La criminalidad imparable y ni Alfaro ni AMLO dan señales claras

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Enrique Alfaro Ramírez.

Por cumplirse la primera semana de Enrique Alfaro Ramírez al frente del gobierno del Estado, la inseguridad y sus cifras no se alteran sino más bien van a la alza. El fin de semana hubo 40 homicidios con la firma de la alta delincuencia y en seis días arroja un promedio de 5 asesinatos por día. A ello, súmenle delitos de naturaleza cotidiana.

Se había hecho costumbre que al asumir el cargo cada gobernador lanza promesas a los jaliscienses y retos de combatir a la delincuencia y abatir a los delincuentes. Días antes de entregar las riendas del gobierno e irse a tomar unos tequilas, Aristóteles Sandoval Díaz acabó por aceptar que sus estrategias fallaron, que él había fallado.

Enrique Alfaro modificó el discurso tradicional. Ya sin le euforia de quienes le antecedieron fue prudente en su discurso. Que hasta enero habría estrategias y resultados porque vencieron los convenios que permitieron vida a la Fuerza Única, el llamado “mando único”. Los policías aportados por la comisaría local ya se reportaron a la tropa dirigida aquí por Misael López Muro.

En tanto se define quien está al frente del mando de las policías en la entidad, si el fracasado aspirante a gobernador de Morena y hoy superdelegado, Carlos Lomelí, o el gobernador constitucional, los malosos enseñan sus fierros en las calles de las ciudades de la zona metropolitana. Acá en la costa, más al sur, los municipios, sus policías y habitantes han sido abandonados a su suerte y a la mano de los bien armados pistoleros de la mafia. Los policías pasan por un periodo de absoluta incertidumbre y al no saber ni siquiera a qué mando prefieren desentenderse a la responsabilidad de erigirse en defensores de la ciudadanía.

En La Huerta aun lloran a sus 6 policías muertos la semana pasada en una emboscada urbana. En Tomatlán, la zozobra se apoderó de sus habitantes. Ahí, han ocurrido asesinatos y balaceras. La presencia de grupos de desconocidos bien armados les robó la tranquilidad, en Tomatlán y sus comunidades, pero también en las rancherías de Cabo Corrientes.

Carlos Lomelí Bolaños.

Los desgreños de la elite gobernante por el control de la tropa, desanima a estos. Una semana antes de la toma de posesión de Alfaro, el moreno Carlos Lomelí había convocado a representantes de dependencias del área de seguridad a una reunión. Acudieron mandos medios de las fuerzas armadas y dependencias federales. Alfaro estaba invitado pero no acudió. Los alcaldes de la zona metropolitana, todos del Movimiento Ciudadano, el partido del gobernador, también desdeñaron al Consejo Estatal de Seguridad al mando de Lomelí. Éste se presentó, a nombre del gobierno federal, como secretario técnico.

Ya como gobernador Alfaro le respondió a Lomelí con la convocatoria a instalar su propio Consejo Estatal de Seguridad. Claro, Alfaro es el secretario técnico. Ahí sí, acudieron los Ismael del Toro, la alcaldesa de Tlaquepaque María Elena Limón, Pablo Lemus de Zapopan, y otros, y juntos mostraron a Lomelí el músculo político naranja.

Los gobernantes que se han ido, y también los recién llegados, asumen que el hampa vive su guerra interna. Con ello aceptan que ellos, nuestros gobernantes, admiten su posición de ser meros observadores de las sangrientas escaramuzas de dos o quien sabe cuántos grupos de malosos se disputan Guadalajara, las alcaldías de su periferia y el resto del territorio de la entidad.

Macedonio Tamez Guardado es el coordinador del gabinete de Seguridad del Estado, designado por Alfaro. Desconocíamos que el médico es experto en cuestiones de seguridad. De éste personaje, supimos cuando fue presidente municipal entre el 2001 y el 2003 de Zapopan. Como otros naranjas, Macedonio se formó en el Partido Acción Nacional y de ahí saltó al MC. Los amigos de Sinaloa solían llamar a Zapopan la Sinaloa chiquita. Los chinolas compraron mansiones en los barrios residenciales y no pocos de ellos resultaron ser poderosos varones de las drogas. Como alcalde no se mostró precisamente como un alcalde efectivo al momento de combatir y bajar las estadísticas delictivas. Nos quedamos con la impresión de haber gobernado de la mano de los avecindados.

Jalisco ya cambió de colores tres veces en pocos años. Los malosos también registraron su propia alternancia. A la actualidad antecedió cambio de dueño de plaza. Pero la delincuencia no construyó ni motivó cambios de fondo y sus tácticas de regar las calles de sangre se mantienen inamovibles. En este campo no hay alternancia. Es más, los malosos se han especializado en ser más crueles, causar mayor dolor al matar.

Andrés Manuel López Obrador.

Andrés Manuel López Obrador ha sido reiterativo en sostener como estrategia perseguir a la corrupción como su fórmula invencible para combatir la inseguridad. No convence ni parece ser creíble que por decreto o por el discurso del ejecutivo federal los malosos entreguen las armas y renuncien a sus guerras. Se libran guerras en diversas regiones del país atribuidas a los hampones.

