Las polémicas obras del agua potable en la zona rural

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Allá por la tercera semana de septiembre, el gerente de operación del Seapal, Manuel Acosta Padilla y su segundo de abordo, Víctor Hugo Fernández Flores se reunieron con el director de Obras Públicas del municipio, Oscar Fernando Castellón Rodríguez. Se encerraron para abordar el tema de las obras que el Seapal ya había arrancado dos semanas antes y porque trascendía a manera de rumor que el gobierno municipal estaba por arrancar una obra en las mismas colonias, los nacientes asentamientos en El Colorado.

“Nosotros ya traemos la obra” le dijeron al funcionario municipal. Oscar Castellón, quien había sido gerente de operación y director general del Seapal, tomó nota y comentó que lo expondría con sus superiores. Sin embargo, rehuyó hablar del proyecto diseñado para proveer de agua a las colonias Colinas del Valle, Lomas del Valle, Los Agaves, Campestre Los Ángeles, Ampliación Los Ángeles. Campestre La Vena y La Higuera.

Después de aquella reunión, se registró un silencio en la comunicación entre funcionarios municipales y directivos de la paraestatal.

A temprana hora del viernes 6, ya en octubre, se encendieron luces de alarma en el Seapal. Había reportes de que ese mismo día, el gobierno municipal arrancaría obra de introducción de tubería para distribuir agua en las mismas colonias donde ellos ya sumaban varias semanas de trabajo. Advirtieron que aquello exhibiría a las dos dependencias y colocaría al municipio en punto de choque contra el estado.

Ese viernes, el director general acudió a las oficinas del alcalde Arturo Dávalos Peña en la UMA. No lo halló. No hay reporte de haber dialogado con terceros funcionarios. Su equipo de trabajo solicitó aceptar la presencia en una reunión de vecinos allá en campo. Resultó, que por separado, los vecinos de aquellos asentamientos convocaron reunirse y discutir entre ellos el tema. Habían sido enterados que en esa fecha el gobierno municipal llevaría maquinaria para iniciar trabajos también para distribuir agua entubada. César Abarca preguntó sobre esa segunda obra pero atinó a darle detalles.

Ya muy entrada la tarde de aquel viernes 6, el escándalo trascendió. Resultaba tan increíble como inverosímil que dos dependencias de gobierno, el Seapal por un lado y el ayuntamiento por otro, presumían realizar una obra para bajar agua de un tanque, extraída primero de pozos, y distribuirla calle por calle en las mismas seis colonias.

Parecía ser una falsa percepción de tratarse de un simple montaje y propiciar así el encontronazo de Arturo Dávalos y su gobierno, estos de origen emecista, con el futuro candidato del PRI a la alcaldía, César Abarca Gutiérrez. No lo era. No era broma que trabajadores de uniforme naranja y empleados de dos empresas contratadas por la paraestatal se apostaban a escarbar en un mismo zanjón.

Muchos coinciden en decir que en la guerra del agua entubada de los asentamientos satélites de El Colorado está la disputa de un botín traducido en votos. A nosotros nos parece que va mucho más allá de votos. Vemos posiciones más de peso personal que papeletas del 2018 en vuelo. Los guerreros enarbolan sus banderas como una cuestión de honor, a veces de dignidad, de imponer la ley del mandón. Los censos indican que en esas seis colonias viven un aproximado de mil 300 personas, pero son  mucho menos de mil quienes están en mayoría de votar. Esos casi 9 millones de pesos sería mucha inversión para tan pocos votos. A este último dato, el de la inversión de parte del Seapal, habrá que precisar, que el ayuntamiento fijó en 4.5 millones de pesos el costo de la misma obra. ¿Por qué la diferencia? Simple, son empleados municipales los enviados a abrir zajones e introducir la tubería en las accidentadas calles y es maquinaria del municipio. El Seapal en cambio debió contratar a dos empresas, una es Garey Construcciones y la otra Ingeniería Construcción y Mantenimiento LPR S.A. de C.V.

