CONTEXTOS: Los muertos del antes, durante y después de la caída del “H2” y el “H9”

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Por Gerardo Sandoval Ortiz

A la elite gubernamental le molestó la sospecha lanzada por el presidenciable Andrés Manuel López Obrador de que la mayoría de los muertos en las balaceras de Tepic eran jovencitos, muchos menores de edad. Apenas fue un intento pero en algo se “politizó” las muertes de “los haches”.

Nos llama la atención, por un lado el interés puesto por la prensa nacional en el caso de la ejecución de la pandilla de Juan Francisco Patrón Sánchez, el “H2”. De ahí que nos resulte también normal que nuestros lectores más leales nos demandan información adicional. Más allá de los datos oficiales ya sabidos, no es mucha la información disponible sobre el tema.

Lo informado es que fueron 13 los muertos en cuatro puntos distintos. En la ampliación Lindavista, unas pocas cuadras de la casa de gobierno, la noche del jueves 9 hubo ocho muertos en total. Luego, en los alrededores del aeropuerto y ya en la madrugada del viernes, la segunda balacera registró el abatimiento de cuatro personas. Ya de día, en una brecha por Camichín de Jauja localizaron tres cadáveres. Por la noche del mismo viernes, en un camino que conecta El Aguacate con el rancho Los Duraznos, por la carretera vieja que une a Tepic con San Blas.

Si la inteligencia del gobierno, en este caso de las fuerzas armadas, a estas alturas deben tener datos que los debe de alarmar en torno a los identificados caídos. Esta el caso por ejemplo, de un individuo que hasta hace unos tres meses pertenecía a la milicia. Este dato puede decir mucho y explica en buena parte hasta donde alcanza la capacidad de relacionarse de esos grupos que llaman “delincuencia organizada”.

En las calles de Tepic y sus alrededores están seguros de que algo turbio ocurrió para acabar todo como lo sabemos. Literalmente medio pueblo sabía de la coexistencia de los grupos de malosos con funcionarios de gobierno. Todos sabían que en Tepic vivían “los haches” y que desde ahí, a veces desde Ruiz, Tuxpan, Rosamorada, Tecuala o Acaponeta, realizaban incursiones violentas y protagonizaban matanzas en el sur de Sinaloa. Los caídos en la zona de La Ciénega, la zona serrana de Escuinapa, en Palmillas, y en la sierra de El Rosario, Cacalotán, Matatán, Maloya y La Tebaira, tenían el sello de “los aches”. Algunas veces instalaban retenes por la carretera de cuota y robaban vehículos de lujo, preferentemente camionetas todo terreno. Cometidas sus fechorías, corrían a cruzar la línea estatal Sinaloa-Nayarit. ¿En dónde se refugiaban? La respuesta es lo de menos porque casas de seguridad les sobraban en todo el estado.

Nos llamó la atención el interés gubernamental por aclarar, cuando dieron la lista de los muertos, el no parentesco de algunos ejecutados con Patrón Sánchez. De todos ellos solo atinaron en anotar ser oriundos de Mazatlán. Es una verdad a  medias. En la lista aparecen seis oriundos de Mazatlán. Hay uno de Guasave, otro de Concordia y el resto, se reparten en Nayarit y en Michoacán. Los de Mazatlán, en realidad, todos son de la zona que muchos le llaman “la sierra de La Noria”. En alguna biografía no oficial, a Patrón Sánchez lo ubican como nacido en La Noria. Lo cierto es que todos formaron parte en principio de aquel grupo de pistoleros formado por Santiago Lizárraga, el no menos famoso “Chaguín”, también caído en una balacera contra militares en una colonia contigua a la Lindavista en Tepic. “El Chaguín” nació en Potrerillos, un caserío de un medio centenar de habitantes que se localiza poco más arriba de San Marcos y Juantillos, carretera a El Tecomate, mucho antes de llegar a El Guamuchil.

Quien conozca la sierra de La Noria sabe que abundan apellidos Lizárraga, Osuna, pero Los Patrón son más en las rancherías enclavadas en las zonas más inaccesibles. Por eso a nadie le asombra que los Enciso, Velarde, los Tirado, los Osuna, los Sánchez, son grupos asociados a los Patrón, la marca dominante en la sierra. A la muerte de “El Chaguín”, también apodado el “H1”, “El Chico”, como era conocido en la sierra el “H2” tomó las riendas del grupo. Cualquier búsqueda para documentarse del tema, hallará que los Patrón, los Enciso, y apellidos asociados, van de la mano. En esa zona, las matanzas son bien comentadas pero también bien ocultadas por los habitantes. Citamos dos. Aquel agarrón de la gente de Joaquín “El Indio” Zataraín, este oriundo de El Salto, a principios de la década de los 90, contra la pandilla de Marcos “El Marquillos” Lizárraga. Nuestros amigos, nos aseguraron aquella vez que fueron no menos de 48 muertos, tirados en las calles de El Tecomate de La Noria y más al fondo, en los remansos del río. Lo oficial solo se levantó un cuerpo. La realidad, es que entre los muertos estaba “El Marquillos” y todos los suyos. Apenas tenía unos 20 años. A “El Indio” lo mataron pocos años después en Monterrey. Eran primos pero algo salió mal en una negociación de compra-venta de mota y tomaron caminos distintos, unos leales a Manuel Salcido Uzueta, “El Cochiloco” y asociado a Joaquín “El Chapo” Guzmán, y los Zataraín se asociaron a los Arrellano Félix. Esa historia es la repetida en la actualidad, la causa de las balaceras en Mazatlán, el sur de Sinaloa, en Tepic y el norte de Nayarit. El negocio los dividió y los enfrentó y el resultado se escribe con sangre. La segunda escaramuza, se registró en diciembre del 2009. Lo oficial consignó dos muertos pero los pobladores nos comentaron de “decenas” de muertos. En esa escena ya aparecían los Patrón, aunque como segundos de “El Chaguín”. Sus enemigos fueron por ellos a El Guamuchil. Llegaron de madrugada al caserío en el camión de la ruta pero ya los esperaban, los emboscaron desde los cerros y mataron a los pistoleros. ¿Cuántos muertos hubo? No se supo pero fueron decenas y los levantaron en varias ambulancias. En esos días vimos el camión quemado e inclusive, recortes periodísticos. La información oficial nunca se modificó. Nuestros amigos insisten: hubo decenas de muertos, muchos guachos al servicio de “El Chapo”. Ahí se acabó el corrido a Javier “Picos” Anguiano, famoso conocido como “El Javier del Guamuchil”.

