Incapaz de gobernar, Alfaro reparte culpas para justificar su intolerancia

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CONTEXTOS

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Enrique Alfaro Ramírez.

“¡Vete de aquí, cabrón, no estés fregando!”, gritó Enrique Alfaro a un anciano por reclamarle cumplir su trabajo de alcalde. La escena se vio en un video grabado en octubre de hace dos años y desnudó a un Alfaro intolerante y dispuesto a gobernar con garrote y dientes.

La noche del pasado viernes 26, la policía de Alfaro cumplió la última orden y reprimió a un grupo de estudiantes que protestaba por el alza a las tarifas del transporte urbano y exigía la renuncia del gobernador. Las escenas son de indignación y muestran la violencia de un gobierno contra el pueblo.

El gobernador no es un hombre de diálogo. No supera sus problemas emocionales ni temperamentales y pierde la razón ante la crítica y frente a quien ose contradecirlo.

Alfaro no entiende ni sabe cómo enfrentar ni cómo reaccionar a simples manifestaciones ciudadanas, movilizaciones que en el pasado inmediato él mismo alentó contra el gobierno.

Lo ocurrido el fin de semana en la capital del estado dista mucho de tratarse de protestas masivas. En una época donde reinan las redes sociales y ésta se convierte en una efectiva herramienta de comunicación, lo normal sería que un exhorto público acarrearía a grandes masas a protestar por el incremento de un servicio que todos usamos.

Hay indicios de la injerencia de activistas políticos pero eso pasa a segundo término. Aun con ese incentivo, los manifestantes a duras penas sumaron varios cientos de estudiantes. Contra ellos fueron la policía de Alfaro, armados con escudos y garrotes.

La tarifa del transporte urbano no es un alza sino un “ajuste” y lo aprobó el anterior gobierno de Aristóteles Sandoval y Alfaro le dio adelante. Pudo haberlo “congelado” pero en su video hace suyo el aumento, lo defiende, lo argumenta y lo justifica. También recurre al estilo lopezobradorista y acusa al anterior gobierno de haberle dejado esa maldita herencia y, en aras de ganar votos, no actualizó la tarifa.

El incremento es de 2.50 pesos al pasaje, que de 7 pesos, sube a 9.50 pesos. En realidad, la tarifa será de 10 pesos y ya lo comprobaron los usuarios porque la maquinita de los camiones no da los 50 centavos de cambio y el chofer no repone el cambio de su bolsillo. El ajuste aplica estrictamente para determinadas rutas, entre ellos el tren eléctrico.

Tocar el asunto del costo del transporte y urbano es garantía de alborotar a la clase política de oposición y algunos sectores de la sociedad como los estudiantes. Cuando estos son capaces de mostrar poder de convocatoria, organizarse, movilizarse y estructurar discurso, probablemente pondrán de rodilla al gobierno, a empresas y concesionarios del servicio público. Así ha sido en toda lucha contra los aumentos al pasaje urbano.

En cualquier ciudad más de la mitad de sus habitantes usan el transporte colectivo urbano. En consecuencia, el impacto es generalizado, a estudiantes trabajadores, obreros, meseros. La tendencia en los últimos años ha sido desalentar el uso de vehículos en bien de la salud del planeta. El beneficiario directo de los ecologistas, de los defensores del medio ambiente, del planeta, ha sido el pulpo camionero.

Alfaro y su refundación de Jalisco, no tiene consideraciones ni para aquellos aliados que se unieron en su proyecto “ciudadano”. La intolerancia es lo suyo. En los inicios de su gestión, aplastó a las organizaciones femeniles que le reclamaron dar marcha atrás a su decisión de desaparecer el Instituto de la Mujer.

Ya como gobernador se ha desentendido con grupos ciudadanos, algunos organismos civiles y no gubernamentales, que lo apoyaron en camino a las dos alcaldías, la de Tlajomulco y la de Guadalajara, y más reciente, en su ascenso a la gubernatura. Mucho antes de cumplir su primer año de gobernador ya se notan fracturas de sus alianzas y lo abandonan aquellos ciudadanos que creyeron en su discurso ciudadano.

Los estudiantes protestaron con justa y legal razón en defensa de un aumento. El alza del 35% es desproporcionado, inconstitucional. Es un ajuste, no es aumento, dice Alfaro.

El gobernador no quiso escuchar ni dialogar con los manifestantes. Fueron a buscarlo a Casa Jalisco pero apanicado, prefirió ponerles un cerco y les cerró el camino. Ese viernes la policía reprimió, golpeó y persiguió a los chamacos. Hubo arrestos en horas fueron liberados por la imposibilidad de fincarles algún delito.

El gobernador avivó la indignación de los jaliscienses al optar por el garrote y desdeñar el diálogo y negociación para construir un acuerdo. Las frases “Alfaro represor” y “Alfaro renuncia” inundaron las redes sociales.

En la pasada elección fue notable el apoyo mayoritario de los estudiantes para Enrique Alfaro Ramírez. Supo acercarse a ellos y le fue fácil hacer clic, sobre todo cuando contó con el apoyo de la elite de la UdeG. El discurso del candidato ciudadano cayó bien entre el estudiantado, a los que ahora acuchilla.

