CONTEXTOS… Puerto Vallarta: La antesala del infierno

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Por Gerardo Sandoval Ortiz.- Cierto anochecer, ya con el sombreado de las lunas de octubre, varias unidades militares hicieron “alto estratégico” para afinar detalles de su incursión a un fraccionamiento en Ixtapa. Iba el operativo dirigido a un jefe de plaza. Pero cometieron un error: los jefes militares bajaron de sus unidades y hablaron al lado de un viejo auto abandonado. Ahí descansaba un “colaborador” voluntario de los malosos quien con la información caliente, apenas se sintió fuera de la vista de los de color olivo y corrió a dar el aviso. Esa noche se ganó una buena dosis pues ayudó al “jefe” ponerse a salvo.

Lo anterior parece de película pero es real. Ocurrió a principios de octubre. El morador del auto abandonado, un adicto declarado ajeno a los malosos, le contó el relato al autor. Platicó la historia con cierto regocijo pues añadió que uno de los malosillos quiso quedar bien con el jefe diciéndose el autor del “pitazo”.

Se nos vino a la memoria la breve historia a raíz de los últimos sucesos vinculados, sin duda, a la presencia de la delincuencia organizada en el municipio. Si un afortunado adicto que estaba en el sitio indicado que le permitió saciar gratis sus ansias por su dosis de sustancia blanca descarriló un prometedor operativo militar contra un jefe local, es la reafirmación de que en la calle todos afirman: la presencia de quienes monopolizan el mercado de las sustancias prohibidas están en todos lados.

Diez días atrás mataron a José Bernal Romero, un empresario camionero y de los espectáculos que por ser miembro de la familia respetable y respetada de la ciudad, causó mucho pesar en la ciudad. Lo asesinaron en las puertas de una empresa de transporte de valores en donde se supone abundan, por ejemplo, cámaras de video. Pero los ejecutores pudieron escapar con relativa calma y a casi dos semanas nada se sabe de los verdugos.

Este domingo 18 por la mañana, en el rincón del fondo de una calle de Fluvial Vallarta localizaron una camioneta Chevrolet blanca y en su interior el cuerpo de otro ejecutado. Era Raúl Díaz Hernández, charro por gusto, como el empresario Pepe Bernal. Ya la prensa vallartense brindó detalles al respecto. A Raúl Díaz lo torturaron.

Cuando la muerte de Bernal Romero, trascendió una versión probable de su muerte. Se habló inclusive de Raúl Díaz y un tercero de una “lista negra”. Uno presumiblemente fue cazado en Guadalajara. Pero Raúl Díaz desestimó todo y se desentendió del destino de su amigo Pepe. No implementó medidas de seguridad sobre su entorno personal y desde el jueves 15 se reportó su desaparición. “Lo levantaron” dijo uno de sus amigos. Su caso fue tema de plática viernes y sábado. La coincidencia era una: lo van a matar.

Ya el domingo por la mañana se consumó la peor noticia. Habían hallado muerto al charro Raúl Díaz en Fluvial Vallarta.

Es casi seguro que las dos ejecuciones están vinculadas y responden al mismo móvil. Y no nos referimos a que las dos camionetas son color blanca y Chevrolet y más o menos de un mismo modelo. Los dos, Pepe y Raúl,  cometieron el mismo pecadillo, o al menos estuvieron -por equivocación o por voluntad propia- a la misma hora y en el mismo lugar equivocado. Quién sabe si en las investigaciones pero en la calle se multiplican historias y nombres de quienes estarían atrás de los dos atentados.

Por los sucesos con registro en los últimos años, todo indica que la realidad ya nos alcanzó acá en Puerto Vallarta. Hasta hace poco nos alarmábamos y hasta nos horrorizábamos cuando devorábamos historias de sucesos en ciudades con fama de violentas. Nos sentíamos vivir en un paraíso, un edén donde todos estábamos vacunados contra el virus de la narcoviolencia. De cierto modo, festinamos que un Mazatlán, Acapulco, y hasta Cancún se revolvía en la violencia y perdían turistas a causa de balaceras. Hace ocho años, en 2008 hubo los primeros brotes violentos. Los turisteros pidieron simular el momento y enviar mensajes de que todo estaba controlado. “Son hechos aislados”, se dijo. Se apaciguó el mismo año. Pero todos sabían que las condiciones estaban dadas y que “alguien”, un grupo específico se había asentado en Puerto Vallarta. Cierto, hubo sucesos violentos tachados de “aislados” pero todos respondieron al mismo fin, el de mandar señales de estar dispuestos –los mandones- a hacerse respetar por los métodos más violentos si obstruían el negocio. Así como desterraron a quienes no se alinearon a los nuevos dueños de la plaza, con demostraciones de poder atentaron contra aquel fugaz jefe policiaco de Ramón Guerrero Martínez, Roberto Rodríguez Preciado.

En Puerto Vallarta alguien impone la ley y no necesariamente son los jueces, mucho menos policías preventivos o ministeriales. Las fuerzas armadas, marinos y soldados, hacen lo que pueden, pero son ocasionales, o más bien temporales, su presencia y rondines en las calles de la ciudad.

