CONTEXTOS… Los priistas «patasaladas» y aquellos que reclaman el derecho de gobernar Vallarta

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Al cabo de algunos diálogos con nuestros amigos priistas, entre ellos tienen algo seguro: son ellos, y nada más ellos, quienes tienen la capacidad para frenar a un Movimiento Ciudadano con careta azul y solo se van, con ideas de ponerse en la cara una careta de independiente, quienes agotaron sus posibilidades en el partido.

No hallamos sea simple ni fácil la posición de aquellos priistas que, como dicen ellos, se la han partido toda su vida para mantener al PRI en la posición de siempre, compitiéndole al PAN antes y ahora a los mismos pero vestidos de naranja.

Les duele a ellos las repentinas apariciones de oportunistas, a quienes endosan cuando auténticamente usurparon posiciones, o más bien dicho, cargos de gobierno reclamados de por vida por esos que orgullosos se llaman “patasaladas”.

En primer término es necesario precisar un punto. La historia dice que Puerto Vallarta es una ciudad construida por migrantes. Es sabido que en buena medida hubo actividad económica hará cosa de unos 100 años. Antes, cinco o diez familias habitaban las covachas a orillas del río Cuale. El asentamiento fue pueblo, luego ciudad, por el arribo de decenas y decenas de familias que huyeron de la crisis en la parte alta de la sierra por el cierre de la minería. De Tepic llegaron también centenares de familias y le siguieron otras de la zona de la costa. A menudo nos suena exagerado y chantajista los alegatos y derechos de los que se dicen “patasaladas” de ser uno de ellos quien gobierne la ciudad.

A Arturo Dávalos Peña, hoy lo consideran uno de los suyos como antes tomaron como tal a Gustavo González Villaseñor. Vivo éste, apeló a eso y muchos creen que por eso ganó votos y la presidencia municipal. Nada más falso. En 2003, Gustavo ganó por que el proyecto del Partido Acción Nacional se agotó en una década y causó la desilusión de los vallartenses, de “patasaladas” y de avecindados.

Pero, ¿por ser “patasalada” Gustavo González fue buen alcalde? La historia dice que no y el voto popular lo ha hecho a un lado. Muchos de quienes lo apoyaron, e incluso más de uno de sus amigos y colaboradores, lo tachan de ladrón. Bien, entonces, uno que se acepte y se diga “patasalada” no es garantía de gobernar bien, ni de ser honesto ni de gobernar para el pueblo.

Pero, ¿a dónde vamos con lo anterior? Decíamos que en la clase priista hay un poco de desánimo, algo de confusión, pero mucho interés en procurarse hallar las razones del porqué la crisis del partido. Aceptan en privado la negativa de la figura mesiánica del “patasalada”, sino que la compleja realidad va más allá. Eso de los “patasaladas”, es apenas una intentona por reagruparse en un club social preñado de la nostalgia.

No pocos aceptan su realidad y muchos elevan un reto. Eso ocurre con esos priistas que deambularon toda su vida en el partido, otras veces se emplearon en cargos de gobierno, para luego irse del partido. Asumen que por ser nativos tienen tantos conocidos, mucha parentela, compadres o conocidos, capaz de ser seguido y votar por él a tanta postulación se le antoja. No es así de fácil. Citamos días atrás de las dos veces que Máximo Martínez Aguirre decía que tenía tantos amigos como para apuntarse en un proceso interno del PRI. Nunca pudo ganar un proceso. Hay muchos otros ejemplos que dentro y fuera del partido tal, se sometieron a ese escrutinio y la realidad los puso en su lugar.

A últimas fechas el PRI registró la fuga de militantes distintos. Unos quieren ser candidatos independientes y otros se cobijaron en un partido político. Ya todos saben sus nombres. ¿Preocupa al PRI? Sí. Les resta votos y suelen ser suficientes como para marcar la diferencia en una elección. Las matemáticas dicen que un factor decisivo fueron los votos que en su momento computó a su favor un Heriberto Sánchez o un Miguel Ángel Yerena Ruiz.

