El asunto del rastro saca a relucir las corruptelas del «Mochilas” y Munguía

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz /

Ignoramos si el mono del amigo Pillo Curiel es del día pero sus trazos resumen una semana de noticias y reduce una campaña de tres meses a una cuenta de 9 segundos de protección, la que anticipa la cuenta de diez, la del nocaut.

El mono de Pillo es simple de entender. Está un hacha matapuercos, su medio filo mordiendo una urna electorera y asomando el rostro en la puerta de la zahúrda, el corral del rastro, se ven las figurillas de quienes serían en apariencia Ramón Guerrero y Luis Munguía.

El corto texto de la obra es magistral. “Yo nomás vendí las calles de Vallarta. Pero tu vendiste el rastro”, es el reclamo virtual de Munguía a Guerrero Martínez; éste le revira en el tono cotidiano de su trato a Munguía con un “cállate baboso”.

El antepasado fin de semana se conoció que los nuevos propietarios del rastro municipal reclamaron al ayuntamiento el fin del periodo de gracia y le entregue ya la posesión física del inmueble. El matadero es una de las muchas propiedades que Ramón Guerrero como alcalde “vendió”. Ahí apareció una manta donde se reclama abiertamente al “mochilas” haber vendido el rastro. Nadie se adjudicó la manta. Se despide el tufo político en el mensaje.

De origen extraño y misterioso, también sospechoso, se supo de la existencia de un escrito atribuido a una Unión de Tablajeros de Puerto Vallarta. En las circunstancias concurrentes todo daba forma a un fondo político electoral. Acá nada se deja a las coincidencias.

Valente Torres Dávila suma casi tres lustros al frente de la Unión de Introductores y tablajeros. El ganadero es conocido por su percha de toros de jineteo y lidera la única agrupación de carniceros. Él, como su antecesor Pillo Palomera, no conocen a ninguna otra organización que aglutina al más de un centenar de empresarios del ramo.

La semana pasada ha sido de consecuencias catastróficas para Guerrero pero también para Luis Munguía. A los dos les pegó el asunto del rastro. El primero fue alcalde en el periodo 2012-2015, y al final del mismo, a horas de pedir licencia para competir por la diputación local, solicitó desincorporar 18 propiedades para venderlas y obtener recursos dizque para pagar adeudos. Hoy, de la diputación local, otra vez se propone saltar de cargo, pero busca la diputación federal.

Luis Ernesto Munguía González fue con Guerrero regidor y en ese tiempo se le endosó la responsabilidad de elaborar un dictamen que concluyó con la venta de la céntrica calle Francisca Rodríguez, allá por la zona romántica. De regidor, Munguía brincó a la diputación federal y ahora vuelve nuevamente a saltar de carril, pues es candidato a la diputación local.

Entonces, Ramón Guerrero y Luis Munguía, pretenden intercambiar sus respectivas diputaciones de las que pidieron licencia para retirarse temporalmente y hacer campaña. Ellos dos tienen una “sociedad” y juntos hicieron frente contra Arturo Dávalos Peña tratando de impedir que éste solicitara su reelección al frente de la alcaldía. Eso en el Movimiento Ciudadano. Sin embargo, los dos juntos fracasaron. Jugó en contra de ellos actos tan negros como su conciencia pero sobre todo los antecedentes de la venta de bienes municipales, (la calle allá por La Playa de los Muertos atribuida a Munguía, el rastro y otros, acto de Guerrero), se convirtió en el arma más efectiva de sus adversarios en campaña.

Apenas surgió el escándalo del rastro, con el añadido de la manta y el supuesto escrito de los carniceros donde amenazan con subir un 30 por ciento el precio de la carne, Ramón Guerrero ordenó redactar una denuncia y la llevó a la fiscalía. Pudo detener, aunque sea por uno o dos días, la embestida a su persona y a su campaña. El discurso de sus adversarios en campaña se mesuró pero no en las redes sociales.

