CONTEXTOS… Sayulita, los contrastes de un ‘pueblo mágico’ olvidado por autoridades

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Por Gerardo Sandoval Ortiz / Cuando en septiembre pasado la Secretaría de Turismo declaró a Sayulita Pueblo Mágico, mereció muestras de júbilo y algarabía, no del pueblo sino de representantes de gobierno de Bahía de Banderas y del Nayarit. Los pobladores recibieron la noticia con escepticismo pues son ellos quienes sufren del desdén de los gobiernos. Viven con un relativo progreso y cierta prosperidad, pero lo ganado por el esfuerzo de ellos, acostumbrados por ejemplo a vivir en arroyuelos de aguas negras que todo el año corren por sus callejones y van a dar, a veces al mar, a veces al pequeño río que también descarga sus aguas a su playa.

En enero se realiza el Festival Sayulita, cinco días de cine, música, alcohol y surf. Sayulita es famoso por sus olas que permiten la práctica del surf. En febrero se celebra el Mexi Log Fest, evento del calendario anual de Surf Longboar. En Semana Santa se vive una auténtica fiesta popular, mucho más que en las fiestas tradicionales del Día de la Bandera, que hoy en día transcurren y cierra el jolgorio el próximo 24 de febrero. En sus muchos restaurantes se puede disfrutar de excelentes artistas de música de jazz, blues, reggae. Sus visitantes pueden acudir a sesiones de masaje turco, tailandés. Dos decenas de hoteles ofrecen habitaciones a precios accesibles. Son tarifas familiares pero también se permite acampar en playas y quien prefiere, rentar un espacio en “trailerparks” plagados de palmas de coco y árboles frutales.

Sayulita dejó hace ya muchos años en ser un pueblo apacible. Extranjeros que huyen del frío invierno se instalaron y poco a poco compraron casa o construyeron residencias en lo alto de los cerros aledaños al antes pueblo de pescadores.

Nuestra afición al beisbol nos permitió conocer ese pueblito a finales del año pasado. En  cinco lustros, si acaso una vez registramos una ida. Nos sorprendió atestiguar los alrededores del estadio de beisbol. En las laderas del arroyuelo, los animales de renta, caballos y uno que otro burro, dejan el olor de su huella. Sin duda hay contaminación. Pero por sus calles, por cierto bien empedradas, en lo que a leguas se nota es su “zona residencial”, fluyen aguas a flor de piso. Desprenden un olor característico de aguas jabonosas, por no decir aguas negras y contaminadas.

Ese es el Sayulita que descubrimos en nuestras visitas al parque de pelota. De golpe y porrazo hallamos el estado real en el que a diario viven sus habitantes. En charla con amigos y familiares, pregunta de por medio, se quejaron del desgano visto en sus autoridades para atender sus necesidades primarias. Nos dijeron haber escuchado que Sayulita es “el pueblo de la mierda” y confesaron no tener modo para refutar. Naturalmente, es exagerado sostener dicha frase pero no es mentira que al pueblo le urge equiparse con un eficiente sistema de drenaje.

Las fiestas del Día de la Bandera es su fiesta anual de mayor tradición. Cada año, al corte del listón acude el presidente municipal. El año pasado anunció su visita el gobernador Roberto Sandoval Castañeda para el día del cierre. Pero van a tomarse la foto pues luego se retiran. El alcalde José Gómez se dejó ver precisamente cuando había juego de beisbol de la Liga Nayarit. El beisbol es el deporte popular del pueblo. El alcalde llegaba, saludaba, se sentaba un rato y salía a toda prisa. A veces iba con su cofradía de periodistas incondicionales. Pero no acostumbra recorrer las calles del pueblo mucho menos recoger peticiones, demandas, pedidos de obras para el pueblo. Bueno, en honor a la verdad, alguien nos dijo que un domingo fue a bailar al quiosco del pueblo.

Las autoridades del pueblo, el delegado municipal, Jesús Rodríguez Plascencia y el Comité de Acción Ciudadana, son auténticas comparsas del alcalde. Igual conducta agachona la asume el presidente del ejido Genaro Parra Covarrubias. No hacen nada por su pueblo sino todo lo contrario. Los Parra, Genaro y su hermano Rogelio, son tachados como los peores depredadores de las zonas de cocoteros. Y eso que el abogado presume ser panista, alguna vez subprocurador de justicia del estado, cuando al frente estaba nuestro amigo, Jorge Armando Bañuelos Ahumada. Pero nos dicen que está “alineado” a los intereses de Pepe Gómez.

Dadas las deplorables condiciones en que hallamos al pueblo, se nos antoja para que el laureado reconocimiento de Pueblo Mágico quede en el ridículo que alguna vez hicieron las autoridades con la Isla de Mexcaltitán. Se logró que la Secretaría de Turismo recibiera el nombramiento, por las condiciones naturales de la encantadora isla. Pero nada hizo para que el gobierno estatal diera atención al pueblo y el nombramiento se le retiró en menos de que canta un gallo.