Al final, las estrategias de López Obrador, tampoco las de Enrique Alfaro, no tienen ni pies ni cabeza. Tienen claro por donde atacar pero no lo harán. Ya sea por no atreverse a golpear a un motor que mueve la subeconomía y acabar de tajo necesariamente arruina a pueblos y regiones o por eludir confrontarse con los poderosos señores de las drogas.

López Obrador prefiere tener el respeto de los malosos a enfrentarse a ellos. No le desagrada dejarlos desangrándose en sus propias batallas y no contempla interferir en sus limpiezas de sangre. La amnistía en la campaña no fue mera puntada. Habrá para delincuentes de montaña como para los de cuello blanco.

¿Y Alfaro? Coincide con Amlo. Difieren si acaso en el discurso pero son desavenencias políticas que en la marcha podrán alinearse. Al fin y al cabo, los dos son movidos por aspiraciones políticas. Las preocupaciones por el pueblo solo están en el discurso de ambos. El tabasqueño mide fuerzas con el jalisciense por tratarse de su peor amenaza al reino que construye.

Balaceras allá y ejecutados aquí, multihomicidios, ocho o tres jóvenes levantados y hallados en Tonalá, policías baleados en Tlaquepaque, tantos otros en La Huerta, es sangre y cultivo del crimen organizado. No. Alfaro no anima a ser optimista. Tampoco López Obrador.

¿Y Puerto Vallarta? ¿Y Bahía de Banderas? La policía de la bahía está carcomida y sirve a otros intereses muy distintos a los del ciudadano. El mesero del teibol Italia exhibió a quienes sirve la policía del capitán Dávila. A pie juntillas, se volvió a repetir la historia de Chavita Macías, un detenido entregado en las puertas de la cárcel de Valle de Banderas.

Lo del Italia historia aparte.

No. Así, con estos políticos, con esta clase de gobernantes, no hay forma para ser optimistas.

Revolcadero

Arturo Dávalos Peña.

De las buenas noticias nos quedamos con el reconocimiento que días atrás hizo público el Tercer Visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Aldo Iván Reynoso Cervantes en su visita a Puerto Vallarta. En la conmemoración del 70 aniversario del Día Internacional de Derechos Humanos, dio el funcionario de la CEDH: “Maestra Nicolasa, extiéndale por favor al presidente municipal, al ingeniero Dávalos, la mayor felicitación por parte de la Comisión Estatal de Derechos Humanos; nunca en la historia de la CEDHJ en Puerto Vallarta, se había avanzado tan significativamente en este rubro”. También destacó el trabajo de María Nicolasa García Reynoso por su labor inquebrantable como enlace en Derechos Humanos por parte de esta administración municipal. Se ha distinguido por su compromiso en esta materia, trabajo que se tradujo en los siguientes resultados: de 2015 al 2018, se recibieron 178 quejas, 120 se encuentran en el archivo definitivo, se le dio cumplimiento a 9 actas de investigación; se tienen 58 quejas pendientes a pronunciamiento de la CEDH y 6 están en avance de cumplimiento para recomendaciones generales. María Nicolasa fue precandidato de Morena a alcalde. Si los morenos no la quisieron, los vallartenses ganaron a una gran defensora de los derechos humanos.****** El jefe supremo de los coordinadores de Desarrollo Social, Diego Franco Jiménez, bien haría en reconvenir y ajustar el trabajo en esa área. Los coordinadores en Ixtapa están distrayendo hasta en pleitos vecinales por gallinas, gatos y perros. Y descuidan el trabajo prioritario, como por ejemplo encaminarse a tomar nota de peticiones de acciones u obras de beneficio colectivo. Eso de involucrarse en diferendos vecinales las gallinas, no es tarea de los coordinadores. No lo sabemos pero a lo mejor tienen el gusto por las paleas de gallos y gallinas. Que les gusta el palenque, pues.****** Esta semana hemos visto dos veces a un chamacón de sombrero y botas que deambula por los pasillos de la planta alta del edificio de la Unirse. Es el nieto de Efrén Calderón Arias, aquel folclórico médico que fue alcalde entre 1989 y 1992. Por ahí ocupa una oficinita en calidad de jefe de algo. ¿Quién lo apadrina? Si pensaron en Ramón “el mochilas” Guerrero Martínez, acertaron. El coordinador de la Unirse, Chalío Villaseñor y Susana Rodríguez, la nueva directora regional de la Secturjal, ya lo adoptaron en la hermandad. Es hijo de Juan Calderón Ramírez, que se hizo famoso porque en su boda con una dama del clan Ibarría, se lió a golpes con uno de sus invitados. El abuelo, adquirió notoriedad por ser alcalde y ser un gran aficionado a los gallos y rudo jugador de póker. Un jugador frecuente era Fernando González Corona, el hotelero dueño del conglomerado de medios de comunicación, la CPS, que opera Tribuna de la Bahía, el Canal del Mar, la radio Radiante, y otros medios en la Baja California Sur. Es más, el edificio de CPS nació de una asociación de negocios de Calderón con González Corona y otros socios, todos ligados a la política.

 

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