AMLO y el golpe de timón que pondría fin al padillismo en la UdeG

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CONTEXTOS…

Por Gerardo Sandoval Ortiz

El viernes pasado, la Universidad de Guadalajara entregó doctorados Honoris Causa a tres veteranos luchadores de la política nacional: Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano e Ifigenia Martínez y Hernández.

El reconocimiento llama la atención por tratarse de tres figuras alineados a la moda construida por el político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. También por ser un momento crucial para el futuro de Raúl Padilla López, amo y señor de la UdeG, institución donde nada se mueve si no es con el permiso de Padilla.

Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Cuauhtémoc Cárdenas.

Muñoz Ledo y Cárdenas Solórzano se formaron en las filas del Partido Revolucionario Institucional, al igual que el gurú de estos, López Obrador. Pero Raúl Padilla también tiene recorrido dentro del PRI y como todos, también fue un declarado militante perredista. La salvedad es que aquellos respaldaron el proyecto de Morena y el “dueño” de la UdeG se la jugó por el panista Ricardo Anaya.

En Jalisco, al tiempo que combatían a Obrador, Raúl Padilla y su grupo político apoyaron decididamente a Enrique Alfaro Ramírez. Resultado y potencial consecuencia es el riesgo de caer sobre el padillismo el peso del gobierno federal y en el peor trance de suma debilidad puede desencadenarse un golpe catastrófico, capaz de poner punto final al formidable control de la UdeG. Entregar el reconocimiento al presidente de la Cámara de Diputados y a la emblemática figura de la izquierda mexicana, Cuauhtemoc Cárdenas, es de menos un esfuerzo de congraciarse con López Obrador.

A su fundación, a la UdeG se le conoció como la “universidad socialista o roja de occidente”. Desde ese momento tenía dueño y fueron dos cuñados de Luis Echeverría Álvarez. No pasemos por alto que el cofundador de la UdeG es don Guadalupe Zuno Hernández, suegro de Echeverría. De la izquierda viró al centro. En la negra era del pistolerismo de la FEG, el más famoso de sus caudillos los acercó al PRI. Fue el tiempo de Carlos Ramírez Ladewig, asesinado en septiembre de 1975, cuando los cuadros políticos universitarios se inclinaron otra vez a la izquierda.

De aquel grupo nacido bajo la tutela de los hermanos Carlos y Álvaro Ramírez Ladewig fue parte Raúl Padilla. Cuando consolidó su liderazgo, primero estudiantil y luego en la rectoría general, a fines de la década de los 80, impulsó la reforma universitaria dando un paso a la descentralización con sus campus regionales. En este momento, Raúl Padilla adquirió la franquicia del Partido de la Revolución Democrática. Sin embargo, no condenó a los cuadros universitarios a éste partido e indistintamente se presentaban por el PRI y hasta por el PAN.

Raúl Padilla López.

A Padilla siempre se la consideró encarnar la figura de esos caudillos regionales con ansias de poder y riqueza oculto en diversas banderas ideológicas y políticas. Es una de esas especies que pululan en la política y se les ingenian para construir una sociedad de súbditos y aliados, alimentados todos con presupuesto y nóminas públicas. La nómina de Padilla no es menor y es tan amplia que se halla en Ixtapa con el CUC y el módulo de la prepa, en El Pitillal, con la prepa regional, y en toda la región costera. Acá, tampoco nada se mueve si no es con la venia del señor.

La mano de las hordas padillistas se cruzan ahora mismo en el gobierno municipal. A ellos se les ha concesionado todo lo que suene y se crea sea parte de la cultura. La jefe de Cultura Municipal, Marina de los Santos Álvarez llegó del CUC, en donde cumplió a cabalidad chamba de publirrelacionista de la Escuela de Gastronomía Gourmet y luego encargada del Jardín Gourmet. Por ahí cobra como director otro profesionista ligado al llamado Grupo Universidad.

