Vacíos jurídicos en Los Arcos de Mismaloya

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

En la misma proporción del sepulcral silencio de nuestras autoridades, mientras a cuentagotas fluye la información, sube de tono la indignación social por el atentado ambiental que con permisividad gubernamental toma forma a unos cuantos metros de Los Arcos de Mismaloya.

En tanto existen dudas de si hay decreto o no respecto a un Parque Natural, los expertos en la materia nos indican que más allá de la duda de haber un ANP (Área Natural Protegida), de aplicarse el decreto del ejecutivo federal -a través de la Secretaría de Industria y Comercio- de considerar Los Arcos y un kilómetro a su redonda en un suntuario de protección a la flora fauna marina, bastaría para negarse cualquier proyecto que atente contra la naturaleza en esa zona.

En una colaboración anterior, el pasado miércoles 21, hicimos referencia a aquel decreto publicado en el DOF el 28 de julio de 1975. Desde el momento que se remueve las rocas en esa área de acantilados se perturba la vida natural bajo protección por el acuerdo de proteger fauna y flora. Nadie negará la segura existencia de un nido de ave marina en los arbustos y piedras ya sacrificados.

El discurso oficial en cada uno de los tres niveles de gobierno presume someterse a estrictas normas para lograr construir un desarrollo sostenible y amigable con la naturaleza. Pero se tolera la construcción de un espigón que invade las aguas y a partir de ahí violenta el decreto federal que protege el refugio de protección de la flora y fauna en las aguas de Los Arcos de Mismaloya.

El mayor valor del destino turístico son las aguas y la riqueza de su vida marina. Es el hábitat de infinidad de especies y el compromiso y responsabilidad de todos, es brindarle toda la protección. Ese fue el objetivo de aquel decreto de 1975.

No queda claro la magnitud del proyecto urbanístico a desarrollar en los escombros de lo que fue la Villa Paraíso que construyó el arquitecto Salvador “el cachi” Pérez. Se sobreentiende el afán de mantenerlo oculto pues poco a poco se configura la idea de tratarse de un edificio imponente de condominios. A estas alturas nadie tiene dudas de intentar levantar una edificación cuyos inversionistas anteponen sus intereses a los de la comunidad.

Cualquier persona sabe que los espigones son estructuras artificiales, de piedra o no, que interrumpen las corrientes marítimas y reducen el oleaje en las playas. Naturalmente que todo deriva en sustanciales modificaciones, como el acumulamiento de arena y construcción artificial de playa. Es seguro que con el rompeolas, mediante la manipulación de las corrientes en la zona, se han propuesto “construir una playa artificial” para disfrute y gozo de sus futuros inquilinos.

Antes ya se estableció con claridad que el gobierno municipal, dentro de su ámbito de competencia, dio luz verde a un único permiso, el de demoler el edificio de la Villa Paraíso. Para el ingreso de la maquinaria pesada, se sacrificaron decena y media de árboles. Sin embargo, lo que alarmó a los prestadores de servicios turísticos que operan en la zona fue la acumulación de piedras. En unos días tomó forma un incipiente espigón que apuntaba al Arco del Diablo, como le llaman al crestón que del agua se asoma a la superficie.

El rompeolas es una obra que degrada la naturaleza marina y la autoridad federal debió expedir el respectivo permiso. Por ende, es el gobierno federal el responsable de ordenar detener de inmediato a los constructores. Es decir, es de competencia federal la responsabilidad de reponer los daños si es que los hay como todo parece indicar. El gobierno federal tiene sus órganos para indagar si el permiso de marras se otorgó apegándose a cabalidad a la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. Funcionarios de la Semarnat deben responder a los vallartenses.

El escándalo de la Villa Paraíso salpica al gobierno municipal. Es la autoridad próxima y aunque el permiso para el espigón, sale fuera de su ámbito de competencia deberá pagar factura a la sociedad. Se ha ofrecido abundante información sobre el tema y obra constancia de haber sido notificado sobre la solicitud tramitada en la entidad federal. Es airado el reclamo de no haber defendido el interés del destino a la sospecha de reservarse comentarios.

Ante el avasallante crecimiento demográfico va aparejado es paralelo al desarrollo turístico e imponentes edificaciones, que por un lado demanda servicios urbanos. La exigencia unánime de los vallartenses apunta a ese polo, de un desarrollo equilibrado, sostenible y respetuoso del medio ambiente.

