle a un Rafael Yerena les informe en qué se gastó su dinero.

Donde hay dinero hay conflictos. Los taxistas ganan bien. Tan es negocio que las organizaciones sindicales protegen a un monopolio de concesionarios. Como el transporte urbano, los taxistas son un pulpo de largos tentáculos que al sentirse amenazados responden con agresividad. Si no hay negocio, tranquilamente saca su unidad y la llevan a casa. El dinero es la peste de la sociedad de hoy. Los taxistas son parte de esa pestilencia. No tratamos de insultarlos con una falsa interpretación de exponer la referencia a su mal hábito de higiene personal. No. La cita es ubicar a los taxistas como una auténtica pandilla de abusivos encima de quien asumen amenaza al negocio. Porque el taxi sí es negocio y queda reafirmado. Con tarifas casi a la mitad lo es para los Uber.

El rechazo de la sociedad es generalizado. La competencia corre en favor de los intereses de las mayorías. La queja tiene origen en las minorías, quizá de las familias de los mismos chafiretes. Y estos también tienen razón. Defienden sus intereses, los propios y minoritarios, y van en contra del interés del resto.

Como en Guadalajara y demás ciudades del país, los taxis Uber se van a quedar en Puerto Vallarta y en toda la zona conurbada de la Bahía de Banderas. No hay argumentación legal para prohibir el servicio permanentemente. El amparo se resolverá en contra de los amarillos. Para resolverse pudieran pasar muchos meses, años tal vez, pero la razón caerá en favor de los taxis “particulares”. Habrá este viernes un encerrón, probablemente otros, los necesarios hasta construir acuerdos de buena fe y todos felices.

Habrá un giro el fin de semana y de la judicialización, en buena medida de la voluntad del gobierno del estado, la solución salomónica tendrá un profundo matiz político. Si los amarillos se entercan en ir a contracorriente del pueblo, Aristóteles les va a soltar a Quiroz. Hay decenas de taxistas amarillos que conocen a Quiroz cuando los comandó desde la jefatura operativa de la policía. El comandante de “los lobos”, aquel ya desaparecido grupo táctico de elite, no se olvida que esos policías vestidos de taxistas, le armaron la grilla para que Gustavo González Villaseñor lo corriera de la corporación.

Revolcadero

El 21 de abril del año pasado, el ejecutivo del estado, Aristóteles Sandoval envió la iniciativa al Congreso del estado para modificar el artículo 113 de la Ley de Movilidad y Transporte del Estado. Cinco días después, el 26 del mismo mes de abril, se aprobó por unanimidad. Se contaron 38 votos de diputados a favor, ninguna abstención y ningún voto en contra. Uno de los votos a favor fue de Ramón Guerrero Martínez. Aquella votación derivó en el decreto 25814/JXI/16. Ese día los diputados, también “el mochilas” aprobaron darle entrada a los taxis Uber en Jalisco. La denominación fue “empresas de redes de transporte”. Se les obligó a dar una “cuota” para crear un fondo económico, más dinero para crear fondo para víctimas del trasporte público y se aprobó la obligación de ley de pagar un “fondo verde” y de movilidad sustentable. Los Uber, o mejor dicho, la empresa Uber, ya está trabajando en Guadalajara y ya está cumpliendo con dichos pagos. Por decirlo de así, ya está pagando un impuesto estatal y en consecuencia se le deberá permitir trabajar en todo el territorio estatal. Contra la “prohibición” es el amparo. Y ahora viene y dice a los taxistas amarillos es su defensor. Como dice Luis Hernández, que le crea su nana. ****** Nos habían preguntado en dónde estaba Rafael Yerena Zambrano. Es el jerarca de la CTM en Jalisco, en la región, y se le ubica entre los cinco notables que controlan en todo el país a esa gran federación de sindicatos. Al fallecimiento del actual y otro secretario sustituto, y le tocará a Yerena ser el nuevo Fidel Velázquez. Pues bien, ya salió del ostracismo y de confort de San Lázaro. Primero no sabía ni que decir pero acabó solidarizándose con los taxistas en su revuelta con los taxis Uber. De ahí come Yerena. Son cuestiones que no le preocupan a Yerena pero debe cuidar la forma. Total, ahí tiene a Juanito Huerta Pérez quien en realidad le mueve los negocios sindicales desde Guadalajara. Nos resultó curioso, la reacción de un individuo desesperado saber que Yerena invocó e instó al gobierno del estado violentar la ley. En palabras nuestras Yerena dijo: “está bien, es legal el amparo pero como afecta a mi gente, el gobernador lo debe violar”. Violar el amparo es desacatar una orden de un magistrado federal que dijo: “Los taxistas por ahorita pueden trabajar”. ¿Hasta cuándo pueden trabajar los taxis Uber? Hasta que se resuelva en definitivo el amparo. Ni el gobernador Aristóteles Sandoval, ni el titular de la Semov Servando Sepúlveda ni José Luis Quiroz se atreverán a desentenderse del mandato de un juez federal.******La virulenta reacción de los taxistas amarillos contra los taxis Uber es apenas una manifestación de un gremio que históricamente en Puerto Vallarta aspiran a vivir en la ilegalidad. Más o menos, son la manifestación de los privilegiados, este sí, un sector derivado de una clase social. Lo curioso es que no se trata de un fenómeno natural, sino un comportamiento azuzado por políticos vivales que por siempre y temporalmente abanderan las causas de esos falsos privilegiados. ¿O acaso días atrás el diputado local por el MC, el ex panista, Ramón Guerrero Martínez hasta “boletinó” ser el defensor de los taxistas y hasta los llevó a Guadalajara? ¿Es genuina, natural, espontánea la actitud del “mochilas?  No. Es la posición de un político charlatán y oportunista que ha visto un caudal de potenciales apoyos y futuros votos en las familias de los taxistas. Son ese tipo de políticos teatreros los que a la larga denigran a la política. Respecto a Rafael Yerena, él si tiene la obligación de asumir la defensa de quienes religiosamente aportan una cuota para el sostén de su imperio político.

 

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