Los sabores y sinsabores de la visita de AMLO a Vallarta

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

En un recorrido sabatino por algunas comunidades de Cabo Corrientes el comentario de los lugareños giró en torno a la visita de Andrés Manuel López Obrador. Dieron el nombre de un promotor activista que les enviaría transporte para acarrearlos el domingo al puerto.

Pero, “no somos iguales”, es el más socorrido y repetido discurso del presidente de la república, el himno de sus seguidores.

El acto en la API fue una estampa vista en todos los estados y en cualquier sitio donde se presenta Amlo. Estamos ante una aportación mexicana, como la ola o el grito de los estadios futboleros o el “sí se puede” de los campos beisboleros.

Los recintos políticos improvisados son el termómetro y arena donde los gobernantes miden sus músculos, el de la popularidad pero también el de su poder de acarreo.

No sabemos hasta qué punto la silbitina y los abucheos es genuina. La mañana de este lunes, Enrique Alfaro dijo que provino de un sector de asistentes “resentidos” y hasta insinuó que fue orquestado por Carlos Lomelí, el superdelegado del gobierno federal en la entidad que como dato clave fue su antagonista en la elección de gobernador. No hay otro modo de descifrar la identidad que Alfaro describe en su frase “(fue una operación) de quien nunca ha ganado una elección en su vida”.

Alfaro Ramírez es incapaz de controlar sus incomodidades. Tampoco tiene control sobre sí mismo López Obrador. Se le vio cuando en la inauguración del estadio de beisbol de los Diablos Rojos lo abuchearon y le gritaron el “fuera, fuera”. Hasta en eso, en no saber asimilar la crítica, se parecen Alfaro y Obrador.

Bien, más allá de las bochornosas escenas protagonizadas en Nayarit y también acá en Puerto Vallarta, optamos por destacar las caras positivas de la visita de López Obrador. En Nayarit, nuestros paisanos no desaprovecharon tener cara a cara al “santo” presidente de la república para denunciar que al pueblo sabio nomás no llegan los apoyos sociales, ni a la sierra ni a la costa. Los censos se manipularon, le dijeron. El superdelegado, Manuel Peraza debió decir que corrieron a dos subdelegados regionales por manipular los programas sociales.

Acá en Puerto Vallarta, a la víspera del domingo, Enrique Alfaro y el alcalde Arturo Dávalos Peña grabaron un video adelantando que siempre sí habrá dinero para las colonias de la ciudad. El gober pareció intentar vacunarse contra la rechifla dominical.

Cuando el tema de los 650 millones se hizo público, Alfaro pidió a Dávalos aclarar que Obrador y no él dispuso “mover” al Tren Ligero el recurso prometido a las colonias de Puerto Vallarta. Ninguno de los tres negó la “movida”, una millonaria razón para abuchear al gober. Al santo presidente no lo tocarían los beneficiarios de su presupuesto federal. Dávalos estaba en casa pero no pudo salvar de una rechifla menor. Solo Alfaro no escapó de una hostilidad engendrada en el último mes.

El mismo titular de la SEDATU, Román Meyer Falcón, a quien se le atribuye haberle hablado por teléfono a Dávalos y avisarle de la cancelación de los 650 millones de pesos, revivió el Programa de Mejoramiento Urbano. Meyer mencionó las colonias Las Mojoneras, Lomas de San Nicolás, Vista del Mar, Joyas del Pedregal, Campestre Las Cañadas. En estas, una de cada cuatro casas tienen agua y menos de la mitad drenaje, la mitad sin servicios básicos y mala calidad de sus viviendas. Ahí se destinarán, ya no 650, sino 600 millones de pesos en mejorar alumbrado parques, escuelas, centros deportivos, espacios culturales, mejoramiento de viviendas.

Eso sí, todavía debemos esperar se cumpla la promesa aplaudida por los asistentes al acto en la API. Lo advertimos porque gobernantes y políticos prometen tanto para acabar por cumplir apenas un tantito. Eso es lo bueno de ejercer presión, aplausos o silbatinas, de reclamar y recriminar cumplan promesas. Esa fue la fórmula de recuperar esos millones que ya se daban por perdidos. Con aplaudir y aplaudir, nada se logra pues hacen creer al gobernante que todo marcha bien.

El gobernador y el presidente de la república parecieron haber acordado previamente jugar a la reconciliación. Uno pedía y el otro daba. Alfaro planteó el “macrolibramiento sur” y López Obrador le dijo que sí apoyaría. Ocurrió lo mismo con el pospuesto por años “puente Federación” para unir a la ciudad con Bahía de Banderas. Ya anotamos el rescate de recursos para colonias populares.

Empero el rescate que más agradeció Alfaro a Obrador fue por el gorgoreo que se le vino bajo los toldos del puerto. Al sentido dolor causado por las expresiones de repudio, el alivio de Alfaro le llegó de su amado, y otras veces odiado amigo.

