Los desencantados de Munguía

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Rafael Yerena Zambrano.

Quienes conocen y tratan cotidianamente a Rafael Yerena nos dicen que pocas veces lo han visto como esa noche en aquel restaurante italiano. “Una cosa es que le digas dónde estás y otra que lo invites. Pues ya pásalo”, exclamó con mucho enfado el jerarca cetemista.

Era el diputado local Luis Ernesto Munguía González quien atravesó la penumbra de la puerta y se aproximó a la mesa donde ya degustaban algunos bocadillos una docena de allegados al dirigente estatal y regional de las CTM, Rafael Yerena Zambrano.

Nos dieron algunos detalles de esa cena en un restaurante fifí pero no es necesario entrar en tantos detalles. Es un restaurante italiano y Yerena es asiduo cliente. Un informante, aunque con algunas dudas, nos presumió que el regañado había sido Ramón Chávez Lara. “Ese que da conferencias, algo así”, nos dijo. No lo identificó a plenitud pero pareciera en efecto tratarse del motivador, un estelar en el equipo político del diputado Munguía. De acuerdo a la versión obtenida al autor, para el momento que Yerena le dijo al mesero, “ya somos todos, toma la orden”, avisaron la presencia en la puerta de Munguía y que minutos antes había sostenido una conversación con Chávez Lara, uno de los invitados.

¿Por qué narramos ese momento ocurrido hace dos semanas? Bien, básicamente por confirmar la versión de haber un calmoso pero sostenido distanciamiento del diputado local, Munguía González y sus aliados priistas.

Luis Munguía González.

Del incidente en la cocina italiana supimos la semana pasada pero lo traemos a colación a propósito de la información de que Gabriel Padilla Cuéllar ha saltado del barco de Munguía para treparse al proyecto de Diego Franco Jiménez. Ha sido bien arropado por el equipo del alcalde Arturo Dávalos Peña.

“El Gabo” Padilla alcanzó mayor notoriedad en las filas del Partido Revolucionario Institucional cuando César Abarca Gutiérrez lo designó su coordinador general de la campaña por la diputación federal en el 2018. Su nombramiento causó discordia y malestar en el equipo de Abarca y desde esos tiempos hay quienes no lo perdonan, sobre todo simpatizantes de Andrés González Palomera. Con estos entró en conflicto desde la campaña de 2015 por haber sospechas de torpedear la campaña de Andrés a la alcaldía y ocultar propaganda institucional en una bodega en la colonia Guadalupe Victoria. “El Gabo” era el encargado de distribuir la propaganda de los candidatos y miembros del equipo de Andrés se quejaban de escondérselas. Luego abrió un cuartel en Fluvial Vallarta para almacenar publicidad.

Cuando Gabriel Padilla se decía decepcionado de sus amigos del PRI y se decidió buscar otros espacios, después de la última campaña 2018, logró acercamiento con el equipo de Víctor Bernal Vargas, quien en ese tiempo era el alfil del equipo del grupo del presidente municipal. Sin embargo, no hallo el calor que buscaba y acabó por sumarse al proyecto de Luis Munguía.

Gabriel Padilla «El Gabo».

El proyecto del legislador local, aparentemente todo caminaba sobre ruedas pero esa apariencia no era real. “El Gabo” no estaba cómodo. A sus amigos les platicaba que en el equipo no tenía ni pies ni cabeza. Todos eran generales. Todos querían mandar. Nadie quería trabajar. Él aspiraba a construir su propia trayectoria política y con Munguía había obtenido el compromiso de ir en la planilla y ser regidor. Supo que los generales de Munguía, el que no iba a ser “regidor” sería “director”. Es decir, todos los espacios estaban comprometidos y repartidos.

No se sabe a ciencia cierta, si en las últimas fechas, Munguía le dijo a Padilla que siempre no iría de regidor y rompió el compromiso. O más bien, acá ignoramos si esa fue la razón de haber abandonado a Munguía. Sus amigos priistas, nos dicen que “El Gabo” había confesado sus planes personales de trabajar por un proyecto propio y con Munguía ese era el compromiso.

Cuando Padilla Cuéllar supo que el regidor Adolfo López Solorio, “el grinch”, dió un paso al costado y desamparó a Munguía para integrarse al equipo del alcalde que impulsa a Diego Franco, vio la oportunidad de él tomar su propia decisión. Contactó a Franco y lo invitó a dialogar en su negocio, Barberos. No necesitaron de mucho tiempo para llegar a un acuerdo y todo ello el alcalde lo aprobó. 

En la órbita política se cuentan demasiadas historias como para que todas sean verdades. Quién sabe si sea verdad que Munguía también ha caído de la gracia del gobernador Enrique Alfaro, o que en realidad éste le ha ofrecido hacerlo presidente a costa inclusive del mismo Dávalos y su grupo político.

Diego Franco Jiménez.

Lo que sí es cierto son los hechos que en las últimas semanas han ocurrido. A Munguía su mazorca se le desgrana. Está perdiendo a sus aliados, algunos militantes del Movimiento Ciudadano, otros importantes operadores que del cielo, o más bien del PRI y la CTM, le habían caído.

Lo curioso que cada resta de Munguía, es una suma a la cuenta de su antagonista Diego Franco Jiménez. Perdió a “el grinch” y éste pronto se integró a Franco. El mismo paso han dado los hermanos Maldonado Albarrán, Homero y Rodolfo. Bueno, hasta José Rodríguez González, “el chato de Los Ramblases”, un “mochilista hasta las chanclas” desde el 2012, ya puso distancia con el proyecto de Munguía.

