La muerte de Pancho Duarte, el legendario ‘policía rural’

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Pancho Duarte.

Al amanecer del lunes 8 de este abril, entre los amigos de Pancho Duarte se corrió la voz de su muerte. Con él se pierde parte de la memoria de la vieja gendarmería estatal y municipal y un sector de la clase política extrañará su inagotable anecdotario.

Francisco Duarte Ramos murió en la ciudad de Guadalajara al perder una larga lucha contra una enfermedad que lo terminó venciendo.

Fue un legendario “policía rural” que marcó toda una época hasta finales de la década de los 80, cuando se animó a dar el salto a la policía municipal.

Conocimos a Pancho Duarte cuando comandaba al cuartel municipal en la delegación municipal de El Pitillal. Su extraordinaria relación con el presidente municipal en ese periodo, el doctor Efrén Calderón Arias, cultivada por sus muchos años en la extinta Policía Rural del Estado, le facilitó finiquitar sus relaciones laborales con el estado y dar sus servicios al municipio.

Siempre al frente de un grupo, se movía en toda la costa de Jalisco, con libertad para incursionar en la zona serrana. Con asombrosa frecuencia se cruzaba en los caminos con Efrén Calderón por la afición de éste a los palenques de gallos y a todo tipo de apuestas, a veces en casinos clandestinos. En las fiestas patronales de cualquier ranchería con pelea de gallos, carreras de caballos, casinos, ahí estaba el médico Calderón, un rostro familiar para el comandante Pancho Duarte, que a su vez, era comisionado a imponer la paz y buena conducta de los asistentes.

Otro médico y amigo personal de Calderón, Antonio García Robles fungía como delegado municipal cuando el autor se apuraba a bajar de la parte alta de El Coapinole al rayar una medianoche del verano del 2000. De lejos los patrulleros alcanzaron a distinguir la figura por una cerrada vereda. Al pie de la bajada se apostaron amenazantes, con rifles en mano y en espera de alguna orden del jefe que se mantenía en la patrulla. Era Pancho Duarte. Bajó a saludar. Soltó una extraña carcajada y preguntó qué diablos hacía un periodista por el lomerío de la colonia El Calvario.

Efrén Calderón Arias.

En aquel inesperado encuentro en la oscuridad de los peñascos de El Calvario, Pancho nos ofreció una extraordinaria conducta. Nos invitó a subir a la patrulla y ya en la improvisada cárcel contigua a la oficina de la Delegación Municipal se ofreció hacer favor completo y transportarnos a casa. Personalmente condujo un viejo vehículo hasta Punta Negra.

En aquella época el trabajo periodístico era de trato personal, cara a cara, con los entrevistados. El funcionario solía construir relaciones personales con el periodista. Entre las contraprestaciones de los policías, no solo los presos, servicios era el alimento. El concesionario de la cocina no era necesariamente un campeón en la calidad de los platillos pero Pancho Duarte a ningún preso dejaba sin plato. Era común “castigar” a rijosos de cantina dejándolos sin comer. No rehuía atender y escuchar a familiares de algún detenido y solía entregarlos en sus manos, sin cobrar multa, con la única condición de llevarlo a casa.

Supimos de historias que describían a Pancho Duarte como el policía rudo que fue en su etapa por la Policía Rural. De hecho, fue al cabo de una rebelión de los vecinos en Mismaloya cuando advirtió que ya era tiempo de abandonar a la Policía Estatal Preventiva. A ciencia cierta ignoramos detalles pero nos dicen que los “mismaloyecos” por poco lo linchan. Varias veces le preguntamos del tema y no evadía la plática. Se explayaba en divertidos comentarios.

Fernando González Corona.

Supo sortear la agria época del trienio de Rodolfo González Macías-Rafael Yerena Zambrano. Siempre presumió su institucional lealtad a los superiores pero cuando Fernando González Corona supo la oportunidad de cambiar hasta de partido político. Ayudó al magnate de los tiempos compartidos a ganar la elección. Fue tanta su euforia que se afilió al Partido Acción Nacional. En reciprocidad, González Corona la regaló una prematura jubilación, en ese tiempo, con la pensión más alta.

Al concesionario de radio y televisión abierta y dueño del periódico Tribuna de la Bahía lo trató gracias a Efrén Calderón. Los dos eran fogosos apostadores en palentes, jugadores de cartas y frecuentes clientes de “brincos”, como se les conoce a los casinos clandestinos que temporalmente operan y se mueven en diversos fincas de la ciudad.

