El arraigado mal de la corrupción que tanto presume AMLO haber extinguido

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Hubo un jovencito que pidió la oportunidad de probar su valía como servidor público y eligió ser policía municipal para demostrar que se podía ser un policía honesto. De esa experiencia se arrepintió el resto de su vida; por lo menos en Puerto Vallarta no había cupo para ser un policía íntegro ni justo. Sus compañeros lo hostigaron, sus superiores lo castigaron y en unas semanas fue obligado a renunciar y supo que para ser policía, se requería ser malo, muy malo… y muy corrupto.

En poco tiempo aquel amigo se perdió en el anonimato y nunca supimos qué fue de él. Una de sus últimas inquietudes fue pedir oportunidad de ser periodista pero pronto se despidió para dedicarse a otros oficios.

Del amigo nos acordamos ahora que el secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán gritó a todo pulmón en la mañana de Palacio Nacional que en el país no hay servidores públicos honestos y como consecuencia padecemos el arraigado mal de la corrupción.

El titular contradice a su comandante supremo, el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador que por aparte ha sido reiterativo en presumir que ya no hay corrupción en México, que la corrupción ha sido extirpada.

La presunción de Amlo, que ya no hay corrupción, más bien es lo que él llama politiquería. Pudo bajar el nivel de corrupción pero ese mal sigue estando presente en oficinas del gobierno federal, como en dependencias estatales o en cualquier municipio del país.

La corrupción campea entre nosotros tanto o igual que se estableció desde los tiempos de la colonia, que se institucionalizó durante la dictadura de Porfirio Díaz, se perpetuó en los gobiernos postrevolucionarios –priistas- y, ya sin distingos de colores, se consolidó en los gobiernos panistas.

El régimen mexicano, que en el esplendor del priismo el escritor peruano definió como dictadura perfecta, en realidad siempre ha sido una maquinaria delicadamente bien lubricada para enriquecer a sus gobernantes, políticos. Todo funcionario, tendrá la encomienda de servir a sus jefes superiores y así ganará el derecho a formar parte de los sobornos.

El llamado “sistema de Díaz” funcionó sobre las mismas bases a las que se han sujetado por ejemplo, la familia presidencial, los hermanos López Obrador, una prima, amigos y compadres.

Nadie, ni ahora en los inmaculados tiempos de la Cuarta Transformación, puede desprenderse del institucional soborno del “sistema Díaz”. Escribió el periodista gabacho, John Kenneth Turner en las postrimerías del porfirismo: “El soborno es una institución establecida en las oficinas públicas mexicanas y reconocida como un derecho que corresponde al funcionario que ocupa el puesto. Es, además, una institución respetada. Hay dos funciones principales adscritas a cada puesto público: una de ellas es un privilegio, y la otra un deber. El privilegio consiste en usar las facultades especiales del puesto para amasar una fortuna personal. El deber consista en impedir a la gente emprender cualquier clase de actividad que pueda poner en peligro la estabilidad la estabilidad del régimen existente”.

La gran Revolución Mexicana tenía por fin acabar con las desigualdades de la república de México, distribuir la riqueza, proveer de tierra a los pobres, poner fin al latifundismo, establecer la democracia, un alto a la reelección, entre muchos otros objetivos. Costó muchas vidas y un siglo después es vigente el debate de si se logró cumplir la demanda de los revolucionarios.

El régimen de la 4t no va a salir bien librada y el líder, Andrés Manuel López Obrador fracasará en su apuesta de extirpar la corrupción. Con Amlo, los políticos es una casta de privilegios, como lo fueron los generalotes o los científicos del porfirismo o los generales que gobernaron la república toda la primera parte del siglo pasado.

Cuando trascendieron los videos de los pillados Martín y Pío López Obrador se confirmó que la familia presidencial cojea del mismo pie que cualquier miembro de la familia presidencial del porfirismo, prefecto o jefe político, y de los gobiernos revolucionarios priistas.

Los Píos, la prima, y hasta los hijos de López Obrador, son portadores de los genes de la misma calidad a la de cualquier miembro de “la familia feliz”, de los Alemán, Echeverría y cuñados, López Portillo, la esposa, hijo, la hermana Margarita, Salinas de Gortari y sus hermanos, y en consecuencia los podemos dar por hermanados. No hay forma de aceptar la máxima de López Obrador, de que ellos son diferentes a los de antes. Los hechos solo confirman que son tan iguales que no se alcanza a distinguir alguna diferencia entre la nueva casta política llegada del sureste, de Tabasco, con la de los bárbaros barbados del norte, los Madero y los Carranza de Coahuila, o los Obregón y Elías de Sonora.

