CONTEXTOS… La salida de Máximo y otros priistas, demanda una sacudida de los caciques del tricolor

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Varios meses atrás, Máximo Martínez Aguirre negó al autor la versión de estar preparando la salida. Desde fines del año anterior se oían rumores y le gustó abril para decir y hacer público lo que ya se sabía: renuncio al PRI para ser candidato independiente.

Algo grave ocurre en las entrañas del Partido Revolucionario Institucional. La semana pasada formalizaron su renuncia también al PRI dos personajes de la elite local, el abogado Miguel Ángel Yerena Ruiz y el médico Heriberto Sánchez Ruiz. Hallamos solo una diferencia: estos dos se integrarán al Partido Encuentro Social, el partido asociado al cristianismo pero “administrado” por ateos.

Existe una coincidencia en torno a las renuncias de estos personajes al PRI, compartida por otros que desde antes ya se habían ido. Hablan de no hallar apertura en el PRI. Es más o menos un discurso manejado décadas atrás, cuando el PRI local resintió los primeros éxodos.

En otras palabras, se quejan de un partido antidemocrático, manejado y conducido por una cofradía que se reparte candidaturas, se alterna las riendas y control del partido y siente tener en las bases de la militancia una partida de esclavos a su servicio.

Recordemos que cuando primero se fueron Aurelio Rodríguez Garza, Max Lomelí, Humberto Famanía Ortega y su hermano Luis Fernando, Leobardo Curiel Preciado, luego Chema Ibarría, Toño Canales, los ya citados Heriberto Sánchez, Tito Yerena, renegaron precisamente de lo mismo. El PRI no es democrático; “se imponen a los candidatos”, repitieron.

De verdad no hallamos diferencias en los discursos de los renegados de los 90 y en quienes ahora se atreven a renunciar a un partido que, si nos atenemos al discurso de marras concluiremos que es el mismo partido y que nada ha cambiado.

El PRI Vallarta tiene varios problemas y todos se asocian al discurso, aceptado como una justificación que valida la escapatoria fácil del partido.

A los amos del partido, al “Coco” Velázquez debería preocuparle el caso Vallarta. No decimos de Gustavo González Villaseñor, el aun dirigente, porque notamos que a éste ya no le preocupa nada del partido sino es hallar los acomodos para su familia y amigos para él irse al exilio temporal.

En la militancia, las bases que deambulan en las colonias populares y en las comunidades rurales hay una enorme confusión. Se preguntan qué ocurre y por qué ocurre lo que ocurre en su partido. Los incrédulos empiezan a creer que es necesario una gran sacudida y que ya es hora de irse algunos vistos como auténticas rémoras que saltan de chamba en chamba, de candidatura en candidatura, de regiduría a diputación y varios etcéteras.

Lo de Heriberto y Tito Yerena estaba cantado pero no la dimisión del “negro”, Máximo Martínez. Al fin y al cabo Máximo es amigo y compadre de toda la vida de algunas de las vacas sagradas del PRI, particularmente de Gustavo González. Lo vimos en las calles de Las Juntas partiéndosela en la pasada campaña, tomado de la mano de Tino Pérez García, como lo hizo en todas las campañas anteriores. Ahí le dieron la chamba de coordinar los trabajos electorales y no hizo mal trabajo. Ni las gracias le dieron.

Pues bien, Máximo pretende dar otro paso y someterse al reto de los votos. Lo hizo varias veces y no le fue bien. Una vez pidió votos a todos los militantes y simpatizantes del partido pero casi nadie votó por él para presidente del partido. Claro, luego logró ese sueño pero siempre por designios reglamentarios. Allá en el 2000 le compitió a Luis Reyes Brambila el derecho a ser candidato a alcalde pero tampoco mereció la confianza de los priistas. Se agenció dos o tres decenas de votos por los dos o tres mil del dueño del periódico Vallarta Opina. En ese proceso interno también participó Chema Ibarría y Heriberto Sánchez, elección interna que provocó una desbandada.

Quizá Máximo sea uno de esos necios y tercos que se automotejan “patasalada”. Nos presumen tener amigos y compadres en cada colonia y en cada ranchería y con esas credenciales asumen tener todo el apoyo del municipio capaz de ganar una elección. Es fácil perder el sentido de la realidad y subirse al ladrillo de los mareos del que sus propios vecinos, amigos y compadres los bajan con su indiferencia y desdén.

