La renuncia de Andrés González al PRI y sus indefiniciones

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Andrés González Palomera.

Cuando en el 2015, Andrés González Palomera finalmente pudo abanderar a su partido el PRI, hacer campaña y competir por la presidencia municipal, conoció la frialdad de los priistas y sintió en carne propia el rechazo, desaire y desprecio de sus propios correligionarios.

Pero fue varios años atrás que González Palomera, con sus sobradas poses de superioridad, se ganó a pulso el desdén de varios sectores del priismo vallartense. Su candidatura le arrojó en las urnas una agria regiduría, la misma de 2006, cuando derrotado en una elección interna por Javier Bravo Carbajal le ofrecieron y aceptó ir en la planilla. Bravo ganó la alcaldía y Andrés fue regidor de una mayoría priista, por cierto, distanciada de su primer edil.

Va para tres lustros que Andrés se distanció del priismo. Javier Bravo, Salvador González Reséndiz luego y Adrián Méndez González se quejaron amargamente de no haber sido apoyados por Andrés González y su grupo de amigos. En 2015, Rafael González Reséndiz hacía campaña por la diputación local y solía enfrentar diferencias con el equipo de Andrés las veces que coincidían las agendas.

Juan Carlos Carrillo.

La oficina del Comité Directivo Municipal del Partido Revolucionario Institucional, donde despacha Juan Carlos Carrillo confirmó ayer que hoy lunes 2 de septiembre, González Palomera fue a presentar su renuncia a la militancia. La semana pasada había ido a las oficinas del Comité Directivo Estatal a presentar el oficio de renuncia.

Mientras al ex regidor en el trienio 2015-2018 dice no planear unirse a ningún otro partido político, sus amigos confiaron al autor que el plan original de integrarse al trabajo en una dependencia del gobierno estatal se mantiene intacto. Más allá de ponerse la camiseta naranja, el compromiso sería trabajar por el proyecto del diputado Luis Munguía.

“Sí, ya sabe. Pero yo me quedé en que se iba al estado”, nos dijo un amigo de barrio, confesado pieza leal de Andrés, cuando nos contestó la pregunta de que Andrés parecía no saber qué hacer.

Lo que pudimos reconfirmar, también por conducto de otro allegado al citado, es que consumada su renuncia al tricolor, Andrés no sabe todavía qué ruta tomar, si reincorporarse a la política, a que grupo o partido político sumarse.

A finales de julio pasado, surgió el falso rumor de que Andrés había pactado irse con todo su grupo a Morena. Resultó ser mentira. Pero sí había sostenido por lo menos dos encuentros con promotores de Morena y hablaron de la posibilidad de dar ese paso. Luego de varias semanas de espera, como Andrés le dio de largas a la respuesta, los morenos concluyeron que era perder el tiempo tratar de convencerlo para convertirlo en moreno y dieron por cerrada las charlas.

Estamos frente a un actor de la política local que por su comportamiento y decisiones acumuló rencores y resentimientos que lo convirtieron en un tipo torvo y bilioso.

Gustavo González Villaseñor.

En el PRI, Andrés González cumplió finalmente su sueño de ser candidato a la alcaldía. Esa fue su mayor exigencia a los mandos del PRI desde aquella campaña interna del 2005. Por ser parte del grupo político del alcalde en ese entonces, Gustavo González Villaseñor se le pedía respetar acuerdos pero apelaba a su derecho de competer. Al final, influyó para descarrilar la carta de Gustavo -Juan Carlos Castro Almaguer- y debilitó al grupo.

En aquel proceso, el dirigente estatal Javier Guízar le ofreció la diputación federal o local, “la que quieras”. La diputación por despreciar, la ocuparía Heriberto Sánchez Ruiz. Rechazó la oferta y al final, después de fracasar sus negociaciones con el PRD, acabó por aceptar la regiduría.

En esos tiempos, los priistas locales habían acordado apoyar a Ramiro Hernández García para la candidatura a gobernador. Andrés González, Gustavo y Castro Almaguer fueron parte de ese acuerdo. En una ida a Guadalajara se regresaron con la noticia de haber negociado respaldar la precandidatura a Arturo Zamora. El jerarca de la CTM Rafael Yerena entendió que de ahí en adelante eran sujetos de no confiar y Andrés era uno de ellos.

Andrés González y Arturo Dávalos Peña.

Entonces, desde aquel proceso electoral del 2015 hasta la campaña del 2018, la participación de González Palomera  ha estado en boca de los priistas. Quienes han sido candidatos a munícipe, se quejaron de su apatía y de su “huelga de brazos caídos”.

Los rencores los acumuló contra quienes le negaron y se le opusieron a ser candidato. Presumía ser un tipo popular y que con facilidad ganaría una elección. Cuando le llegó la oportunidad, en julio del 2015, probablemente esos índices de popularidad iban en picada. La explicación más realista por esa derrota está en que aquellos priistas que se quejaron de no haber sido apoyados en sus respectivas campañas, sencillamente se las cobraron.