Imposible saber a ciencia cierta qué realmente está ocurriendo en las calles de la ciudad, en materia controlada por los malosos. Pero se ve, y eso es lo importante y lo que prevalece, que la violencia muestra indicios de ir a la alza. Se fue José de Jesús Rodríguez Campoy y no hay control de la ciudad. En Guadalajara dicen que los del mismo grupo libran su propia guerra. Acá en la costa hay más ojos y mayor control. Con presencia en todo el terreno, las causas de la violencia doméstica apuntan a otra cosa. Pero sí, hay costos y este es doloroso y mantiene postrada en duelo permanente a la ciudad. Ojalá y este sueño no se prolongue y para esto, vale el esfuerzo de todos, de nuestras autoridades y de los ciudadanos.

Revolcadero

Resultó que la asamblea electiva del ejido Las Juntas resultó no propia para cardiacos. Bueno, hasta nuestro amigo Rafael Montes Escopa literalmente se cayó para atrás. Toño Arreola Pérez, también amigo personal, competía contra el profesor jubilado, José Luis Castro García, la presidencia del ejido en mención. Una primera ronda arrojó un empate. Cada uno, con su respectiva planilla claro está, contabilizó a su favor 29 votos. Con el empate en la mesa se pidió un receso de una hora. Revisaron la lista de los ejidatarios presentes y repararon en la ausencia de dos señoras de edad algo avanzada, que no gritaron “presente”. Era la viuda de Sabás Espinosa. Representantes de las dos planillas coincidieron en decir que era un incógnito saber a favor de quien iban a votar la viuda, como también, la señora Salgado, la otra ausente. Se acordó integrar una comisión para ir a buscarlas y presentarlas en la asamblea. Las hallaron en casa pero las dos damas se negaron asistir. Se consumó la hora y arrancó la segunda ronda de votación. No se sabe quién ejecutó la “venganza” pero un ejidatario le “voltéo bandera” a Toño Arreola y dio ese segundo voto a favor del profe José Luis Castro. La derrota no le cayó bien a Toño Arreola que apenas probó el plato de la comida en los patios del salón ejidal, se levantó y se fue a perder a uno de sus ranchos. Toda la tarde del sábado, domingo y mañana del lunes prefirió no contestar (por lo menos al autor) llamadas de su celular.****** Líneas arriba, citamos a nuestro amigo Rafa Montes Escopa. A él lo saludamos personalmente la noche del sábado, en la plaza de Las Juntas, ahí frente a la iglesia. De lejos percibimos que era un seguidor del profesor José Luis Castro García. Como buen apostador le puso pesos sobre tostones. Tenía razón. Ganó su planilla. Pero nos quedamos con un dato que nos proporcionó que nos dice que no estaba tan seguro. Nos confió ese sábado que de última hora, se planeaba modificar la planilla del maestro jubilado, que iban a mover a Fernando Mendoza Bernal, que de tesorero, lo dejarían en el Consejo de Vigilancia. Al final, sacaron sus cuentas y dejaron la planilla sin cambios. Así empataron primero, y luego ganaron con un voto. Les sirvió a los Montes de San Nicolás, y a los Mendoza, convencer a Laos Hernández, el de Carboneras, abandonar a los Arreola, y jugársela con los “contras”. Considere, que uno de los Mendoza –Carlos- quien por cierto se desempeña como administrador de los panteones municipales, tiene residencia en la zona alta de El Pitillal-Coapinole, y con su hotel es vecino de Carboneras. La planilla ganadora representa los intereses del actual presidente del comisariado, Jorge Mendoza Bernal.****** Rafa Montes se merece triple mención. No es por ganar apuestas sino porque así como anda de chueco (físico, no de otra chuecura) es quien más festinó la victoria del profesor jubilado y la derrota de Toño Arreola. “Se rompió el pasamanos por segunda vez” nos dijo. ¿Qué quiso decirnos con esa frase”. Que desde que él -Rafa Montes- pudo ganar “a los ricos” una elección del ejido, el profe al fin pudo derrotar a las familias que hace cinco lustros ejercían el control del ejido Las Juntas. Montes Escopa ganó dos veces una elección ejidal pero después de que Efrén Isas Venegas derrotó a su grupo, allá a principios de la década de los 90.******* Nuestros amigos de la colonia Riviera Santo Domingo, un caserío que sufre hasta para ganar la denominación de “colonia” y tal vez es el de mayor abandono de las autoridades, nos presumieron que le organizaron su fiesta de cumpleaños a César Abarca. Es el director general del Seapal, la paraestatal que provee un servicio tan vital como es el agua potable a los vallartenses. Deja dividendos empolvarse los zapatos en las colonias populares y César Abarca lo hace tantas veces puede en la semana. A los vecinos les agrada ese tipo de visitas. Festejó su cumpleaños llevándoles una gran noticia: agua entubada a partir de enero. Los vecinos ofrecieron pastel y hasta un improvisado festejo pues se dijeron agradecidos porque al fin se les atendió una demanda tan antigua como el surgimiento de la primera casa en ese asentamiento de ixtapense.

 

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