El pacto José Gómez-“El Mochilas” y su perverso plan hacia el 2021

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz /

¿Me estás diciendo que José Gómez y “el mochilas” se proponen apoderarse de la Bahía?

-Sip

Ese fue la irrechazable carnita del anzuelo recibido por el autor a media semana pasada. El contacto es un cercano ex colaborador del ex alcalde de Bahía de Banderas José Gómez Pérez.

La tentadora invitación a conocer las extrañas de los pactos políticos se concretó el fin de semana. “Y te quedaste corto”… nos diría nuestro informante antes del encuentro.

¿De qué diablos se trata la historia?

En realidad no es nada extraordinario. La semana pasada publicamos que un emisario del priista, José Gómez, quien el año pasado hizo contracampaña contra quien aspiró por su partido a sucederle en la alcaldía y es hoy candidato a la diputación federal por el Distrito III de Nayarit, tiene metida sus manos en la campaña de Ramón Guerrero Martínez. El priista metido en la campaña con “el mochilas” es Juan Carlos Fortanell González.

El pacto entre José Gómez y Ramón Guerrero, éste candidato a la diputación federal por el distrito 05, acá por Jalisco, es simple. Uno apoya el otro y en el 2021 apoderarse de la Bahía. El plan es ganar cada quien la diputación, hacer de la mano una campaña de tres años, postularse a la alcaldía cada quien en su municipio y ya en el poder trabajar de la mano en la “administración” de un presupuesto que estiman ya sería de cinco mil millones de pesos. Eso en peso porque la “pechuga” o el botín, ni siquiera ellos saben calcularse.

De este lado del Río Ameca, son bastante conocidas las andanzas de  Ramón Guerrero. Su fama pública es de haberle metido pero sabroso la mano al cajón. Pero allá, José Gómez no se queda corto y hasta sus más íntimos ex colaboradores suelen dar un recuento de sus pecadillos. En materia de administración de recursos públicos, demostrado está que a esos señores no se les puede confiar ser depositarios de bienes municipales. Con el cuento de pagar deuda pública, “el mochilas” malbarató bienes al por mayor a horas de dejar la alcaldía.

Pareciera terquedad nuestra seguirle las huellas a Juan Carlos Fortanell. Ya hicimos una semblanza de su paso por el Partido Acción Nacional y en los gobiernos panistas en Puerto Vallarta. Ni terquedad ni necedad. En Bahía de Banderas sus huellas dejaron rastros malolientes y hoy procuramos exponer esas herencias. Por lo demás, es un peón de cierta relevancia por erigirse en el instrumento político de José Gómez en una aventura por controlar la Bahía de Banderas, del lado Jalisco y del lado de Nayarit.

Si bien José Gómez no ha hecho daño en Puerto Vallarta, su “socio” y afín, Ramón Guerrero arrastra igual o peor fama. De Fortanel, nos dicen que no canta malas rancheras y si por nivel es de menor relevancia, atrae la atención por aportar él la sustancia gris capaz de construir el entramado que ocultan los dos ex alcaldes.

Cuatro días después de ganar la presidencia municipal, el equipo íntimo de José Gómez no podía ocultar su incomodidad ante un personaje que en campaña nadie recordó haberlo visto. El alcalde electo le presentó a su equipo a Juan Carlos Fortanell. Sería su asesor. En la segunda mitad de su gestión, Gómez lo designó secretario general del Ayuntamiento. En esos tres años, fue un personaje siniestro, quien con su sola presencia era portador de una calamidad que amenazaba caer encima de Gómez y de todo el equipo.

Primero, todos los habitantes de los pueblos de Bahía de Banderas están de acuerdo que José Gómez ya es un hombre acaudalado. Esa riqueza la hizo posible al amparo de su poder. El mejor ejemplo es su rancho de 13 hectáreas donde pastorea ganado de registro, lo equipó con bodegas, corrales, caballerizas, casa, todo de lujo. Eso y más le fue posible gracias a los “moches” que vía Fortanell engordaron sus cuentas bancarias y su colchón.