Entonces, si se pelean votos, sería un duelo tonto y ocioso. Ninguna de las dos partes acepta se trata de una guerra. Pero se lanzan retos y tiritos. “Zapatero a tus zapatos”  le jugó César Abarca al alcalde. Con ello trató de reforzar lo afirmado antes en un boletín de prensa: desde el 8 de diciembre de 1977, Seapal Vallarta es el organismo público descentralizado del Gobierno del Estado de Jalisco, responsable de los servicios de agua, drenaje y saneamiento en el municipio de Puerto Vallarta, por lo que apelamos a la cordura y respeto institucional, que permita generar coincidencias en pro de la población” se incluyó en un párrafo. Es el documento en donde Abarca invitó a su contraparte a no confrontar ni confundir.

Ayer contestó Dávalos. Aclaró primero que no hay pleito con el Seapal y también pidió respeto a los trabajos que ejecuta su gobierno.

En este novelón hallamos un punto de coincidencia. Tanto los del Seapal como los funcionarios municipales, lo refrendó este jueves Dávalos, están de acuerdo que no se trata de una obra de ocurrencia temporal sino que es una vieja demanda de los beneficiarios y que ha sido un proyecto largamente anhelado que resuelve el problema de abasto de agua hoy y a futuros avecindados. Las dos posiciones son válidas en tanto abordan y ofrecen soluciones a un problema social de urgencia. Sin embargo, en el fondo y en la forma de abordarlo y ofrecer solución surgen las desavenencias.

Quienes circulan por la carretera a Las Palmas, en ese cinturón de caseríos que bordean la antigua comunidad de El Colorado si acaso han observado los edificios de departamento del fraccionamiento Ecoterra. Al otro lado de la carretera, frente a Ecoterra, el crecimiento demográfico impresiona a quienes no han visto esos asentamientos. Literalmente bajan por las faldas de cerros, cañadas y arroyuelos hasta casi conectarse con El Ranchito y La Desembocada. Son colonias que ya colindan con El Aguacate y suelen confundirse con el antiguo fraccionamiento Colinas Campestres nacido en los tiempos de Efrén Calderón. Éste fue un fracaso comercial y se halla más al fondo de las montañas y están en franco deterioro y abandono.

En Ecoterra hay 600 departamentos ya terminados en una primera etapa. En futuras etapas, el proyecto incluye un gran total de 5 mil viviendas. Por ley, el desarrollador del fraccionamiento debe pagar por el derecho de incorporarse a la infraestructura del Seapal, tuberías de redes de agua y drenaje, un tanto. En este caso no fue así con Ecoterra que acordó construir un tanque de 500 litros de capacidad para proveer de agua a sus compradores. Dicho tanque se abastece de agua de uno de los dos pozos de El Colorado. Uno de ellos construido por el fraccionador. Habrá que precisar que todas las comunidades de la zona rural de Puerto Vallarta disponen de un pozo de agua y de ahí se distribuye en la tubería instalada por el Seapal. En esa zona también existe una pequeña planta de tratamiento de aguas residuales. El manejo de esa infraestructura ha sido por parte del Seapal.

El tanque elevado de Ecoterra está a la vista de los nuevos vecinos que sin servicio de agua han venido solicitando el vital líquido a cuanto político y funcionario público se les para enfrente. Naturalmente, le solicitaron a Dávalos en campaña. César Abarca también hizo campaña, para Aristóteles Sandoval en el 2012. Ninguno de ellos mentiría si afirman que traen en manos desde hace varios años una petición de los vecinos y la obra de introducción de tubería es un proyecto al que le han dedicado años.

