CONTEXTOS… Le urge al PAN sacudirse cacicazgos, retomar principios y nuevos liderazgos para resurgir

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Alguien difundió días atrás unas fotografías de una reunión de panistas locales que obligadamente nos remitió a los nostálgicos tiempos del romanticismo político.

Como en todo el país, acá en Puerto Vallarta el panismo brotó en buena medida gracias al paciente trabajo de perseverantes militantes que por años jamás pensaron renunciar a sus ideales, doctrinas ni principios. Estos son los mismos que contienen los principios estatutarios del Partido Acción Nacional.

A finales de los 80 y principios de los 90, era común ver reunidos a los panistas en grupos familiares. Es decir, el PAN era un partido integrado por familias, los Ruiz Vázquez y descendientes, los Muñoz Vargas, hijos y patriarcas, los González, doña Olivia y don Nacho. Todos apuntalados por el intenso activismo de don Ismael Macías Garibay y su cuñado, Chava Gómez Aldaco, y el ingeniero, Humberto Jiménez Rosales, los dos últimos fallecidos. A las respectivas familias de los citados, poco a poco se le fueron sumando otras y en pleno primer lustro de la década de los noventa, se alzaron con un triunfo en las elecciones por la alcaldía.

El idealismo panista entonces se cruzó con otras decenas de pragmáticas familias que se sintieron atraídas por el exitoso PAN. Entre estas cuente a los González Corona-González Sandoval y a los Cuevas García, que hasta hoy en día influyen en toda actividad partidista e inclusive, a los segundos, los señalan de ejercer un cacicazgo en el partido a través del regidor, Juan José Cuevas.

El PAN de identidad propia, del subsidiarismo y humanismo, el que reclamó en sus documentos básicos el respeto a la dignidad de las personas, se convirtió en un partido político mestizo. La primera de sus grandes pérdidas fue el respeto a las personas, al humanismo, y a la par, su distanciamiento con la democracia por la que tanto pelearon.

Entonces, de la noche a la mañana, el partido que concibió competir en elecciones no para ganar, sino para construir condiciones en las cuales las personas tengan acceso al bien común en la sociedad. Así se perdió el bien común y los románticos del partido de pronto se vieron involucrados en atroces pugnas internas. Después, lo de menos fue el respeto a los principios del partido. De esto último, abundan escenas y momentos, historias e historietas, protagonizadas por militantes del PAN Vallarta.

Desde hace varios años, es más, apenas de ser echados de la alcaldía, los panistas se han dado varias sacudidas pero esas operaciones de limpieza han sido insuficientes para sanar al partido. Han sufrido varios abortos pero el accidentado partido no arroja las crías enfermas.

Las escenas familiares vistas hace casi tres décadas permitían expresar el reconocimiento por la entrega a sus luchas. Por eso se ganaron poco a poco las simpatías. Fueron los injertos posteriores los que contaminaron a las familias pues ya en el poder brotaron enfermedades como la avaricia y la deshonestidad. Y en ello participaron todos. Nadie puede presumir de haberse salvado. Unos se desgarraron por alguna candidatura, otros por embolsarse indebidamente unos pesos. Lo último está documentado y fue público. Ocurrió en la primera administración panista, con Fernando González Corona, cuando David Cuevas García como secretario general y don Ismael Macías anunciaron que Rodolfo Escobedo Pulido y Enrique Arreola y otros funcionarios, desviaron algunas decenas de miles de pesos de la nómina municipal.

Pareciera ser irrelevante el incidente aquel pero eso marcó la rivalidad de las dos corrientes del panismo local aunque también exhibió que el panista doctrinario y tradicional también era débil frente al dinero. Eso propició una serie inacabable de purgas y escaramuzas que se prolongan hasta hoy en día.

Pero, sin duda le viene bien al PAN ejercer acciones de limpieza interna, espiritual y estatutaria. Sus militantes, los más, perdieron ideología y principios y le urge recuperar en sus bases las míticas ideas en donde lo de menos es ganar una elección sino construir un país, una sociedad en donde imperen familias solidarias y subsidiarias con pleno sentido humanista y alejados de intereses insanos y perversos.

Las purgas no concluyen y sin duda continuarán. Se ve de fuera que en Puerto Vallarta en el PAN conviven familias que todos los días enseñan sus dientes y lanzan veneno al hermano de sangre azul. La lucha adentro sigue siendo por la extinción del otro.