En septiembre se otorgó el nombramiento y en diciembre se colocó una placa en Sayulita. Pero, ni el estado ni el municipio han hecho lo suyo y mantienen en el abandono a los pobladores. Por sus calles fluyen aguas negras. Al pequeño arroyo que pasa a un costado del estadio de beisbol y cruza medio pueblo, van a dar las boñigas de vacas y de caballos que todo el día son amarrados y pastan en los márgenes del arroyuelo. No se nota que de menos hayan dado alguna manita de gato a los edificios o a la plazuela pública. Las condiciones en las que se encuentra el pueblo en general son tan deplorables que hasta vergüenza sienten algunos lugareños.

Pero bueno, que a nadie engañe el gobernador de Nayarit Roberto Sandoval ni el alcalde de Bahía de Banderas, José Gómez. Sayulita jamás reunió requisitos para ser considerado Pueblo Mágico. Por ejemplo, se necesita mantener y conservar símbolos propios y una arquitectura única. No vemos leyendas ni hechos trascendentales como tampoco se cumple en ser un pueblo muy antiguo por historia y cultura. Se mantienen ciertas tradiciones y costumbres pero estas no van más allá de un pasado reciente. Nada de eso hay en el pueblo.

Lo que vemos en cambio es la voraz rapiña política de sus actores. Cual puntada de gobernador y alcalde, nada raro en ellos, un día se les ocurrió que, para atraer dinero de programas federales, podían hacer de Sayulita Pueblo Mágico. Corrieron trámites con tan buena suerte que en septiembre lograron su trama. Ellos saben que el pueblo no aplica en el programa pero se movieron con la vista puesta en sacar provecho del programa. José Gómez ha sido tan incapaz que ni siquiera tiene un programa enfocado al desarrollo turístico del municipio. Conste, en el legajo de requisitos para concursar éste es otro requisito.

Por lo demás, no es nuevo esto de que los políticos busquen acceder a recursos federales a base de sus mañas y mentiras. Son capaces de recurrir a presiones políticas y muchos gobernantes así lo hicieron con el programa de Pueblos Mágicos. Estos comportamientos reventaron el programa hasta casi obligarlo a desaparecer en el sexenio pasado. Por eso al principio de la actual administración federal se detuvo el programa para una exhaustiva revisión. Así fue como hallaron que los propios gobernantes hicieron de las suyas para obtener unos cuantos pesos. Hubo nuevas reglas de operación pero dichos lineamientos no bastaron para detener el manoseo político de esos títulos. El ejemplo está en Sayulita. Antes de septiembre vendrán las revisiones y mediciones, también la correcta aplicación de los recursos obtenidos. Vergüenza será que se le retire el título a tan noble poblado. Porque, hasta ahorita, nadie sabe si hubo recursos federales ni en donde se han aplicado. Y de septiembre a la fecha ya casi pasó medio año y no se ve ninguna transformación ni beneficio para Sayulita.

Revolcadero

El programa de Pueblos Mágicos, más allá de representar un derecho a ciertas partidas de dinero, lo que en realidad mueve a sus gobernantes, representa en muchos casos certeros atentados al valor patrimonial de los pueblos. No en pocos casos, los pueblos han rechazado el programa por estas razones, por la amenaza al patrimonio de esas pintorescas poblaciones que a lo largo de décadas, de siglos, han sabido mantener sus edificaciones antiguas, sus ancestrales costumbres y tradiciones populares. Se imponen estas decisiones cuando se vive lejos de las tentaciones del dinero ajeno, ganancia económica vista en los ojos de José Gómez y de Roberto Sandoval, los que hacen de Sayulita su botín personal. Con dinero de por medio, a un político nada le importa conservar la identidad de los poblados.****** De vez en vez llegan de Guadalajara noticias alentadoras. Lo anterior porque días atrás la Comisión de Puntos Constitucionales del Congreso local aprobó elevar a rango constitucional la iniciativa que impondrá que ningún funcionario tenga un sueldo arriba al del ejecutivo estatal. Aunque nadie lo crea, en la entidad hay más de medio centenar de funcionarios con sueldo de escándalo. La lista es larga: el presidente del Supremo Tribunal de Justicia y los 33 magistrados; todos los consejeros del IEPC, el Auditor Superior del Estado, los seis magistrados de tribunal Administrativo del Estado y varios etcéteras. Solo por comparar, Luis Carlos Vega Pámanes, el que por cierto fue director de la Policía Municipal en la primera parte de la gestión de Javier Bravo, cobra religiosamente cada mes 251 mil 726 pesos y Aristóteles Sandoval 166 mil 195 pesos. ¡Ha! y viene también algo interesante para el municipio. Se exigirá que la nueva reglamentación local prohíba que nadie tenga un sueldo arriba al del presidente municipal. ****** Nos dicen que los priistas ya casi se pusieron de acuerdo y que van a poner al “Coco” Velázquez, Socorro por nombre de pila, como su nuevo dirigente estatal. Ni modo, nuestros amigos del PRI ya se olvidaron del discurso del nuevo PRI y reviven a aquel viejo dinosaurio que de Los Altos llegó a Guadalajara y llegó a las ligas mayores de la política nacional.

 

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