Observamos un patrón en el comportamiento y decisiones que está debilitando el proyecto asociado a Ramón Guerrero “el mochilas”. No están respetando compromisos políticos y están pisoteando a los cuadros naranjas.

“El grinch” pidió licencia para separarse de la regiduría para cumplir a cabalidad un compromiso adoptado desde el momento que se registró en la planilla allá por los primeros meses de 2018. Acordémonos que fue propuesta de “el mochilas”, de cuyo grupo era pieza fundamental. Cuando hizo efectiva su separación ya estaba fría su relación con Munguía pero él cumplió para abrir el espacio a su suplente, Rodolfo Maldonado Albarrán.

Adolfo López Solorio «El Grinch».

Si bien, “el grinch” cumplió a cabalidad el acuerdo, no se puede hablar de una conducta honorable de la regidora María Inés Díaz Romero. Es la esposa de Oscar Ernesto Pérez Flores, uno de los directores de área de la Secretaría de Asistencia Social del gobierno del estado. Cargo que naturalmente lo obtuvo gracias a Ramón Guerrero, de quien fue su secretario particular en la alcaldía. Resulta que la regidora de apodo “mané” sencillamente se negó a pedir licencia y compartir la segunda parte del trienio con la suplente Karla Alejandra Rodríguez González, una dama que no conocemos personalmente pero nos dicen es hija del afamado “chato de los Ramblases”.

La regidora y esposa de Oscar Pérez no se atraganta con los dos filetes, el sueldo como jefa vendedora estrella de una agencia de automóviles y regidora, de tal forma que le ocasionó un conflicto interno a Munguía y al “mochilas” y la debida pérdida de apoyos políticos. Cuando Munguía se desentendió de los acuerdos, que sí estaba enterado, les abrió la puerta a sus aliados y estos se refugiaron con sus adversarios. Antes, a “el grinch”, también lo agravió al ofender a los suyos por privilegiar Munguía a sus nuevos aliados.

Revolcadero

“Cómo no reclamar y rebelarse a los privilegios de unos cuantos y el desdén a quienes por el proyecto padre de Ramón Guerrero Martínez, reencarnado ahora por Luis Munguía nos hemos sacrificado desde hace ochos años y no nos dan ni migajas”, nos escribió un amigo del Movimiento Ciudadano que del Partido Acción Nacional brincó a ese partido en el 2012. Para ejemplo, nos dio algunos casos: a Guadalajara, además de Oscar Pérez, le dio chamba de primer nivel a Samuel Pelayo Paz, a quien pocos lo recuerdan haberse empolvado los zapatos en campañas. A Pelayo, también lo nombró tesorero municipal en algún tiempo de su gestión 2012-2015 y en la Secretaría del Sistema de Asistencia Social lo designó “Director de Soporte técnico”. A quien fue su coordinador general de la “precampaña” a alcalde y campaña por la diputación federal, la que perdió, José Antonio Pinto Rodríguez es el director de Operación y Ejecución de Programas de la misma secretaría. Es el mismo Toño Pinto que “el mochilas” trajo de Guadalajara para hacerlo secretario general del Ayuntamiento. Juan Antonio Hernández Ramírez que si mal no nos acordamos, fue procurador social en el gobierno local de “el mochilas” y ahora es el director de Programas Federales en todo el estado. Y bueno, pues el esposo de la regidora, Mané Díaz, Oscar Pérez, es el director de Programas Estatales. Cómo no se van a indignar otros mochilistas que ahora por la pandemia atraviesan dificultades económicas para vivir. ******* Para cerrar el día, queremos dedicar las siguientes líneas a una personita que justo a la media noche del viernes 7 falleció en un accidente que a él no debía corresponderle. Recordamos a “el Bryan”, un menudito y carismático jovencito que supo ganarse las simpatías de propios y extraños, de sus compañeros de estudio, de maestros y directores del Colegio México Americano. Como fue habitual en él todas las noches, platicó por teléfono con Lari poco más allá de las ocho. Se despidió. No tenía plan de salir. Se dio un baño para irse a descansar a su cama. Pero se vistió y salió. “Te amo” le dijo a su mamá Alma. A los amigos compañeritos y compañeritas del colegio, maestros y maestras, los había cautivado en los tres años de la prepa. Minutos después de la media noche la fatal noticia. Era el conductor de aquel frágil Kía Río obsequiado por Luis su padre cuando apenas cumplidos sus 17 años de edad. Bryan asumió la responsabilidad de llevar a sus dos hermanitos menores al colegio. El automotor perdió el control e impactó dos bases de concreto tipo asta bandera de los jardines de la cervecería Corona. Derribó un señalamiento. El parte de tránsito 1351 rendido por el oficial, Oscar Urteaga permite presumir un accidente por velocidad inmoderada. Dado que parte del saldo fueron tres lesionados, los jóvenes, Cristina Inés, Ailín Amelia y Melissa Muñoz Rubio, de 18, 16 y 25 años de edad respectivamente, se levantó carpeta judicial y se turnó al Ministerio Público, Alfredo Quintero Gil consignó.****** Podemos describir a Byan como un adolescente, estrenando credencial que ampara su mayoría de edad, que irradiaba alegría. Ya sea en el salón, tiempo de recreos, paseos en parques o plaza de barrio, en el restaurante o cafetería compartía con su amiguita audífonos para escuchar su música. Su madre pidió en el campo santo no llorarle y a Lari ponerle sus canciones en su última morada, adornada con cientos, miles de flores y muchos arreglos florales. Si. La trágica muerte de Bryan, por infausta e inesperada, ha sido por un divino llamado a cumplir una misión eterna a sus escasos 18 años había cumplido su sagrada misión terrenal. Pero sí, duele la partida de una personita de mucha aureola. Adiós Byan.

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