Pancho Duarte jamás olvidó aquel gesto de González Corona de tal forma que muestra de ese agradecimiento y lealtad jamás renunció a la militancia panista. Aunque fue un declarado simpatizante del Movimiento Ciudadano, murió siendo panista. A su hija Gabriela Duarte Becerra el PAN la expulsó pero nunca se tocó a su padre.

Francisco Duarte Ramos.

Pancho supo organizar una vida familiar discreta ya jubilado. Con mucho sacrificio y algunos préstamos construyó su vivienda por la calle Héctor Gómez, en la colonia San Francisco, allá en las faldas de La Mina de Ixtapa. Más abajo, en la esquina de las calles Nayarit y Azalea de la colonia Jardines, tenía un terrenito. Ahí levantó una barda alta tramitó y obtuvo permiso y licencia y por algunos años operó la cantina “El Tejano”. Cuidaba en extremo respetar el reglamento y cuidar su negocio. Una noche llegó y notó la presencia de un candidato a menor de edad. Va y pregunta edades. Se regresó y literalmente despidió a su “gerente”.

Ya relajado, Pancho regresó y saludó al autor. Acabó por ofrecer su bodega, cuya puerta estaba a uno o dos metros de la mesa. “El niño se puede quedar. Pero cuídenlo. Si llega Reglamentos, que se meta a la bodega. Les voy a dejar la puerta sin llave”.

“El Tejano” fue una cantina de barrio y cuando Pancho se cansó terminó por asegurarse un ingreso vía la renta. Coincidió con los tiempos violentos. Cuando las balaceras azotaron a Puerto Vallarta por esa absurda disputa de “la plaza”. La finca es ahora Horizonte de Paz, una clínica terapéutica contra las adicciones.

Revolcadero

Francisco Duarte Ramos falleció el lunes 8 de abril a los 78 años de edad en Guadalajara. El jueves 11 se le ofreció misa de cuerpo presente en la iglesia de la Talpita, distante a unas pocas cuadras de su domicilio y de su negocio. Nació en el municipio de Huejucar, al norte del estado y fue el mayor de 12 hermanos. Conocimos por lo menos a cuatro de sus hijos, Jesús, Marisela, Rafael y Gabriela. Todos abrazaron el servicio público, y por lo menos dos fueron y son policías. Gaby fue delegada municipal cuando sustituyó a Víctor Manuel “el cachis” Aréchiga.****** Por cierto, el abogado Francisco Vallejo Corona ha sido abrumado por tantas felicitaciones de sus muchos amigos. Paco ya ha tenido importantes cargos en el servicio público y también en la iniciativa privada. A él no lo va a perturbar el poder. De Paco, siempre nos asombró su paciencia para alcanzar sus metas. Cuando Ramón Guerrero Martínez se perfilaba para ser nombrado secretario general. Pero se apareció el tapatío Antonio Pinto. Se portó a la altura y fue disciplinado en la gestión de “el mochilas”. Ya con Arturo Dávalos Peña, se fajó en la campaña y se la jugó con el proyecto. No es que se halla conformado pero aceptó de buen modo estar al frente del equipo de asesores jurídicos. Fue él quien llevó el juicio en la Suprema Corte de Justicia de la Nación para regresarle al municipio el sistema operador del agua y drenaje. Desde ahí estará atento al desarrollo de ese caso.****** El que anda con todo es “el chino” Gustavo Fong Patiño. Es el número dos del Code Jalisco pero como si fuera el mero mero. En todo evento del Code ahí aparece el muchacho de sangre asiática. Ya puede presumir haber salido en televisión nacional y en una velada sabatina de box. El pasado sábado robó cámara del canal del Tío Gamboín. Se subió al cuadrilátero y levantó la mano del Pedrín Guevara, el amigo de Carlitos Lizárraga, un mazatleco ex campeón mundial que fue a Cihuatlán y ganó por nocaut su pelea. Fong anda como burro sin mecate por todo el estado y en una de esas se coloca como el relevo natural en el Code. Nosotros nomás esperamos agarre bate y pelotas y ponga a funcionar las escuelas de beisbol para saber si de veras sabe hacer equipo con los morenos. Si le gusta el juego de las pelotas de 108 costuras de cuero tendrá futuro con don Amlo.

 

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