Entre desámino y pesimismo, PAN y PRI enfrentan proceso interno

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Este domingo 11, los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, irán a las urnas y votarán, uno su dirigente local, y los del tricolor, por su presidente nacional. Cada quien con su padrón local validado por el INE, el PAN con solo 396 militantes y el PRI con 14 mil 997 afiliados.

Si nos sujetamos al padrón que guiarán los procesos internos del PAN y el PRI en el municipio, pareciera que el primero es un partidito y el segundo un gigante de la arena electoral. No, no hay mucha diferencia.

Pero acá en Puerto Vallarta no hay partido grande porque ni siquiera el Movimiento de Regeneración Nacional, que también se apresta a renovar sus cuadros directivos, tiene un padrón que apenas ronda los mil militantes. Eso sí, contrario a los primeros, Morena sí mostró un sólido crecimiento en la aceptación de los electores en la elección 2018 respecto al proceso 2015.

Para los morenos, son los malosos “prianistas”, sus odiados enemigos quienes votarán para renovar sus cuadros directivos. Son los que hace casi tres décadas se mordían en las primeras disputas electorales de alta competencia. Ya luego se acomodarían y, de acuerdo a la percepción morena, pactarían su “sociedad”, la del “prian”. El bipartidismo se convirtió en un mismo partido.

Como son más muchos, dirán en el barrio, los amigos priistas instalarán diez centros de recepción de votos en la zona urbana de la ciudad. Desde Ixtapa, Las Juntas, el populoso Pitillal y el centro de la ciudad, nadie con interés podrá alegar un tramposo extravío de su camino a una casilla.

Nos llamó la atención que el encargado del despacho en el Comité Directivo local priista, Juan Carlos Carrillo se haya mostrado muy poco optimista cuando le preguntaron y respondió sobre las expectativas de la participación. Si él como líder no es capaz de mostrar confianza no va a poder convencer ni alentará a sus correligionarios. Ese no es el líder del PRI en momentos críticos.

Entonces, decíamos que son casi 15 mil priistas en su derecho de acudir a votar este domingo. El priismo anda de capa caída y ante la elección abierta no se observa su ánimo luego de que el año pasado perdieron la gubernatura y la presidencia de la república. Sin embargo, el partido sudará la gota gorda para lograr acarrear a las urnas a esos quince mil valientes y leales priistas que seguramente solo existen en papel.

El Instituto Nacional les validó para esta elección un padrón nada confiable. Es un padrón inflado que si es real y actual, Roberto González por lo menos cuatruplica sus poco más de ocho mil votos obtenidos en la elección de julio del año pasado. Un militante es un promotor del voto de su partido y por lo menos deberá demostrar capacidad para convencer a su familia, intentar persuadir a sus amigos, compadres, vecinos, y de esa forma empujar a su abanderado. Pero el candidato priista no pudo superar la barrera de los nueve mil votos.

No vamos a atrevernos a ofrecer un vaticinio de cuántos de esos 15 mil priistas acudirán a votar. Quizá unos cuantos miles, dos, tres, cuatro. Cinco mil sería una cifra extraordinaria para el partido. No será necesario aplicar aquella “operación tamal”, cuando al concluir el computo de sus papeletas, le sumaron mil a cada candidato a ser presidente del CDM. Aquella vez, hace unos 20 años se inscribieron una media docena de candidatos y jamás pudieron explicar de dónde sacaron seis mil votos extras, vallartenses nunca vistos en las urnas.

También este domingo han sido convocados a votar los “asociados” del PAN. Apenas son 396 militantes activos. En el blanquiazul también reina el pesimismo. Las más optimistas nos han dicho que se conformarán si acuden a votar una cuarta parte de la membresía. Se consideró que con una participación del diez por ciento de la asistencia a la asamblea será suficiente para darle legalidad a su elección.

Es decir, en el peor de los escenarios, serás suficiente si acuden 30 socios del PAN a votar. Con esos será necesario. Cuando en noviembre pasado eligieron a María del Pilar Pérez Chavira como su nueva dirigente estatal registraron la participación de poco más de 160 panistas vallartenses, un poco más de la mitad del total de padrón de socios.

Los panistas no son muchos pero no son malos para hacer ruido. Son pocos y entre ellos se agarran de la greña. El control por el esqueleto del partido dio pauta a tonta disputa, tal vez por el derecho de tener mano cuando se resuelva la suficiente candidatura alcalde y el abanderado tenga la posibilidad de ser regidor plurinominal. Esa es la realidad al alcance de los panistas vallartenses, ganar una miserable regiduría. Para el proceso anterior riñeron por la segunda posición en la planilla pero ahora todo se reducirá a la primera posición.

