Los empresarios voraces y la privatización de playas en Nayarit

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

A propósito de la lucha emprendida por un grupo de defensores de playas libres de Bahía de Banderas, ahora que el rapaz desarrollo turístico fijó su interés en la antes abandonada playita “La Lancha”, nos acordamos de la breve charla con el amigo Juan García, a principios de agosto pasado, allá en la remota playa El Novillero.

Juan, oriundo del caserío Huajuquilla, cuidaba a distancia sus dos negocios, la renta de muebles, sillas y mesas, y su ramada. Como todos, se quejaba de la ausencia de visitantes y lamentaba que el gobierno solo preste interés en otros destinos turísticos de Nayarit.

En el norte de Nayarit es casi unánime que todos deseen llegue la inversión, se construyan hoteles, restaurantes, residencias de millonarios, y aquello se transforme en una ciudad de primer mundo. Ven por “la tele” imágenes de “Nuevo Vallarta” y asumen que es otro mundo, como cualquier rincón de Estados Unidos. Son contados quienes prefieren conservar sus virginales tierras.

La playa del Novillero es el orgullo de cualquiera que se digne ser de Nayarit y más del norte de la entidad. Es playa libre y virgen, presumen. Por ahí los amigos del hotel Pacífico tendieron un cabo para limitar cierta área de su frente pero se permite el estacionamiento. Los bañistas tienen acceso por cualquier punto de los 82 kilómetros de playa. Desde la Boca de Teacapán hasta el Canal de Cuautla el paso es libre y si éste se interrumpe será por alguna construcción o la naturaleza propia.

De aquel punto, camino al sur, no conocen playas “privadas”. Ni siquiera en el viejo San Blas se reconoce como un problema la llamada “privatización de playas”.

En la zona de Las Haciendas, su playa El Rodeo, la ostionera Boca de Camichín y El Sesteo, y hasta por las marismas de San Blas se entra caminando a las playas sin problemas.

Los bañistas enfrentan problemas precisamente en donde se nota la presencia de la inversión. En el conocido Nuevo San Blas todo el frente a la Bahía de Matanchén es zona privada. Conocimos esos playones hace ya poco más de 30 años, en una etapa de estudios en la Escuela de Ingeniería Pesquera. Las tardes eran de futbol playero, sábado de fiesta en San Blas y tardes de domingos en Aticama. De vez en vez, alguna fiesta en La Palma. En tres décadas, la playa “se vendió”. Cierto, quedan algunos accesos pero son los menos. Para consuelo, sigue libre el camino a Las Islitas, en el extremo norte de la bahía.  La autoridad es tentada en temporadas vacacionales y ordena aplicar cobros por el acceso a la playa. Así inician regularmente las privatizaciones de las zonas federales.

Más al sur nos hallamos con la vieja playa Los Cocos. Ahí, literalmente los accesos públicos se borraron pero ya hace casi medio siglo. Cualquier terreno con frente al mar, con playa o sin ella, se convirtió en tráiler park, en hotel popular nomás de una estrella, o en algún restaurante de regular calidad. La Playa de Los Cocos hace ya muchos años que el pueblo la perdió. En el punto más al sur de la bahía, sin embargo conservan intactas las pequeñas playitas de Miramar y Santa Cruz.

La bien recomendable playa Limoncito Hill, un rincón virgen como pocos en Nayarit, se mantiene intocada y libre en un grado de hasta “por descubrir”.  No podemos decir lo mismo de Platanitos ni de Playa Las Tortugas, sitios mágicos que visitamos en aquellos años de “inspeccionar” cualquier sitio con el más mínimo potencial de pesca. Hace ya muchos años que a Platanitos lo descubrieron viajeros de Guadalajara y dos o treces veces por año dejan vestigios de su presencia. Al otro lado del estero, ya empiezan a comprar terrenos y construir casas de descanso. Para los lugareños son una amenaza a sus playas. Ahí se venden lotes o fraccionamientos y si esto sigue avanzando, al rato se venderán hasta aquel islote de arena en la desembocadura del estero, lugar y sitio de prácticas de arreglo de artes de pesca y a ratos cascaritas de futbol americano.