En diez días el resultado ha sido demoledor para su imagen, la del “mochilas”, y también la de Luis Munguía, llevado entre las patas por su ventajoso “socio”. La necedad de refrendar su amasiato político, no romper su tutela y renovar su pacto político con Guerrero, lo arrastró a las pestilentes arenas movedizas del pantano electoral.

Los operadores del dúo Guerrero-Munguía debieron adelantarse al escenario del momento. Hoy la sociedad está más despierta y tiene a la mano las herramientas de las redes sociales. Es aquí en donde se exponen los pecadillos mochilezcos y brota el hedor de los cadáveres que por años ha guardado en su closet.

Más allá de la denuncia, se le acabaron pronto sus argumentos de defensa y recurrió a su treta preferida, ocultarse de los vallartenses, probablemente irse a la sierra a reanudar su campaña y eludir a quienes consideran encararlo y reclamar por sus actos de alcalde.

No supimos de Ramón Guerrero, tampoco a su equipo de campaña, ejecutar maniobra alguna para reducir el daño de aquel escrito atribuido al fantasmal Jesús Villa Velazco, quien como supuesto líder de los tablajeros del municipio, amenazó con elevar el precio de la carne en un 30 por ciento. El cierre del rastro los obliga a usar el rastro del vecino Bahía de Banderas y eso implicaba mayor gasto. El supuesto escrito, cuya existencia en circulación resultó apócrifa, sería desmentido dos o tres días después por Valente Torres, a quien en la última década se la reconoce como el líder real, de carne y hueso, de los introductores, tablajeros o carniceros, en el municipio.

Pareciera que Ramón Guerrero se quedó sin asesores en del área de prensa. Cualquier equipo de prensa de un candidato con mediana malicia reacciona con facilidad para reducir el costo electoral y reducirlo a un impacto cero. Pero “el mochilas” adolece de asesoría en el área de prensa. En Puerto Vallara  no hay agrupación de carniceros a no ser la de tablajeros que en los últimos 20 años la han liderado Pillo Palomera y Valente Torres. “El Chuy Villa” más conocido es Jesús Villaseñor Luna y meses atrás falleció. Y tampoco es “Chuy Villa Monteón”. Nos hablaron de un tal Jesús Villa, dueño de una modesta carnicería pero negó tal autoría y dijo desconocer el escrito de marras.

La carta, por su contenido y por su origen, sobre todo por el garabato endosado resultaba sospechosa a la primera malicia. El cierre del rastro fue de apenas dos días, los mismos que los introductores recurrieron a las instalaciones del rastro de Bahía de Banderas. Se renegoció continuar con el uso de las instalaciones del matadero local y todo indica que se mantendrán hasta que se concluya los arreglos del nuevo rastro en Ixtapa.

Ahora, lo real y palpable, lo tangible y cierto, es un acto consumado por Ramón Guerrero en su calidad de presidente municipal y es la venta de del rastro. La venta del rastro fue una de muchos otros bienes patrimoniales más. Arguye haber sido para salir frente a deudas heredadas por sus antecesores priistas. Sin embargo, a nadie logra convencer de haber sido justas y legales sus ventas. Probablemente son lícitas. Pero como acto existe el hecho.

Sirva en defensa del “mochilas”, lo cual ni por asomo es la pretensión del escrito, la exposición reiterativa aquí del dudoso origen del escrito del misterioso “Jesús Villa Velazco”, en donde subraya el aviso de que hará un incremento del 30 por ciento en el precio de la carne. Ni tontos que fueran mis amigos priistas para dejar pasar tan preciosa oportunidad, la de agilizar la circulación a un escrito de tal naturaleza. En una campaña se trata de tupirle al adversario. No es difícil observar que han sido militantes y simpatizantes del tricolor quienes compartieron el supuesto escrito del carnicero. Ellos están en lo suyo.

Particularmente en la última semana ha sido demoledor el golpe a “el  mochilas”. A su socio” Luis Munguía también lo tienen en la lona. Los efectos también se resienten en los demás candidatos del Movimiento Ciudadano. Sus adversarios directos, César Abarca y la maestra Violeta Becerra, viven días de un regocijo natural. Ellos palpan como nadie en la calle el repudió a los dos naranjas, a Guerrero y Munguía. Los ven tirados en la lona y al unísono gritan la cuenta de protección. El caso del rastro municipal mantiene al “mochilas” en la cuenta de nueve. También a Munguía.