Dávalos sostiene que desde 2014 comenzó dicha obra para darle agua a 700 casas. Citó la existencia de actas del Coplademun, en donde tiene un asiento el Seapal y en consecuencia ellos sabían sabía del proyecto, dijo. Y no, no hay costo confirmó. Al día de hoy, las brigadas municipales ya han abierto zanjas y metido la tubería en 2, 700 metros lineales. Nos afirman que es en las colonias Campestres los Ángeles y Ampliación los Ángeles. Las calles ahí todavía no tienen nombres. Si damos por cierta la información, y no tenemos por qué dudarlo, es fácil ver dos zanjones distintos en la misma calle, quizá uno al otro lado de la vialidad. Es la consumación del peor de todos los absurdos, dinero tirado a la basura, presupuestado y aprobado para una misma obra.

Revolcadero

Conforme a cada uno de los proyectos, en las colonias de El Colorado, el Seapal se plantea introducir tubería uniforme de 3 pulgadas de diámetro. El proyecto del Seapal previene tubería de 8 pulgadas de diámetro, de 6, de 4 y la de menor diámetro, de 3 pulgadas. La de mayor diámetro es la tubería de fierro, tubería dúctil, y se coloca del tanque a la tubería inmediata. Es en las calles de menor densidad de viviendas donde va la tubería de 3 pulgadas. El proyecto del Seapal es más amplio y global. Además de considerar una infraestructura más futurista e introducir tubería con capacidad excedente y garantizar agua a nuevos vecinos, se considera el proyecto de introducir el drenaje en tres años. El gobierno municipal acciona ante una demanda urgente de agua a los vecinos que por ahora viven en dichos asentamientos. Si hay 600 viviendas como indican sus censos (este dato es aparte de los 500 departamentos de Ecoterra), al multiplicarse en dos, tres, cuatro o más veces la población, va a tronar la tubería.****** Nos asombra entonces, una descoordinación entre funcionarios municipales y directivos del Seapal. Pero por donde se vea es algo simulado con pretensiones por ahora desconocidas. No es fácil creer a nadie el simple “no lo sabía” o el “no  nos información del proyecto de esa obra” por el simple hecho que existen órganos de deliberación, discusión, de aprobación de gasto de presupuesto y de aprobación también de obras a ejecutar en donde coinciden asientos funcionarios de las dos instituciones de gobierno. En el Consejo de Administración del Seapal, el gobierno municipal tiene un consejero y en este caso lo ocupa el regidor titular de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado, Andrés González Palomera. El Seapal también tiene su Comité de Adjudicación de Obra Social en donde tiene asiento el director de Obras Públicas Municipales, Oscar Castellón. Ahí se propuso y aprobó la obra a un costo de casi nueve millones de pesos y se oficializaron los contratos a las dos constructoras. Sin embargo, no en aquella reunión celebrada el 18 de agosto, Castellón Rodríguez no firmó asistencia. En leyes y reglamentos, también por viejas costumbres, si se trata de cualquier obra que implica manejo de agua, todo tipo de alcantarillado y drenaje, es obra de competencia del Seapal y en los citados casos que se ejecuta por el gobierno municipal, funcionarios de este gobierno realizan consultas y solicitan asesoría al personal de la paraestatal. Nada de eso parece haber ocurrido en este caso. Oscar Castellón no ha sido convincente en sus explicaciones. No ha dicho siquiera si cuando ellos decidieron ejecutar la obra, solicitaron y se apoyaron en el proyecto diseñado por el Seapal. Con el proyecto en manos, de menos les sería útil para no duplicar obra y trabajos y no tirar dinero a la basura.***** Es obligado considerar un dato dado por el primer edil ayer a la prensa. Arturo Dávalos dijo textualmente: en la administración pasada, cuando era Director de Desarrollo Social, consiguió un terreno donado para la construcción del tanque elevado, además de un pozo que se le regaló al ayuntamiento, e incluso, el ex candidato a síndico en la planilla del PRI, Alfonso Bernal, fue quien les donó un segundo pozo para llevar agua al tanque.

 

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