Ya quedaron lejos aquellos tiempos del poderoso PAN. El poder político fue un virus tan letal y venenoso para los panistas locales que ahora los tiene literalmente al punto de su extinción. Empezaron por pelear por ir en la planilla sin preferencia de colocación. La camorra pasó al partido pues ahí sucedían las candidaturas plurinominales y por esa vía fueron diputados algunos doctrinarios. Pedro Ruiz Higuera y Rocío García Gaytán, son dos ejemplos. David Cuevas García les llamó pluricanibalismo.

Fernando González Corona.

Los panistas se envilecieron haciendo suyas las prácticas que decían detestar de los priistas, un primer paso del fenómeno kafkiano llamado ahora “prianismo”. Las camorras internas colapsaron al partido y perdieron la alcaldía y luego la gubernatura. En su mejor época, hace ya más de dos décadas, computaron arriba de 30 mil votos. Hoy, su insensibilidad social y una enfermiza soberbia apenas les alcanza para menos de nueve mil votos. Y no vemos el momento que superen sus desavenencias.

En el PAN, como antaño se decía, son pocos, quizá caben en un bocho y se pelean. Así no hay futuro. Y que ya ni volteen a ver a Fernando González, pues su imagen ya también ha sido pisoteada. Si le quedaba una pizca de popularidad, a quien todavía algunos consideran el mejor alcalde que ha tenido Puerto Vallarta, ya no hay tal. El señor es una máquina de hacer dinero y nada ni nadie lo detiene. Si es capaz de mover la carretera 200, dizque atreverse a tocar ríos de agua, no será la mejor idea de ofrecerle el gobierno municipal.

Revolcadero

Es momento de voltear a ver los últimos sucesos, todos violentos, ocurridos esta semana en distintos puntos de nuestro país. El panorama es negro y se ha venido acentuando desde principios de año, cuando la declarada guerra contra los huachicoleros. Sobre todo en entidades del centro de México, pueblos enteros ya no tienen nada de respeto para los valientes fuerzas armadas, soldados o marinos, ni tampoco a la estrenada Guardia Nacional. En Tlahuelilpan una vez murieron centenar y medio de lugareños que lurios sustraían cubetas de combustible que acabó por explotar. En Michoacán, pobladores serranos tomaron por rehenes y vejaron a otros militares y obligaron a sus jefes a liberarlos a cambio de regresarles armas. En otros pueblos de Puebla y Tlaxcala se han visto escenas donde apedrean y amenazan a los militares y les queman sus unidades. ¿En qué momento se perdió el respeto a las fuerzas militares? Dicen, dicen, que cuando Andrés Manuel López Obrador ordenó no responder a las agresiones del pueblo. ******* Este jueves 8 de agosto impactó a todos los mexicanos la noticia del tiradero de dos decenas de muertos en tres puntos de una importante avenida de Uruapan, Michoacán. Allá por Veracruz hubo otra matazón, aunque con menos muertos. Sí, todos dicen que es la guerra que se traen. En el bajío, Guanajuato traen su propia guerra. Lo preocupante es que los malosos dan muestras y hacen gala de un poder capaz de tomar medianas y grandes ciudades, convertirlas en territorio privado y con asombrosa capacidad jugar vencidas y medir fuerzas. Funcionarios de gobierno, la prensa nacional, hablan de apodos y nombres de capos. Hasta hace muy poco tiempo, la capacidad de fuerza de militares, de la policía civil, solía imponerse. Salvo Michoacán, donde los varones de la droga impusieron sus leyes desde hace muchos años, el centro y el bajío eran regiones relativamente ajenas a la violencia. Ahí se está expandiendo la filosofía contraria al lopezobradorismo y en los hechos dicen que sí quieren balazos, no abrazos. Si ocurren balazos en exclusivas plazas comerciales de la capital del país y capitales de estados, como en Guadalajara, es un indicativo de que nuestra sociedad ha enfermado y camina a convertirse en un instrumento de grupos que ya aniquilaron al estado y a sus policías. La escalada de violencia nos acerva a ver a Andrés Manuel López Obrador admitir el error de su instrucción de amarrar las manos a sus soldados. ******* Nuestros amigos de Tebelchía nos invitaron a esa comunidad, una de las más distantes de la ciudad para atestiguar el arranque de los trabajos de rehabilitación de las calles que circulan alrededor de su plaza. Precisamente desde la construcción de su placita, después del encarpetado de la carretera a Las Palmas, la autoridad municipal no volteaba a ver a los habitantes de Tebelchía ni mucho menos les mandaba alguna obra de mediana importancia para mejorar las condiciones de vida. Nos acordamos como nuestro amigo Andrés Ponce Peña le sacó canas verdes a David Cuevas hasta arrancarle saco por saco de cemento, ladrillos y una brigada de trabajadores para levantar la plaza.

 

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