Pero el vínculo más íntimo de Raúl Padilla es con el gobernador Enrique Alfaro. Los dos se identifican por ser ejemplos del caudillismo regional. Hace ya varios años atrás, Padilla y Alfaro se aliaron. Ganaron juntos la alcaldía de Tlajomulco pero cuando se repartían el botín se pelearon. Esto es algo muy propio de los bandidos. Eso fue en el trienio 2009-2012. Así es que para la campaña del 212 para gobernador, Alfaro no contó con el apoyo de los universitarios.

Ya para el 2015, Alfaro reapareció y ganó la alcaldía de Guadalajara. Le bastaron tres años para reconstruir y reorientar su proyecto. De la alcaldía se catapultó a la candidatura gobernador por el mismo partido, el Movimiento Ciudadano, el partido que él “rentó” para sus fines personales.

No se sabe si el apoyo de Padilla fue decisivo pero todos están de acuerdo que le facilitó alcanzar la meta. Apenas tiene diez días de gobernador Alfaro y no se sabe que otra vez los huesos los distancien.

Enrique Alfaro Ramírez.

A Padilla y a Alfaro los unirá más un enemigo común: López Obrador. El abanico de plazas es amplio en el gobierno del estado y hay piezas que al proponerse responden al mismo amo. Un caso por cierto, lo es la directora regional de la Secretaría de Turismo, Susana Rodríguez Mejía. Cuando esta dama se estacionó en Puerto Vallarta, allá a principios del 2012, siempre sacaba a relucir su pasado universitario. Confesaba ser alfarista de corazón, venir a hacer punta para los fines del ahora gobernador, pero haber sido formada en la grilla universitaria. Ella puede batear y correr hacia primera un día y al tercer día, batear y correr a la tercera. Es una pieza ambidiestra, con talento natural para lanzar y batear con la izquierda y con la derecha.

Los Padilla y los Alfaro han hecho política dentro y fuera de la universidad desde hace ya medio siglo. Don Enrique Javier Alfaro Anguiano, padre del hoy gobernador, dejó la dirección de una prepa y saltó a la secretaría general a la muerte de Carlos Ramírez en septiembre de 1976. Ya luego sería rector. Y como todos los cuadros directivos universitarios, también fue presidente de la infame Federación de estudiantes de Guadalajara. Eran los tiempos que cualquier chamaco brincaba de la dirigencia de la FEG a una diputación local o federal del PRI y si no, le hallaban acomodo en una chamba de primer nivel en el organigrama administrativo de la UdeG.

La UdeG fue escuela política de cuadros priistas de renombre en las últimas cinco décadas. Félix Flores Gómez aprovechó la muerte de Ramírez Ladewig para negociar una diputación federal. Años después fue su dirigente estatal y otras tantas veces legislador federal. José Manuel Correa Ceseña sobrevivió hasta hace dos décadas. Fue su dirigente estatal y diputado varias veces. El propio Alfaro Anguiano fue pieza del engranaje tricolor. Otro ex dirigente estatal del PRI, Francisco Morales Aceves surgió de la FEG, al igual que Juan José Bañuelos Guardado, fallecido hace unos meses. Cuando el PAN barrió al PRI en la elección de julio de 1997, los dos últimos fueron derrotados. Trino Padilla optó por la vía tricolor cuando de la rectoría general dio el salto a la política. Ahora mismo es el procurador urbano, cargo palomeado por el ex gobernador priista Aristóteles Sandoval. Gilberto Parra Rodríguez y Tonatiuh Bravo Padilla optaron por el PRD. El último candidato a gobernador perredista se hizo en la UdeG.

No es necesario detenernos en dar los nombres, pero desde la fundación del PRD, salvo dos excepciones, todos sus candidatos a alcalde por el PRD fueron académicos universitarios. Esas dos excepciones fueron Luis Fernando Famanía Ortega y Heriberto Sánchez. Curiosamente los dos han sido los únicos en ganar una regiduría.

Raúl Padilla fue un monstruo engendrado por Carlos Ramírez Ladewig antes de morir. Se propuso cambiar la ruda cara de la FEG y lo preparó para convertirlo en presidente de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Filosofía. Dueño de almas y conciencias, nadie se le opuso cuando lo impuso al frente de las FEG. Padilla se fortaleció al heredar el mismo cargo a su hermano Trino y enseguida a Horacio García Pérez, Gilberto Parra, y también Tonatiuh Bravo Padilla, fueron padillistas.