A los panistas les debería apremiar promover otra gran revolución de conciencias, de valores que inspiren a las masas. Que antepongan esos idealismos a los interese personales o de grupo que muchos persiguen por simple protagonismo individual.

En los últimos años se han ido muchos militantes pero nos llama la atención que la membresía se mantiene. Ojalá y no sea engañoso, que esos militantes activos -que al menos en el papel se aproximan a los mil- se asuman como los futuros líderes panistas capaces de revivir de sus cenizas a un partido muerto, sin capacidad para competir en una elección.

El futuro está en construir condiciones sociales y económicas iguales que garanticen bienestar y condiciones de vida para todos. Si esos panistas que están por venir, jóvenes tal vez que en breve obtendrán su credencial de votar, beben esa conciencia de hurgar en la política para imponer un sistema político justo y democrático, que destierre el oportunismo, enemigo mortal del idealismo, seguramente el PAN se fortalecerá y resurgirá de sus cenizas.

Revolcadero

Una tragedia la que vive Francisco “Panchito” Salazar. Es un comandante de las Policía Municipal, hasta hace poco uno de los más influyentes en las filas de dichas corporación. Se halla internado en un hospital de la ciudad recuperándose de un accidente sufrido en el pasado periodo vacacional de Semana Santa. Las lesiones se le agravaron a tal grado que perdió una de sus piernas. De lo poco que sabemos es que se siente abandonado a su suerte por sus superiores, por la autoridad municipal. Debe ser cierto pues muchos funcionarios carecen del mínimo sentido de humanismo y les vale los problemas de sus subordinados. Panchito es leal con sus amigos pero fuerte con sus enemigos y sus enemigos fueron los que él consideró delincuentes en las calles. Sirvió por años a Fernando González Corona como escolta cuando fue alcalde. Le cuidó a sus hijos en las calles y hasta en los antros. No estaría mal que al magnate de los tiempos compartidos, dueño de Tribuna de la Bahía, se le ablande un poco el corazón y acuda a ayudarle.****** Que el delegado municipal de Ixtapa, Víctor Manuel Aréchiga, mejor conocido por su apodo de “El Cachis”  sigue convirtiendo la plaza del lugar como la cantina más grande de la zona.  Que ya amenaza con organizar dizque las mejores fiestas patronales de la historia. Pero, si insiste en ofrecer alcohol, cerveza y más alcohol, no logrará su cometido y hasta al cura de la iglesia molestará. Que se acuerde “El Cachi” que Ixtapa es mucho más que “El Chéfero” y sus amigos ejidatarios.****** Nos llamó la atención una imagen con números que circula en las redes sociales. Es un supuesto inventario de visitantes a las Islas Marietas, a la llamada “Playa del Amor”. Se afirma que hay un promedio de 400 visitas diarias y que en sus niveles más altos, algunos días de temporada, a lo sumo van unas tres mil personas. Pero eso solo en días especiales, los días santos, Navidad, Año Nuevo. Que la capacidad de la playa es para tres mil 200 visitantes en un día. Es decir, que una de las razones para el cierre de la playa es inaceptable, al igual que la supuesta afectación al coral. Nuestros amigos ya nos habían dicho que en la playa no hay coral y que, cuando hay mil o más de mil turistas en la Playa del Amor, casi todos son clientes de Vallarta Adventure, a quien consideran el gran depredador de las Islas Marietas.***** Vaya, nuestros amigos de Las Palmas se la pasan de buen humor. Tal vez sea por las fiestas patronales del pueblo, las ofrecidas en honor a San Isidro. Pensaron ir escuchar el discurso de su delegado municipal en el accidentado arranque de las fiestas y nada. La comidilla del pueblo es el delegado Erick Pérez Ulloa y su hermano, Jorge, de los mismos apellidos que despacha como subdelegado. Ándele pues, la familia del “Pochote” dueños únicos de toda la delegación. Son la comidilla porque ninguno de los dos se anima a agarrar el micrófono y hablar en público. Le tienen pavor hablar frente a sus vecinos, a sus gobernados, pues. Nuestros amigos palmeños están deseosos de esperar que llegue septiembre, el día del grito, la noche del 15, para ver si se anima el Erick a dar el grito de Independencia. Este no puede delegar en su hermano Jorge, el subdelegado, y no por razones de nepotismo, sino porque tampoco sabe ni se anima hablar en público.

PAN-Puerto Vallarta2

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