Revolcadero

Como que los seguidores del “ya sabes quién”, y también los de Laurel Carrillo y Bruno Blancas, les gusta comer mucho pico de gallo. Nuestros amigos, todos coinciden, han visto bravos, violentos y agresivos en exceso a los morenos. Y sí, no hay duda, andan en modo de intolerancia total. El domingo por la tarde, se apostaron en el ingreso al CUC, ahí a un lado del “Forifay” y agredían a todo aquel invitado al debate con vestimenta de otro color que no sea la vinotinto de un moreno. Sus blasfemas alcanzaron a algunos debatientes. La propia Laurel Carrillo irradia agresividad. En sus ojos despide virulencia. Eso es malo. Es bueno y relaja saber que al menos no tienen ninguna posibilidad de ganar la gubernatura ni el municipio. Tampoco ganarán los morenos las diputaciones federal ni local. Van a ser derrotados sus candidatos al Senado. Es casi un hecho que Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia de la república y eso abre la posibilidad de ver despachar en las oficinas del gobierno federal, en las delegaciones, a ciertos porristas del tabasqueño. Así de engreídos y soberbios, arrogantes, petulantes y agresivos, qué bueno que no los vamos a ver en la UMA ni en la UNIRSE. Dios nos agarre confesados. Porque ni duda cabe, y se exhiben en las calles, en los mítines de campaña y también en las redes sociales, andan virulentos esos que muchos motejan como chairos y pejechairos. Se dan buenos y divertidos cierres con el amigo César “Lucas” Langarica, quien no se anda con medias tintas y los trae a raya. ****** Los seguidores del Movimiento de Regeneración Nacional difundieron un video corto en donde se dejan ver ansiosos ante su candidato a gobernador Carlos Lomelí, quien los arenga y los azuza con un mensaje de contenido no menos rijoso. “Quiero decirles que vamos a ir barrerlos. No los vamos a dejar salir vivos. Vamos a desenmascarar a los traidores de México” les dijo. De ahí allanaron luego la tienda Oxxo para literalmente asaltar el negocio. Lomelí no hace nada bien en sobrecalentar a sus súbditos pues se rebaja al nivel de un moderno Hitler a la mexicana. Ya en el debate, Lomelí se declaró ganador. Su máximo logro fue quizá decirle a Enrique Alfaro el rey de la transa inmobiliaria. A él también le llovió en su milpita pues le sacaron a colación sus contratos como proveedor del gobierno del estado y también sus negocios como proveedor en el gobierno de la ciudad de México. El abanderado del PRI, Miguel Castro Reynoso sugirió que las empresas de Lomelí cobraron facturas a precios inflados. Nada de raro tendría que mañana los amigos del PRI nos salgan con la historia de que aquellas medicinas de las farmacias de barrio que Lomelí le opuso al “mochilas” eran parte del inventariado cobrado al gobierno del estado. Las “mochifarmacias” jamás fueron actos generosos ni bondadosos, de Ramón Guerrero ni de Lomelí, cuando ellos eran “socios”. Fueron algo así como una “inversión” al negocio de la política y los dos siguen en las mismas, metiéndole ahorita, para sacarle después. Uno por el MC, el otro por Morena.****** Y para rematar con lo del debate de los candidatos al gobierno de Jalisco celebrado en el auditorio del CUC, nos llamó la atención el ex priista, ex naranja de Convergencia, ex rojiamarillo del PRD, ex vinotinto moreno, ex independiente y ahora verde, Salvador Cosío Gaona por su insistencia en hacerse notar exigiendo abordar el tema de la seguridad pública. Que la inseguridad que azota a los jaliscienses lo ameritaba. Fue terco. Le preguntaron una, dos veces, un tema distinto, y él, necio a lo suyo. Por ahí un moderador y otro candidato le abrió una cortina y se despabiló. Pero nadie lo secundó.

 

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