En fechas recientes se abrieron etapas de consultas públicas para actualizar los planes parciales del desarrollo de la ciudad. No será fácil armonizar el desarrollo urbano pues pesa ya en el ánimo de muchos el impetuoso nacimiento de altas edificaciones en distintos rumbos de la ciudad, fuera de la franja turística.

Los inversionistas se les ingenian para aprovechar cada vacío jurídico en la normatividad vigente. Que no hay constancia que acredite que Los Arcos de Mismaloya esté bajo protección de algún decreto de ANP, Parque Natural, marino ni acuático ni nada parecido. Lo que hay es por decreto un refugio de protección de la flora y fauna. La playita rocosa de la Villa Paraíso se halla dentro del polígono de “un kilómetro a la redonda, a partir de Los Arcos.

La voracidad de los inversionistas no tiene límites si se trata de hacer negocios. Al no existir en la ley patrimonio natural por proteger, solo fauna y flora, asumen tener derecho de hacer todo lo que por ley no está prohibido. El compromiso de la autoridad, federal, estatal y municipal, comprende hallar en un proyecto de desarrollo el equilibrio entre el interés del inversionista y el interés de la comunidad. Implica necesariamente la responsabilidad gubernamental de proteger el patrimonio de la naturaleza y aquí los gobiernos quedan a deber a la sociedad.

Revolcadero

Luis Ernesto Munguía González.

El título de un boletín de prensa del “equipo de campaña” del diputado local, Luis Munguía puso de mal humor a ciertos morenos, como un despistado subordinado de la diputada federal, Lorena Jiménez que tachó a quienes publicaron el boletín de vendidos y chayoteros. Hay grillos que por sus poros despiden su incapacidad para leer y asimilar la información. Lo que Munguía y sus operadores han hecho fue refritear una serie de sumas y pronunciamientos a su proyecto que se le han unido en el último año. Se podrá poner en tela de duda si es noticia informar que el contador Héctor Gallegos se suma a Munguía y es uno de esos 300 líderes sociales que de Morena se va a apoyar a Munguía. Estamos de acuerdo que nada noticioso tiene ello pero para los fines a perseguir, ellos creen que tendrá un impacto y es la justificación de la publicación ordenada. Los morenos, bajo la facciosa influencia de su líder Andrés Manuel López Obrador, dan trato de enemigos a la prensa. Pudieron cuestionar la calidad de esos supuestos 300 líderes sociales, negar inclusive que han abandonado a Morena. Pero prefieren irse sobre el medio, el periodista y el periódico.****** En el mismo boletín de Munguía ofrecen algunos nombres de esos 300 líderes sociales. Si empezamos por Héctor Gallegos, pues en efecto, por un breve tiempo se puso la camiseta de Morena y encabezó una intensa campaña de afiliación acicalado por la promesa de otorgarle la candidatura a la alcaldía en las elecciones del 2018.  Impusieron a la Química Laurel Carrillo y decepcionado, acusando de antidemocrático al partido de Don Santo Amlo, se bajó del barco. No exagera quien sostenga que Gallegos jamás fue un militante, de mínima convicción, de Morena. Es decir, con Gallegos los morenos no perdieron a nadie. Pero lo mismo sucedió con el experto en artes marciales, Santiago Manzanarez. Y con Ramiro Lepe. Y con otros de la corta listita de nombres. Son los amigos de Gallegos. Si mañana brincan a otro partido, todos irán juntos y por lo visto, el barzonista Fidencio Hernández Lomelí ya se unió al grupo.****** Este fin de semana saludamos a buenos amigos de por los rumbos de El Colorado. De los del clan Contreras, además de “el Indio”, Gabriel Contreras nos habló de estar encantado con el proyecto del ex rector del Centro Universitario de la Costa, Javier Orozco Alvarado. Se dijo comprometido y que no hay nadie con la preparación para desempeñar la responsabilidad de ser el presidente municipal. No a un Contreras, y más si es de El Colorado, no lo vamos a contrariar. Pero le vamos a sugerir supedite que una elección no la gana el que tenga más y mayores acreditaciones académicas, sino el que con carisma y discurso, muchas veces hasta con mentiras, convenza y persuade a los electores.

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