Pero, ha resultado falsa aquella identidad de candidato ciudadano. Por lo menos, Alfaro en su arranque se ha dedicado a destruir las redes ciudadanas que le brindaron respaldo y muchos dividendos le redituaron.

Alfaro de candidato a gobernador fue lo que Andrés Manuel López Obrador en la campaña presidencial, el candidato antisistema, erigiéndose en el opositor en contra del bipartidismo hegemónico PRI-PAN que habían gobernado la entidad en los últimos 25 años. A ese “prianismo”, López Obrador derrotó en la carrera presidencial. Para lograr el triunfo, los dos, Alfaro y Obrador, dieron cabida a tránsfugas del “prianismo”.

Por sus atropellos y con sus hechos, el gobierno de la refundación se desconecta y se desvincula de la ciudadanía. Se equivoca Alfaro al apelar a la ley de su garrote para imponerse a la sociedad y sus ciudadanos. La soberbia y la arrogancia desnuda conductas de los individuos y quebranta soportes y debilita las bases sociales del político y gobernante.

Alfaro hizo campaña arriba de un banquito y siempre estaba rodeado de un grueso de simpatizantes de los estratos más humildes. Más o menos igual que AMLO. Su discurso ciudadano solía machacar la crítica al despilfarro y el derroche del dinero del pueblo y, con el ejemplo de su campaña, juraba sería un gobernador austero y cercano al pueblo. No hubo diferencia entre Alfaro y López Obrador y como gobernantes, dan pasos al aislamiento.

El círculo del poder ha captado el síntoma de la decepción y un sector de los jaliscienses. El video de Alfaro no es casualidad como tampoco lo es el posicionamiento del diputado Luis Munguía que respaldó al gobernador por el alza a la tarifa de los camiones urbanos.

Alfaro en su video justifica el “ajuste” y lanza su amenaza de la intolerancia contra el “vandalismo”. Llama vándalos pues a quienes se manifiesten, se sumen a las marchas, a las protestas y se movilicen para echar abajo su “ajuste”. Y que no es él, que fue su antecesor, Aristóteles Sandoval el que aprobó la nueva tarifa, “el gobierno irresponsable y corrupto, que se llevó entre las patas el sistema de transporte”. Nótese la semejanza Alfaro y de AMLO. Ellos, como los camioneros, también juegan a las carreritas.

Revolcadero

Por cierto, acá los usuarios del servicio urbano también ponen sus barbas a remojar y advierten que en cualquier momento pueden subir la tarifa. El ajuste alfarista de subir de los siete a los 9.5 pesos, solamente aplica para las líneas del Tren Eléctrico, el Macrobús y el Sitren. Con cierta regularidad priva en Puerto Vallarta una tarifa superior y cuando allá aumenta, casi inmediatamente se deja venir otro “ajuste” o aumento al pasaje acá en nuestro destino turístico. Si el incremento nos lo dejan caer en el porcentaje del 35.6 como en Guadalajara, esos diez pesos por pasaje, pudiera alcanzar los 13.5 pesos. Sin embargo los choferes aplican el redondeo y la tarifa sería de 14 pesos.****** Por cierto, mientras personajes perfectamente identificados de Morena hacían suyo el asunto de la represión del gobierno de Enrique Alfaro a manifestantes contra el alza a la tarifa del transporte urbano, Carlos Lomelí sostenía una reunión con un grupo de “líderes” en una finca que no alcanzamos a identificar. Apenas identificamos entre los asistentes al regidor y ex candidato a la alcaldía por el PRI, Roberto González Gutiérrez y nos llamó a atención dicho encuentro. Y no, no nos causó asombro alguno ver entre los más allegados a Francisco “Paquillo” Sánchez Gaeta.****** Y como los amigos del Partido Acción Nacional son de piel sensible nos vamos a sujetar a transcribir con puntos y comas la información que nos provee el presidente del Comité Directivo Municipal del partido, Ricardo Ponce Ibarría. Así no habrá quejas. Del asunto de la maestra Dulce Flores, Ricky Ponce, nos dice: “No tengo exactamente el dato de la cantidad pero sí debe. Cuando me pidió la carta de salvedad yo le dije que necesitaba revisar el tema porque hasta donde yo recordaba había un adeudo (sin referir montos) y ella me explicó que sí había intentado pagar pero que hubo un problema con el cheque (pero yo creo que de haber habido un problema, pudo haber regresado otro día y solventarlo, y ya no lo hizo); el caso es que yo hice llamadas a la Tesorería del partido  estatal y efectivamente hay adeudo de ella como de varios más, y me dijeron que si le daba la carta pues lo más seguro es que le iban a rechazar la candidatura allá –la Comisión Organizadora en Guadalajara- por ese motivo; yo ya no le llamé ni le dije nada porque ella ya no volvió a decirme nada. Ojalá y exhiba sus comprobantes de pago y demos vuelta a la página. Yo no quise responder por respeto a ella pero pues el partido tendrá que aclarar esto…”. En las líneas de arriba se dice todo. Notamos al dirigente del partido incómodo y cansado con el tema de la maestra. La maestra no insistió en el trámite de la carta de salvedad por haber desistido de participar por asuntos de salud de su madre. También ella sabe que su asunto agitó al panismo agrio y recalcitrante, que emergieron para manotear las turbias aguas y enrarecer el ambiente.

 

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