Sin embargo, en mucho tiene razón Máximo y los que recién abandonaron las filas del tricolor. Con su ida demandan la impostergable sacudida al PRI. Al PRI la urge aplicar eso que le llaman rentabilidad  electoral. Sus candidatos deben sumar, incluir y no restar ni excluir. Una queja contra los dos últimos candidatos a alcaldes Adrián “El Archi” Méndez y Andrés González tiene que ver con la arrogancia y la soberbia de su equipo. En los dos casos se sintieron ganadores y menospreciaron a la militancia. Lo acepte o no González Palomera, en campaña se condujo como una especie de candidato rehén al que casi nadie tenía acceso. Por lo demás, a su lado hacían dos candidatos, a diputados, Gustavo y Rafael González Reséndiz, que lo único que recogían a su paso era el rechazo de los ciudadanos.

El PRI debe de entender que los tiempos han cambiado y también debe hacer un esfuerzo por cambiar. No hemos escuchado decir a Heriberto, a Tito Yerena, a Máximo, que se han ido por entender que, al destaparse Andrés y decir que va por la reelección y la llegada de Chavita González a la Secretaria de Organización del Comité Directivo Estatal del PRI, automáticamente se les cierre las puertas. Si interpretamos el discurso que citamos al principio de este texto es eso, se van del PRI por cerrar los espacios.

No es necesario ser muy docto en cuestiones del PRI que el autodestape de Andrés es un portazo a las aspiraciones de  priistas como Heriberto, Tito, Máximo, y de todos los aspirantes. También es un torpedeo a las aspiraciones del director del Seapal, César Abarca Gutiérrez, acaso el más fino producto electoral trabajado por el grupo del gobernador Aristóteles Sandoval. César es considerado el aspirante natural del PRI, el más allegado a Aristóteles, pero como siempre, también tiene correligionarios que no acaban por aceptarlo.

Lo que todos comparten es un punto: el hartazgo ciudadano contra algunas figuras y sus respectivos apellidos que se  niegan jubilarse. Dos, Gustavo y Rafita, ya saben que no los quieren en Puerto Vallarta pero no aceptan la realidad. Ellos dos son apenas unos cuantos de los que están obligando a muchos militantes buscar otros horizontes.

Revolcadero

Hasta hace algunos años, el Tianguis Turístico fue sinónimo de la fiesta del año para los hombres metidos en el negocio de la industria sin chimeneas. Este lunes 25 se inauguró en Guadalajara otra edición más del famoso tianguis nacido en Acapulco. Pero arrancó sin pena ni gloria. Ya no se escuchan los desfiles ni el peregrinar de hoteleros, directivos, empleados, periodistas, funcionarios, alcaldes o diputados, que iban a integrarse a esas fiestas. Porque sí, además de las actividades propias del stand del destino, lo esperado cada año eran las comelitones y trasnochadas en los antros de moda en aquel ahora violento puerto de Guerrero. Ahora es un tianguis itinerante. Puerto Vallarta ya fue sede  y regresa a Jalisco, pero ahora a Guadalajara. Más tarde llegarán los boletines anunciando cientos, miles de tratos y contratos, de ventas y preventas de cuartos para la siguiente y otras temporadas de invierno.******* Por cierto, nuestro amigo Carlos Arce Real desempolvó y nos presumió el reconocimiento que el año pasado le otorgó la Secretaría de Turismo “por el importante impulso a la diversificación e innovación a producto turísticos”.  Y si, anda con todo Carlitos pues nos mandó un cartel publicitario en donde se menciona que en su calidad de presidente del Consejo Mexicano de la Industria del Turismo Médico ha sido invitado a participar en la mesa redonda de turismo médico convocado por la Organización Internacional de Turismo en Budapest, Hungría. Dicho evento se realizará los días 28 y 29 de junio y ahí se definirán las estrategias del segmento de esta actividad a nivel global.****** El nuevo escándalo en la llamada Riviera Nayarit es un puente que levantó el Grupo Vidanta, que no es otro que el Mayan Palace, el de Daniel Chávez. Un sector del fraccionamiento Nuevo Vallarta reaccionó con cierta timidez para hacerse escuchar su rechazo. La empresa ni se inmutó. Con este alcalde de la talla de José Gómez Pérez todo empresario puede hacer algo. Ya se fueron los tiempos como por ejemplo, cuando el voraz hotelero Graziano Sovernigo construyó frente a la entrada al campo de golf ‘El Tigre’ su estrafalaria glorieta, amurallada con tigres y otras obras de adorno que ocasionaron la indignación colectiva. Se ordenó la destrucción y don Graziano volvió pasar otro de sus grandes corajes.

 

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