Ardua tarea la que el vicealmirante Rafael Ojeda se propuesto, de crear servidores públicos con nuevos valores y principios. Probablemente irrite a los servidores públicos de carrera al generalizar su afirmación de no haber un servidor público probo. López Obrador asentirá la contradicción pues no está preparado para refutar a ningún comandante de sus fuerzas armadas.

El presidente de México sabe perfectamente que la 4t es suya pero también está consciente que dependerá del empuje de un grupo de súbditos que han aceitado el engranaje que permite caminar la maquinaria de gobierno. Son funcionarios, secretarios de estado, intocables, aliados estratégicos de los que no se puede desprender por nauseabundo que sea el tufo que desprenden. Porfirio Díaz hiló nueve relecciones y sumó 36 años en el poder ayudado por infames generales y déspotas políticos, y los priistas gobernaron por siete décadas al país, la “dictadura perfecta” lubricada por lo peor de la clase política contemporánea.

Revolcadero

René Juárez Cisneros.

En enero de 1992 Puerto Vallarta fue sede de una reunión de presidentes de municipios costeros en un hotel construido por la familia Altamirano, a orillas de la desembocadura del río Nogalito. Esa vez saludamos al amigo Avelino Márquez Ortiz, alcalde de San Blas y compañero de estudios, quien al recibir un informe de estragos por un temporal, abandonó los trabajos y retornó al viejo puerto. Fue cuando colapsó el puente del río Mascota en La Desembocada. Un alcalde guerrerense nos llamó poderosamente; era René Juárez Cisneros, un treintañero político orgullo de sus orígenes afromexicano. Aquí en Puerto Vallarta era de especial interés conocer la experiencia de la autoridad del famoso destino de playa mexicano por la decadencia que registraba aquel destino, el fenómeno de “acapulcanización”. René Juárez protagonizó en los siguientes años una relampagueante carrera política y fue gobernador antes del milenio. En abril contrajo el Covid y este domingo se reportó su muerte. Había sido dirigente nacional del PRI y al momento de fallecer coordinaba a la fracción priista en el Congreso federal.****** Supimos, por reporte directo del servicio de ambulancia del municipio, del triste fallecimiento de un vecino del Condominios Zoho City de la calle María Montessori en la zona hotelera norte a causa del coronavirus. Elementos de la ambulancia B-79 acudieron al número 360 en atención el reporte de un paciente de 60 años de edad que tenía dificultades para respirar. Lo hallaron con amorotamiento en los labios y un familiar solicitaba apoyo de la unidad para atenderlo por padecimientos del dicho virus. La paramédico Linda Medellín revisó al paciente y confirmó a un familiar el deceso del enfermo. Se hizo del conocimiento de un agente del Ministerio Público quien indicó a la familia hacerse cargo de los trámites y pedir el apoyo de servicios funerarios.******Por cierto, los reportes de Seguridad Pública son en exceso explícitos cuando se trata de destacar favorablemente los reportes de sus policías. El siguiente no tiene desperdicio: “Siendo las 19:00 horas, los elementos de la Unidad GN-713306 se encontraban en su recorrido de vigilancia por la Avenida cruce con 20 de Noviembre en la colonia del Toro, donde observan a un masculino quien al ver a los elementos comenzó a insultarlos verbalmente diciéndoles: “chinguen a su madre, pinchis rateros…”. ¿Qué ocurrió enseguida? Los genízaros  descendieron raudos y veloces de la unidad, entrevistaron a Jocelin “N” quien reaccionó de manera agresiva, por tal motivo se la llevaron y la pusieron a disposición del juez en turno. Y no, no sabemos más de “Jocelin”, si es mujer o si realmente un “masculino”. *******Los amigos de Las Palmas y de Tebelchía se sorprendieron este lunes al ver la presencia de elementos de Policía y de tránsito municipal enviados a un operativo en el Llano de la Palma Sola. Ya se había avisado de la cancelación de La Paseada pero la autoridad municipal consideró importante apersonarse en el sitio para invitar a quienes acudieran con intenciones de acampar a orillas de la afamada laguna al pie de la carretera Las Palmas-Tebelchía. El reporte fue un “sin novedad”.

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