De Platanitos a Boca de Chila existen por lo menos una media docena de pequeños esteros custodios de una extensa playa virgen. Son la riqueza de los habitantes de Ixtapa de la Concepción, de Zacualpan y de Las Varas.

Situémonos ya en pleno corazón de la fastuosa Riviera Nayarit. Ya estamos en la playa de Chacala, famosa por haber sido casa en los últimos años de vida del torero, Manuel Capetillo. Aquí es en realidad la punta sur de la franja turística playera del sur de Nayarit y punto de lanza de los grandes proyectos turísticos del futuro inmediato. Sin embargo, Chacala, es un balneario libre en donde nadie tiene problemas para alcanzar las arenas de la playa. Más al sur, sí hay de qué preocuparse.

Los tradicionales y muy populares destinos turísticos, Paraíso Escondido, La Peñita de Jaltemba, Rincón de Guayabitos y Los Ayala no pierden su esencia y pareciera que sus habitantes tampoco desean perder su ingreso libre a su playa. No se puede decir lo mismo que de sus vecinos de El Monteón.

Ya hace varios años que los pobladores de El Monteón daban muestras de sus diferencias. Más tarde, esas batallas se libraron en rijosas asambleas del ejido La Peñita de Jaltemba. Políticos y auténticos delincuentes de cuello blanco metieron mano. Hubo comisariados encarcelados, uno de ellos Beto Cuevas, hermano de los conocidos, Juan José “el peri” Cuevas y David Cuevas García. La semana pasada se dieron a conocer pormenores del ambicioso desarrollo que llaman La Mandarina. Ya antes, les habían cerrado al pueblo y a visitantes los accesos a la playa por los callejones que llevan al estero, a lagunas y playa.

La Mandarina es el holdin de inversionistas donde convergen los Bremer, inversionistas que metieron mano en Chalacatepec, acá por Tomatlán, donde literalmente estafaron hasta a los burócratas del estado. En Chalacapepec Pensiones del Estado aportó el equivalente a 90 millones de dólares.

En Nayarit nada de lo que ocurre es casual. El presidente de la república electo, Andrés Manuel López Obrador propuso reubicar en Bahía de Banderas las oficinas de Fonatur. El sur de Nayarit no compite en monto de inversiones con otros Centros Integralmente Planeados (CIP). Sin embargo, se mantiene vigente Litibú, El Capomo y La Mandarina, desarrollos donde se prevén una millonaria inversión pública. Si es así, bienvenido el impulso de don Amlo a Nayarit. Cual condición, se le deberá imponer no más atropellos, como en El Monteón y la playita de La Lancha, que los habitantes le sufren para ir a sus playas.

Punta Mita en definitiva es playa perdida. Si se perdió un pueblo, que para abrir campo a lujosas residencias y fastuosos hoteles, fue cosa de chiste reubicar a un pueblo. Ahí perdido entre el opulento mundo de Punta Mita, se oculta el nombre de Nuevo Corral de Risco. Los habitantes de esa comunidad ya se olvidaron de la vergüenza a la que fueron sometidos cuando el dinero llegó a la puntilla. El poderoso Grupo Dine, a cuya cabeza estaba Fernando Senderos Mestre y del que presumían era un prestanombres de Carlos Salinas de Gortari, exigió mover al pueblo para abrir paso de playa a sus proyectos. Ese fue el origen de hoteles de primer mundo como Fours Seansons Resorts Punta Mita, St Regis y las zonas residenciales Hacienda de Mita y Codo Punta de Mita, además de las villas Four Seasons. Esto es exclusivo de reyes, príncipes y reinas, petroleros árabes y artistas de cine, y uno que otro magnate y político mexicano. Enrique Peña Nieto es uno de los residentes.

Quién sabe si los paisanos del norte de Nayarit, como Juan García, prefieren la bonanza de los lancheros, meseros, taxistas, guías de turistas, a cambio de perder playas y aguas para la pesca, su ancestral actividad y modo de vida.