La fortuna de Gómez solo pudo ser posible gracias al pecaminoso trabajo de Fortanell. El abogado defensor del voto en el equipo de campaña de Ramón Guerrero hizo las veces de una figura equiparada a “administrador del diezmo”. Desde el principio le asignaron dos cómplices que realizaron un papel clave, Gustavo Curiel Flores, Joao Alfonso Zayas Carballo. El primero fue director de Planeación y Desarrollo Municipal; el segundo, fue el titular de Desarrollo Urbano y Ecología. En esas dependencias estaban los negocios gordos y de la mano de Gustavo Curiel y de Joao Zayas trabajó Fortanell.

Del sucio engranaje otros dos personajes jugaron un oscuro papel. En algunos negocios son socios y prestanombres, o del “jefe de jefes” José Gómez, o de Zayas o Curiel. Se trata de quien fue director del Organismo Operador Municipal de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario, Juan Gabriel Ávalos Lemus y del director de Desarrollo Económico, Omar Dávila Ramírez.

Imposible exponer cada uno de los ejemplos sabidos pero en general, podemos explicar que desde Desarrollo Urbano y Ecología, Planeación y Desarrollo, perfectamente bien sincronizados con el Oromapas, se cerraba una pinza cuyos tejidos iniciales se tramaron desde el momento que los proyectos de inversión se ponían en el escritorio de Omar Dávila en Desarrollo Económico.

Para forzar un “diezmo” se ocupan funcionarios sesudos. A falta de talento intelectual, ahí estaba Juan Carlos Fortanell para asesorar y tomar el expediente y ofrecerse en “gestor” que no era otro más que un ramplón “coyote”. Con la firma del alcalde como aval y con semejantes credenciales todas las puertas de gobierno se le abrían al ahora abogado de Ramón Guerrero.

En pocos meses la figura de Fortanell adquirió una influencia propia de un superfuncionario, “jefe de gabinete”, lo más próximo a un presidentito, con facultades a veces iguales a la del alcalde.

El “equipo” supo trabajar con tanta eficiencia que el resultado se refleja en buena medida con la riqueza acumulada por Gómez. Sus inversiones son el resultado de las pinzas de presión que se dejaban caer en muchos negocios para obtener ganancias extraordinarias. La treta tampoco era fácil de maquinar y la clave estaba en el ardid de posponer el trámite hasta cansar al inversionista y “orientarlo” a la necesidad de dar alguna propina. En otros casos, como ya lo establecimos arriba, el abogado del “Mochilas”, se ofrecía en el papel de gestor o “coyote” y se hacía cargo de finiquitar el trámite.

Parte del dinero mal habido se gastó, por ejemplo en una mueblería de San Vicente donde aparece como dueño Gustavo Curiel. Medio pueblo murmura que el dueño real es José Gómez y el otro es su prestanombres.

Omar Dávila Ramírez abrió su glamoroso restaurante La Campiña, ahí en el corazón de Marina Nuevo Vallarta.

Y Juan Gabriel Ávalos Lemus presume en público su embotelladora de agua.

Quienes conocen el rancho afirman que hay más de tres millones de dólares en el rancho de 13 hectáreas en las inmediaciones donde pastan alrededor de 300 cabezas de ganado Brangus negro y rojo. La semana pasada detallamos un listado de otros bienes de Gómez, su  antro “Tangamandapio” y gimnasio en la colonia San Vicente del Mar en San Vicente, edificios de locales comerciales en Santa Fé, carretera a San Juan de Abajo. Los rumores lo colocan también como supuesto dueño de terrenos y departamentos en la zona turística. En su haber hay vehículos de lujo.

En esta entrega optamos por omitir casos concretos de empresas o empresarios estafados. Con las experiencias se podrán construir historias diversas, algunas que hasta hace rememorar las tácticas del funesto Edgar Veytia, “el diablo”. De momento, también preferimos dejar de lado casos graves de jovencitas contratadas por el candidato del PRI a la diputación federal y su grupo. Pero ahí está ese momento vivido y atestiguados por decenas de asistentes en un concierto masivo en la explanada de bailes “Mariana”. El padre de la esposa de Gómez no soportó la sinvergüenzada de su yerno José cuando pretendía divertirse en presencia de la esposa con dos damas que habían servido de “secretarias” y compañía. Doña “Monse”, de la vergüenza, se fue de la casa por unos quince días.