La fortaleza del PRI no está en las aportaciones individuales. La suma de sectores y organizaciones, agrupaciones múltiples, construyeron una estructura de la que depende el partido. El problema se agudizó cuando el partido y sus organizaciones se distanciaron de sus bases y abandonaron a sus militantes en las colonias. Los candidatos sin identidad ni arraigo y la multiplicación de gobernantes rapaces salidos de sus filas alejaron a sus simpatizantes y el pueblo les retiró su confianza. Al menos en el caso Puerto Vallarta, y no es del todo distinto Jalisco y todo el país, eso permitió el fortalecimiento de la oposición, del PRI, del PRD de todo el resto de partidos políticos. Lo curioso que el mismo fenómeno contamina al resto de los partidos y otra vez nos remitimos al caso Puerto Vallarta.

Y sí, el PRI es el único en condiciones de salir a campaña y disputarle en las calles cada voto al PAN, al MC o a cualquier partido aquí y cualquier rincón del país. Construyó en casi un siglo una forma de vida compartida por muchos simpatizantes que de vez en vez es aplastada por movilizaciones ciudadanas agazapadas atrás de un membrete.

Con sorprendente capacidad, sustituye las fugas de los viejos cuadros con un talento nuevo capaz de revivir de sus cenizas al partido.

Sí, el PRI está vivo. Habrá quienes rechacen a quien es tachado como el candidato natural, César Abarca Gutiérrez. Hasta eso nos gusta sea del todo de natural y lo es. Para otros gustos, a un lado del director del Seapal, observamos a Roberto González, que despacha en la oficina principal del Instituto Tecnológico de Puerto Vallarta. Que a nadie extrañe que César Abarca despierte voces de desaprobación dentro y fuera del PRI. El perfil de Roberto González es distinto y en todo caso complementa al primero. Tiene experiencia en la administración pública y no se le sabe de algún escándalo que comprometa honestidad ni capacidad.

Hasta donde podemos hurgar, los ejemplos de César Abarca y Roberto González no son compatibles a los del caso del Cheo Aréchiga a quien le siguen rastreando sus pecadillos en el manejo del dinero en una dependencia estatal. Esos arrebatos calenturientos son los que afectan al PRI y éste es uno a los que se les debe cerrar la puerta.

Revolcadero

El arranque de las fiestas patronales de Las Palmas causó un susto a toda la comunidad. La coronilla no se levantó derecho al cielo sino que saltó a la parte alta de la capilla y cayó a unos metros del campanario donde un chamaco jalaba de un mecate para hacer sonar las campanas y anunciar la quema del castillo. Justo en donde cayó el incendiario aro se hallaban otros cohetones almacenados y el jolgorio del pueblo en la plaza se transformó en gritos. El estruendo se escuchó en todo el pueblo, según nos dijeron amigos. Es más, quien sabe si de broma o de chiste, nos dijeron que el ex regidor, Oscar Ávalos es uno de los que más se asustó. Pero la fiesta continuó y sigue. Ya les confirmamos a nuestros amigos que por allá les caemos el fin de semana.****** Se habían tardado. El dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones admitió ya que al PRI se le han metido bandidos y narcos. Pero que les van a quitar las candidaturas. Eso sucede en Tamaulipas. Eso sí, no dejo ir limpio a los panistas y sostiene que el abanderado azul al gobierno estatal, está apoyado por los malosos. Nada que extrañe ni asombre al público y menos en aquel estado fronterizo.****** Nos dicen de Guadalajara ya la están haciendo corte y recorte al equipo de Salvador González Reséndiz. De las decenas que se llevó a trabajar, ya la quedan menos. Lo que no sabemos es a donde fue a dar Jesús Sánchez. Recomendado de Poncho Bernal que ya causó baja. Eso sí, el que se ganó a creces su chamba es nuestro amigo y  paisano, Víctor Hugo Fernández Flores, que sigue construyendo hospitales y otros edificios por todos los rincones del estado. De vez en ves, lo veo encerrado con el gobernador y otros funcionarios del gabinete.******  Desde acá nuestro abrazo solidario a nuestro amigo Arturo Sánchez por la pérdida irreparable des su padre en Apatzingan, Michoacán. Mucha fuerza hermano que de antemano se las tienes y muchas para superar tiempos agrios.

 

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