La defensa de la playita La Lancha, poco antes de llegar a Nuevo Corral de Risco, o Punta Mita, es una batalla por la dignidad, una de las últimas playas libres. Se otorgó una concesión dizque para asignar a un custodio y defensor privado de la misma. Eso es igual a saber poco de las condiciones y características de la concesión. Lo que consta es el cotidiano zopiloteo del Grupo Dine, aquel grupo que está por sumar tres décadas de vender y vender playas y concesiones, tierras, valles y montañas, ríos y esteros, en la próspera Riviera Nayarit. Dine se asume como dueño todopoderoso de Punta Mita y sus alrededores, la marca de más alta plusvalía en el país.

Revolcadero

Fernando Senderos Mestre es heredero de aquel grupo industrial DESC el mismo que dio origen al Grupo Dine. Está o estuvo vinculado, ya sea como ejecutivo o como accionista, a los grupos empresariales y a los multimillonarios del país. Sus biógrafos oficiales niegan ser beneficiario de las ventas de paraestatales en la era de Salinas. Pero le entró a la compra de Banamex y Banco Mexicano, Inverméxico, como accionista minoritario. Fue de los amigos más allegados a los Salinas, pues compartía con el mayor de éstos, Raúl, su pasión por la equitación. DESC se creó en 1973 y once años después Grupo Dine para entrar al negocio inmobiliario. Una década más tarde hizo presencia en Bahía de Banderas y de la mano de la firma Four Seasons desarrollan hasta hoy en esa zona. En los últimos años la tendencia del grupo es diversificar los negocios. Su nombre y el de sus empresas, Grupo Kuo y Grupo Dine aparecen con regularidad en listas de la Revista Forbes. Con la española Repsol crearon Kuosol para desarrollar bioenergía. Se asoció a Herdez y compró la mitad de Aires del Campo para ir al negocio de los productos orgánicos.****** Juan Cristobal Bremer Villaseñor está atrás de la firma Rosaland y el proyecto La Mandarina. Son los mismos que hace una década vendieron el sol y las estrellas en las playas de Tomatlán y anunciaron un ambicioso proyecto en Chalacatepec como el Nuevo Cancún. El gobernador en ese entonces, Emilio González Márquez le entró gustoso y hasta dio luz verde a un proyecto de construir un nuevo aeropuerto. También fue de acuerdo en tomar dinero de las cuotas de los empleados del gobierno estatal y de los municipios. A la “inversión de capital de riesgo” Pensiones del Estado destinó un 5 % de su dinero, 90 millones de dólares, equivalente a una cuarta parte de la inversión total y con la promesa de obtener rendimientos del 48%. Los empleados ya reclaman su dinero. Hace tres años salió apenas el dictamen de la Manifestación de Impacto Ambiental advirtiendo que la población no debe superar los 40 mil habitantes. En las 1,200 hectáreas, con 8 kilómetros de playa, se proponían construir 4,650 cuartos en seis fases de cinco años cada una. El proyecto está congelado. Los Bremer no perdieron. Compraron con Ipejal a 13 dólares el metro cuadrado y ya luego vendieron en 14.40 dólares al total de inversionistas que apostaron su dinero al desarrollo que todavía no arranca.****** Juan Bremer apareció en las listas negras de los mexicanos con dinero en paraísos fiscales. Es el gran inversionista de La Mandarina en El Monteón. Hace dos años arrancaron la primera fase del desarrollo. Así como Dine se “asoció” con Four Seasons para darle forma a la marca Punta Mita, allá los Bremer crearon la marca ONE&ONLY MANDARINA en el incipiente desarrollo de los primeros 108 cuartos propiedad de la firma RHL Properties donde tienen participación los hermanos Juan y Jerónimo Bremer Villaseñor. En las 34 hectáreas también habrá residencias. Hasta en eso son iguales con los desarrollos de Punta Mita. Y claro, también cerraron los accesos a las playas. Los amigos del Monteón ganaron dinero pero perdieron Playa Canalán y Punta Raza.

 

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