Así las cosas, que dos políticos de la talla y fama se asocien, primero para ganar su respectivo distrito en esta elección y para el 2021 sumar juntos capital político y económico, para procurar la candidatura a la alcaldía. Uno pretende regresar en Bahía de Banderas. El otro, haría lo propio en Puerto Vallarta. Coinciden los dos, Gómez: “Bahía de Banderas es mío”; Ramón Guerrero: “Puerto es mi territorio. Yo se lo quité a los priistas”.

Revolcadero

Se observa otra coincidencia en José Gómez Pérez y Ramón Guerrero Martínez. Los dos tienen un alto rechazo de la militancia de su respectivo partido. En Bahía de Banderas, el priismo se le está yendo a Gómez y lo más grave, están reforzando la candidatura de su más odiado enemigo, el dos veces ex alcalde, Héctor Paniagua Salazar. El último candidato a alcalde del PRI, Héctor Santana, tampoco respalda a Gómez. Nada extraordinario pues de trata de la revancha de los Santana, quienes le pagan con la misma moneda, pues Gómez le hizo contracampaña y apoyó a Jaime Cuevas Tello. Y acá en Puerto Vallarta, cabecera de distrito 06, “el mochilas” anda nervioso en grado máximo pues en tres semanas de campaña ha captado que los vallartenses lo rechazan. En una de esas y el primer domingo de julio, los dos son derrotados. Eso sí, el pacto de sangre Gómez-Mochilas es a mediano plazo y regresarán en el 2021. Dicen que por dinero no van a parar. ******* Un amigo nuestro, acaudalado ganadero y agroproductor local nos aseguró que el contador Luis Gutiérrez no contempla apoyar a sus amigos, los también contadores Manuel Galindo Nolasco quien lleva como suplente a su compadre el ixtapense, Chago Flores. Recordemos que la fórmula Galindo-Flores son los candidatos a la diputación local del Partido Verde Ecologista. Si no le dan el voto a Galindo el compadre Luis Gutiérrez, ni Paulita Flores, y si también le quitamos el voto del amigo Yiyo López Joya, no le van a  cuadrar las cuentas a Chava Cosío, el independiente vestido de verde. Ya no detenernos en el Boy, otro independiente con máscara verde, apuntado a competir por la alcaldía.****** La noche del domingo vimos el debate de los presidenciables y a lo ya dicho, si acaso podemos añadir, el tortuguismo mental, quizá físico, de Andrés Manuel López Obrador. Sus pausadas respuestas nos dieron la impresión de ser un tipo cansado. Si es el tono tabasqueño, no lo sabemos. Conocemos algunos amigos tabasqueños y si poseen la fuerza y vehemencia, son aceptables parlamentarios. Pero AMLO dio muestras de cansancio físico. Dijo que el formato no le daba oportunidad pero el tiempo fue el mismo para todos. O bien, probablemente sus asesores no lo documentaron en temas básicos del debate y dejaron un flanco por el que atacaron Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez “el bronco”. ¿Un ganador? Nuestra opinión esta fuera de tiempo y preferimos dejar constancia de que la opinión mayoritaria recogida ya en lunes de tarde. Recogimos sondeos y encuestas y hallamos una coincidencia: Ricardo Anaya es el ganador. De época la propuesta del Bronco, de mochar manos a los corruptos. Fatal vimos a Margarita en sus intervenciones. Meade, lejos de la vehemencia y pasión del orador que persuade y enamora al elector. Ninguno fue capaz de crear una revolución de emociones y en consecuencia los momios, si bien se moverán, no tanto de amenazar al puntero. Eso hasta hoy. Anaya va a ganar los dos restantes debates y se hace necesario esperar el tercero y último encierro.

 

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