Los estragos de ‘Narda’ y la importancia de la prevención

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

Allá por territorio cora, recibimos el sábado un aviso de suspensión de clases y nos causó cierta inquietud. Hallamos información de haber depresión tropical en aguas del Pacífico mucho al sur y los expertos en climas decían que se convertiría en tormenta tropical; nunca sería huracán pero con trayectoria paralela a la costa representaría riesgos desde Oaxaca a Nayarit.

Los meteorólogos no se equivocaron. Acertaron al pronosticar abundantes aguas y ese sería el peligro. En las costas del sur del Pacífico, ciudades y comunidades rurales sufrieron los embates de torrenciales aguaceros, deslaves e inundaciones por desbordamientos de ríos.

Los vientos, más bien los sintieron los paisanos allá al norte de Nayarit, rancherías y playas de Santiago Ixcuintla y Tecuala. Justo en donde más daño causó el huracán Wila y sus aguas en octubre del año pasado, se volvió a escuchar el canto de los vientos y revivieron los miedos que es capaz de causar la naturaleza en las personas.

“Narda” no ha sido ni por asomo el peor meteoro que descarga su fuerza en Puerto Vallarta. La fuerza de los vientos ha sido menor y la sintieron quienes viven en edificios y zonas altas. Diríamos que los aires de baja fuerza, y no en todos los rincones de la ciudad, cruzaron nuestro espacio a no menos de una docena de metros de altura.

No sabemos ni le vamos a preguntar a una autoridad si le tiembla la mano tomar decisiones como las de suspender clases en escuelas. Lo que sabemos es que se trata de decisiones impopulares pues un día sin clases es un día sin sueldo para quienes imparten clase en colegios privados. Tampoco les gusta a los hombres de negocios, empresarios, restauranteros, comercios diversos. Sino abren, no hay ventas y ellos pierden dinero.

La decisión del sábado de suspender clases en el nivel básico y medio superior correspondió a la Secretaría de Educación del Estado. Se sobreentiende que el gobierno del estado y sus funcionarios toman decisiones previa información que le proveen expertos de las áreas especializadas, en este caso los servicios meteorológicos. Errar las decisiones implica una razonable andanada de críticas.

Bien, al mediodía de este lunes 30, el fenómeno ya debe situarse más al norte de Sinaloa. Ahí por Colima tocó tierra y luego volvió a las aguas y se fue costeando por Nayarit. La tragedia de los amigos de Cuautla, pueblo de pescadores y beisbolistas, en el margen norte de La Boca de Cuautla, las marejadas continuaron derrumbando casas. Es un caserío de poco más de mil habitantes, del municipio de Santiago, pero toda su vida su actividad, comercial, deportiva, cultural y hasta política, la realizan con Tecuala. Por algún tipo de convenio, regularmente allá resuelven sus problemas, servicios, seguridad pública, etc.

Aquí en Puerto Vallarta, hay patasaladas que abiertamente muestran su escepticismo y hasta reprueban decisiones como las que dispone el gobierno estatal y adopta el municipio. Se asumen sabios y paladines, capaz de interpretar la historia y creen que la geografía es un manto proyector de la ciudad y sus habitantes.

Ya decíamos que en la ciudad y rancherías del valle del río Ameca y otros arroyuelos realmente no hubo vientos huracanados. Es más, ha habido lluvias más agresivas. Pero no se trató de un fenómeno local ni regional. “Narda” fue una tormenta de proporciones bíblicas y su peligro jamás lo fueron los vientos. No hay forma de acusar a los meteorólogos de haber errado su pronóstico. Alertaron de tormentas y fue esa la razón de un vecino de Yelapa muerto y de decenas de viviendas arrastradas por violentas corrientes de ríos que de las partes altas bajan a las costas cargadas de agua.

Nuestras autoridades locales, aquí en Puerto Vallarta, se avocaron a prevenir la tempestad desde la madrugada de lunes. El alcalde Arturo Dávalos Peña y su equipo, ya declarado a media tarde del domingo fuera de peligro a la ciudad. Sin embargo, mantuvo la alerta y no se echó a la hamaca. Le habían dicho que “Narda” arrastraba coletazos cargados de mucha agua.

Mucho antes del amanecer del lunes se reportó la presencia vigilante de elementos de Protección Civil y Bomberos en algunos puntos del río Cuale y otros afluentes. Fueron ellos quienes comprobaron que los pronósticos del clima fueron preocupantemente puntuales.

Mucho antes del amanecer, a eso de las cuatro de la mañana, las alertas se encendieron. El comandante Adrián “el semáforo” Bobadilla García enteró al presidente municipal Arturo Dávalos. El día anterior no se había animado a suspender labores administrativas pero fue una de sus primeras indicaciones al constatar el tamaño de la creciente de agua del río Cuale. La disposición fue la misma para todo el centro, sobre todo en la colonia Emiliano Zapata. La empresa del transporte urbano atendió la recomendación y canceló el servicio del transporte urbano.

Fue Dávalos el que mencionó un dato sabido solo por historiadores y viejos vallartenses de buena memoria. El río Cuale no se salía de su cauce desde 1971. El alcalde citó el dato a media inundación de la turística colonia Emiliano Zapata como fecha que en medio de la inundación decían “ámonos paloseco”. A aquella creciente del río Cuale, el de las aguas sagradas de éste edén, nació la colonia Paso Seco.

La esquina de la callecita 5 de Febrero y Constitución, ahí en donde estaba el primer Supermercado Rizo, el primer gran centro comercial local, el alcalde y sus principales colaboradores habilitaron su base de operaciones. Por ahí escapó el agua del usualmente apacible rio Cuale. También se desbordó a la altura de la colonia Buenos Aires, ahí a la altura de la Escuela Secundaria Técnica 84.