De la declaración oficial de Andrés destacamos que no contempla irse a un partido político. Es cierto. Si decide mañana pasado aceptar la invitación a una chamba en el gobierno estatal, o la asesoría ofrecida a principios de año por el grupo del alcalde Arturo Dávalos Peña, no hay condición integrarse al Movimiento Ciudadano.

Luis Munguía González.

Quienes saben de política nos apuestan que la punta del huarache de Andrés es color naranja. Tiene abierta la tentadora invitación del grupo del gobernador Enrique Alfaro y del diputado local, Luis Munguía. Ya le enseñaron las llaves de una oficina en el edificio de los UNIRSE y también le dijeron que la condición es echarse al hombro a Munguía.

Conocidos las áreas y campos por los que sabe moverse, añadiríamos que encajaría en el equipo de Dávalos. Pero ocurre que entre “las monitas” hay algunos elementos que se distinguen por su sobrada rudeza innecesaria. Contaminados y enfermos por ese virus de la soberbia y la arrogancia, asumen que con lo que tienen les sobra para refrendar una cuarta victoria naranja. Ese ha sido el estorbo a las intenciones y los intentos de Dávalos por jalar al ya ex priista.

Revolcadero

Desde el viernes y hasta el domingo, todo el fin de semana fue de grilla nacional. Con el apoyo de la fracción panista, el viernes la senadora de Morena, Mónica Fernández Balboa fue nombrada presidente en el Senado. El sábado, con el entendido de que los morenos les regresarían la gentileza, postularon a uno de los suyos pero tarde se enteraron que los senadores morenos votarían en contra. Esa situación obligó reelegirse por los siguientes cinco días a Porfirio Muñoz Ledo y ganar ese lapso para modificar el Reglamento estatutario del Senado y borrar la obligatoriedad de rotar la presidencia a los panistas. La aplanadora de los morenos causó la ira de los panistas y quien sabe en dónde terminen los encontronazos. Hubo traición a los acuerdos, acusan los azules. *******  Y pues el domingo el plato fuerte. Fue el primer -o el tercero, ya ni se sabe- informe de Andrés Manuel López Obrador. Allá a principios de abril, López Obrador se sacó la puntada de que él daría un informe cada tres meses. Hasta antes del domingo ya había dado tres informes y pues éste, el de ley, fue el tercero. Obras, lo que son grandes obras, no hay. Lo que hubo fueron acciones, anuncios y decisiones. Decretó un sustancioso aumento a los salarios mínimos y fuera de ello, muy poco nada hay por presumir en materia económica. Que hubo un ahorro millonario por la austeridad republicana, ahorro por el combate al huachicol, que se crearon tantos cientos de miles de empleos, no son datos confiables ni verificables. Lo real y reconocido por el presidente es que creció casi nada, “pero no hay recesión” y casi un millón de ninis, 930 mil, chamacos son beneficiarios del programa “Jóvenes Construyendo el futuro”. Pero ni siquiera este dato es verificable. Tampoco es confiable el dato de que la lucha contra los huachicoleros arrojó a las arcas federales 145 mil millones de pesos. Que al ajustarse los procesos de compra medicinas, cancelaciones de obras y renegociaciones de contratos distintos, permitió muchos miles de millones de pesos. Vaya, todo es tan bonito que pareciera que vivimos no en un nuevo régimen sino en una nueva era de bonanza. Pero no. Lo palpable y real es la queja por todos lados de que el dinero no llega a los agricultores, las medicinas no llegan a los enfermos, que los pellizcones presupuestales dejaron sin dinero para los deportistas, científicos y otros. No hay forma de medir su optimismo, ni siquiera contar qué y cuántos mexicanos están “feliz, feliz”. Vaya, seguro estamos que ni él mismo presidente sabe cómo se mide la distribución de esa riqueza que jura ya se reparte entre los 130 millones de compatriotas.****** Nosotros preferimos quedarnos con el informe político. Estamos de acuerdo que Don Santo Amlo va en serio en sus intenciones de construir su nuevo régimen. Si. Vemos que está destruyendo los viejos y deteriorados cimientos del régimen neoliberal, que todos los días lanza sus inquinas arengas contra sus odiados prianistas. También se le va a la yugular a los jueces que resuelven sentencias que no son de su gusto e interés. Trae lázaro a los empresarios que no se le doblegan, a quienes financian proyectos ocupados en cuidar despilfarros del dinero del pueblo. Nos gusta eso de procurar se transite a un régimen más justo y equitativo, aun sea destruyendo al arcaico y corrupto sistema, pero no estamos seguros de trazar la mejor ruta. Si se equivoca Don Amlo, el pueblo no se lo va a perdonar y correrá el mismo riesgo que sus antecesores, que Fox, Calderón, Peña.

 

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