Más allá del intenta entender puntualmente las lecturas lopezobradoristas, de desmitificar filosofía y discursos, los expertos se esfuerzan en desentrañar el origen de la energía que hace latir el corazón del presidente, si de sus gritos de guerra o de sus llamados de reconciliación. Sus seguidores, los famosos “chairos”, solo reaccionan cuando don Amlo les habla de “neoliberales”, “prianistas”, “corruptos”, “vendepatrias”. Esos son los gritos de guerra. A los llamados de reconciliación cierran oídos. ¿Será que el tigre no responde ni a su domador? Si es así, ese tigre se erigirá un día en la peor amenaza para el gran tlatoani.

Nadie supo responder correctamente a un llamado al que quizá sus fanáticos lo entienden en sentido contrario.  “¿Saben qué? Ya chole con los gritos y con la falta de respeto a las autoridades. ¿Saben qué es eso? Con todo respeto, es politiquería, es lo que se llamaba en el viejo régimen que ya no debe de existir es la llamada grilla ¿no es así? Vamos a hacer política que es distinto, no grilla. Tenemos que levantar la mira, pensar en el interés general. La patria es primero. Para qué nos vamos a estar peleando, tenemos que unirnos. Ya, de veras, no estamos en campaña. Ya va a venir la campaña, entonces sí, de una vez, cada quién a su partido, pero ahora, unidad para transformar a Vallarta, para transformar Jalisco, para transformar a México”.

Al presidente sus seguidores no le entienden sus llamados reconciliatorios. Como en el viejo imperio romano. El pueblo quiere pan y circo, sobre todo quiere ver sangre. Estamos ante una rebelión oculta en la 4t tan semejante a llamado de los curas de Dolores o al de los barbados del norte, maderistas y carrancistas. Aquellas turbas arrasaban haciendas y poblados con plenas motivaciones.

Hoy, más bien, las turbas parecen haberse infectado del discurso de las viejas castas que hasta al padre de todos empieza a temer. A López Obrador, como Trump el vecino, parece acomodarle el gusto de gobernar con la siembra del miedo y el instrumento para sus fines es su caudal de fervientes.

Revolcadero

El pronóstico se cumplió a cabalidad. La presencia de Andrés Manuel López Obrador en Puerto Vallarta pudo concentrar en un mismo lugar figuras de la política local con aspiraciones inmediatas. En listado es largo crean mis dos lectores que no atinamos por cual mención empezar. Sin intenciones de calentar los ánimos de la sensibilidad de los morenos, destacable la presencia de los líderes del movimiento Creando Lazos de Bienestar. Son los de la Asociación Civil dedicados en cuerpo y alma al proyecto político de Carlos Lomelí Bolaños. Ahí están a la cabeza “los pacos”, el ex regidor independiente, Paco Sánchez Peña y Paquillo Sánchez Gaeta, padre e hijo, y también el regidor, Roberto González Gutiérrez. Los morenos que se asumen cual de sangre azul herederos y depositarios del membrete, nomás escuchan esos nombres y les salen ronchas. Pero bueno, “los pacos” andan en lo suyo y hasta lograron ponerle la cachucha de la AC al presidente de todos los mexicanos. Un día antes, ofrecieron un desayuno por el Día de las Madres y nos reportaron haber registrado una asistencia de mil 500 mamás. Son cifras como para tener contento a Lomelí y al dirigente estatal de Morena, Hugo Rodríguez. ******* El que también se dejó ver fue el secretario de Desarrollo Social del municipio, Víctor Bernal Vargas. A leguas se nota que el ex secretario general se asume y se mueve como aspirante a la alcaldía por el Movimiento Ciudadano. Fue bien acompañado por algunos de sus promotores de su proyecto y también por algunos funcionarios de primer nivel del gobierno local, como el tesorero, Ricardo René Rodríguez Ramírez. Naturalmente, el diputado local, Luis Munguía llegó arropado por los suyos, sobre todo del motivador Ramón Chávez Lara y del infame administrador de la UNIRSE, Rosalío “el Chalo” Villaseñor. Pero ni ellos, ni Juan Carlos Fortanel, Chinto Morales pudieron neutralizar la operación abucheo. El regidor panista, Saúl López Orozco se movió como pez en el agua y ni modos que no, si estaba en sus terrenos. Acordémonos que el panista tiene un barco en operaciones y ahí atraca y sale todos los días. ******* En la sierra de Nayarit como en la costa sur, la gira de Andrés Manuel López Obrador fue oportunidad de algunos para sacar cuchillos y machetes y cobrar facturas entre los morenos. A los enemigos del superdelegado se les cerraron las puertas y no hubo acceso al santo presidente. Sin embargo, la síndico y temporal alcaldesa, Kenia Núñez se las arregló para apostarse frente al mandatario y darle el recetario de problemas políticos en su municipio. La dama tiene su némesis en otra dama, la senadora panista, Gloria Núñez. Fue ese pleito el más visto y sentido en las rechiflas dominicales en el campo deportivo de San José del Valle. Los políticos, legisladores de alta alcurnia se rompieron sus medias en la vista al cerro, allá más arriba del Venado. Como a los chiquillos, también allá don Amlo les dio sonora regañada y les gritó que ya se dejen de politiquerías.

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