Hasta la tarde de este lunes no se había levantado un censo para determinar la cuantía de los daños a viviendas y familias. Son decenas de viviendas y negocios de las partes bajas de esa zona de la ciudad que anegaron en la calle Constitución, 5 de Febrero, Aquiles Serdán, Francisco I Madero, Lázaro Cárdenas, Venustiano Carranza, Pino Suárez, Ignacio L. Vallarta. Para buena fortuna, antes del mediodía el agua bajó de nivel y regresó a su cauce. De esas calles se extrajeron algunas toneladas de lodos y arena, trabajo por agradecerles a las brigadas del director de Obras Públicas, Oscar Castellón, Aseo Público y jóvenes de la Academia de Policía.

El agua llegó sola pero se ocupó de una brigada de trabajadores municipales que a media mañana se dedicaron a desazolvar bocas de tormentas, registros y desagües naturales que por gravedad orientan el destino de las aguas rebeldes. La basura que arrojan las personas a la calle azolvó el sistema fluvial, salidas del agua y todo recoveco natural que permite al agua alcanzar el río. Basura, envases, ramajes, madera, plásticos, fue hallado por los “buzos” que limpiaron el desagüe de la ciudad.

Ahora, y ya por último, esos momentos de crisis, suelen convertirse en oportunidades para que nuestras autoridades demuestren lo que son, servidores de la ciudad y no funcionarios que se sirven de su cargo. Nos llamó la atención la entrega del alcalde Arturo Dávalos y varios de su equipo de trabajo, destacadamente el titular de desarrollo Social, Víctor Bernal Vargas y el asesor Guillermo Salcedo Contreras. No vimos a ningún regidor.

Nos hubiera gustado ver enlodarse el zapato o las zapatillas, a algún regidor o regidora. De alguno de nuestros diputados, Bruno Blancas o Luis Munguía, no podemos esperar nada.

Revolcadero

Como que no cayó nada bien que la Secretaría de Educación del Estado ordenara suspender clases también para este martes primero de octubre. Son 30 municipios, los costeros y los colindantes, los de la zona serrana. Se incluye allá hasta por Guachinango, literalmente por los valles de Ameca, Mascota y Talpa de Allende. Cierto es que la tarde de lunes se observó ya sin lluvia aunque se mantenían muy ligeros vientos y altos nublados. Desde Ixtapa era posible ver al norte los cerros de la Sierra de Vallejo lo que significa que Bahía de Banderas también estaba libre de tormentas de agua. Si se ve de lejos el azul de los cerros, no hay lluvias.****** Consultamos a nuestros amigos de Boca de Tomatlán y de Mismaloya, al sur del municipio. Hasta por la tarde de lunes 30, todo estaba relajado por allá. El nivel del agua y el caudal está dentro de los límites normales y nos dijeron que no ven peligro en el río Mismaloya. En cambio, el río de Los Horcones, que desemboca en Boca de Tomatlán todavía se mostraba caudaloso y de cierto peligro para los lugareños. Los también vecinos, de Chimo y Yelapa sufrieron los estragos de la tormenta arrastrada por “Narda”. Desde la noche del sábado circuló un video que mostraba las feroces aguas de un arroyuelo que baja en Yelapa de la zona serrana. Ahí se perdió una vida, Guillermo Marroquín, y varias viviendas se perdieron arrastradas por la corriente que se abrió camino por la cascada.****** Nosotros le pusimos atención al norte de Nayarit, aquella región azotada en octubre del año pasado por algunos vientos y la inmediata inundación. Los momentos críticos se vivieron también este lunes. Los amigos que viven en caseríos de las playas nos reportaron fuertes vientos más o menos de la misma intensidad de doña Wila. El agua caída del cielo inundó grandes zonas de Tecuala, la cabecera municipal, sobre todo la calle Durango, la salida a la playa. En Cuautla, Novillero, San Cayetano y el Roblito, grandes árboles y uno que otro tejaban cedieron a la fuerza del aire. El agua anegó varias viviendas de Las Arenitas. Ni modo, es el costo de construir sus casas a orillas de los grandes esteros, o del mar, como el caso de Cuautla. Mi amigo Martín Virgen va a tener que regresar a San Juan de Abajo y pedir asilo a su yerno pues ya desde antes el fuerte oleaje se llevó la casa familiar.****** Nos atrevemos a citar tomar algunos comentarios que nos dan una idea de la situación vivida y ya superada por los paisanos. El amigo y paisano, Marco Antonio Medina Durán, “el warry” o “el tochirillo” para los amigos y jefe de aseo en Parques y Jardines nos dejó una frase para la posteridad: “Ya pasó la tormenta, esperemos que no llueva mucho en Durango”. Cualquier vecino sabe en Tecuala y Acaponeta, también en Huajicori que llueve en la parte más alta de la sierra, del lado de Durango, el agua baja, arrasa con todo, animales y casas, e inunda todo el valle. “Queremos ayuda para Palmar de Cuautla por favor. Esto está muy feo, hay muchas casas sin láminas y el mar se está metiendo a las casas”, reportó Cinthia Villela. Sonia Miramontes: “La gente de Novillero está pidiendo auxilio porque está muy fuerte el aire allá”. Son voces de una zona costera en donde, como acá en Puerto Vallarta, no ha tocado un verdadero huracán. Si acá las montañas son la muralla de nuestras defensas contra los huracanes, allá el dique natural son los esteros, las marismas y los manglares.

 

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