Entonces, en las balaceras de Tepic todos los hilos llevan a Mazatlán y los orígenes se remontan a los principios de los 90, justo cuando se reventaban las sociedades de los varones de las drogas. Los Patrón se identifican como “mazatlecos”, célula de los Beltrán Leyva y también se les asocia con un grupo de Tamaulipas. Las voces gubernamentales los dan por muertos, decreto cuya base única es la muerte de sus dos líderes el “H2” y el “H9”. Pero viven y se ocultan otros líderes, uno de cierto nivel que ejercen control y dominio en buena parte del territorio cora del que pensó era el ejecutado en El Aguacate. Lo menos que esperamos es que las fuentes de inteligencia de la Marina tenga identificado esos liderazgos que sobreviven. Nosotros sabemos que los rastrean y suponemos que tienen ya a todos identificados.

Con la información y los datos a nuestro alcance el vaticinio es uno, se impone la sensación de que habrá más sangre, más muertos y otras tantas balaceras. Reportan vuelos en Xalisco, “Jalisquillo” como lo conocemos, y ese no es el mejor presentimiento.

Revolcadero

Ahora que andamos en los temas rojos nos acordamos de un incidente ocurrido días atrás. Nuestra amiga Carolina Gómez Aguiñaga hizo un comentario público. Si nuestra memoria no nos falla, sería la tercera vez que este personaje se involucra en un escándalo y uno, el primero de nuestra lista, no es del dominio público. Ocurrió hace poco más de un año y era día de asueto del famoso policía. En estado inconveniente llegó a un taller de Ixtapa, dizque con órdenes del “patrón», pidiendo cierta información. Se enojó por la negativa y sacó su pistola. Todo se acabó en la amenaza. Sus patrones, patrones de las dos vías, tomaron nota, y le dieron su jalón de orejas. Su ex jefe en la Policía Municipal,  José de Jesús Rodríguez Campoy no hizo nada. También el comandante superior supo del  caso. Pero “El Tubas” no se corrigió y sigue haciendo gala de su influencia. Fue el policía que iba al volante en la patrulla de los pasteles, la que chocó en el “semáforo de la Corona”, el domingo 16 de octubre del año pasado, cuando los campos de la 41 Zona Militar se abrieron al público y entre los asistentes estaba el presidente municipal, Arturo Dávalos Peña y el comisario Rodríguez Campoy. Nadie pudo alegar no saber del tema ni evadir asumir responsabilidades. Un castiguito menor y “El Tubas” volvió a lo suyo. El sábado, también se involucró en un incidente vial, en el tope frente a la Farmacia Guadalajara por la carretera a Las Palmas, allá por Ixtapa. Alega, y quizá tenga razón, haber sido chocada su patrulla por alcance. Ha, y que él no iba al volante, sino su patiño, Juan Mancilla Catete. Es la versión de la tropa, se aclara. Sin embargo, eso no lo coloca como un policía problemático, que no cuida las patrullas, protegido y solapado por sus superiores. De lo demás, de sus ligas con los malosos, él mismo lo presume. En las calles de Ixtapa, es tema del dominio público. ***** Vaya, el tema de la “conspiración” contra César Abarca Gutiérrez se lo quieren endosar unos a otros. No hay culpables ni responsables de la autoría por la publicación. También es tema con cierta antigüedad. Eso sí, siempre se nos aclaró que no se trata de un bloque de “todos unidos contra el César”. Pero no hay exageraciones cuando se diga del fuego amigo. ****** En Bahía de Banderas se da como un hecho que el médico Jaime Cuevas Tello encabece la alianza PAN-PRD-PT-PRS. La negociación contaría con el visto bueno del dos veces alcalde, Héctor Paniagua, el mismo que hace tres años perdió la elección por la misma alianza. Los badebadenses antipriistas confían en la buena imagen del ex alcalde para derrotar al PRI en donde se abre camino a Héctor Santana. Sin embargo, se antoja que la clave decisiva a influir en el resultado final será otra vez el Partido Movimiento Ciudadano. Y lo primero es saber el abanderado naranja. Los Guerra tienen todo controlado y no pierden. Apostaron al ganar y ganar. Los demás, que “El Chapo de Sinaloa”, son adornos de tres colores pero poco moverán los momios.

 

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