Ya muerto Carlos Ramírez, nadie pudo detener a los Padillas. Uno de los hermanos García Pérez, Gustavo, se exilió en la prepa regional de Puerto Vallarta y al cabo de una serie de plantones, fue obligado a renunciar, se regresó a Guadalajara, y se perdió el mundo de la burocracia universitaria. De Guadalajara mandaron a Jesús Palafox Yáñez y con apoyos de algunos esquiroles vallartenses, sepultó el movimiento. “El pala” hizo huesos viejos en la cartera de Prestaciones del sindicato, el STAUdeG. Apenas el pasado 7 de noviembre asumió la secretaría general del Sindicato de Trabajadores Académicos. El médico César Ortiz debe acordarse de aquellas escaramuzas, las protestas frente al plantel de la avenida Francisco Villa y sus ruedas de prensa en la plaza de armas.

Andrés Manuel López Obrador.

¿Cuál ha sido la clave de Raúl Padilla López para sostener el control en la UdeG? En realidad no hay secretos. Hizo de la institución un modelo del efectivo corporativismo y en ellos superó cual caso habido por haber. Es un corporativismo entendido como aquel fenómeno social y político creado en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, para una supuesta eliminación de la lucha de clases en una sociedad desigual cuyo fin oculto es controlar y manipular a las masas. Cuando Carlos Briseño, ya como rector general, se rebeló a Padilla, a través del Consejo General Universitario lo echaron y días después se “suicidó”.

El corporativismo al servicio de los Padilla acabó con la democracia y todo se reorientó a satisfacer su insaciable voracidad. Los estudiosos en el ramo sostienen que el antídoto del corporativismo aplicado por los Padilla es la democracia pero por ningún lado se observa esfuerzos encaminados a esa ruta.

La irrupción de López Obrador al frente del país puede ser ese halo de suerte que muchos y desde adentro de la UdeG añoran. Enfrentados desde la campaña AMLO y Padilla López, un golpe de timón pudiera ser el fin de la negra época del padillismo y exterminio de su pandilla.

Revolcadero

Si es cierto, aquello de, “cuando las comadres se enojan salen a relucir las verdades”, se nos antoja extraer pasajes de lo que Enrique Alfaro declaró en febrero de 2010, cuando el desgreño con Raúl Padilla López. Decía justamente lo expuesto a detalles párrafos arriba. Acusaba la megalomanía del señor de horca en la Universidad de Guadalajara. Sabotea el progreso de Tlajomulco. Incurre en manipulaciones y chantajes, dijo. En las últimas dos décadas, los jaliscienses han sido testigos de los afanes de poder de Raúl Padilla. Su modus operandi ha consistido en intentar cercar y secuestrar varias organizaciones e instituciones públicas locales, incrustando a sus incondicionales en posiciones estratégicas de control político y financiero. Bajo el velo de la promoción cultural y la renovación académica, Padilla López ha construido redes de complicidad para convertirse en factor de decisión de la vida pública de Jalisco”. Llegaron juntos a la alcaldía y le exigió el 60% de los espacios administrativos, entre ellos la Tesorería, Desarrollo Urbano, Promoción Económica y el Instituto de Cultura. En aquellos días, Padilla sostenía que era Emilio González Márquez quien azuzaba a Alfaro. Éste lo negaba. Al final, esos tres personajes acabaron por aliarse y juntos echaron al PRI de Casa Jalisco. Juntos ellos, sumarán fuerzas para defenderse de los embates de los morenos y de don Amlo.****** Solo por dar un dato. Cuando el pasado 7 de noviembre Jesús Palafox Yáñez protestó como nuevo dirigente del Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG relevó a Enrique Velázquez González. Es el maestro padillista a ultranza y una de las víctimas de aquella quema de Enrique Alfaro en el gobierno de Tlajomulco en 2010. Enrique Velázquez fungía como director de Desarrollo Social y se refugió en la docencia universitaria. En la última elección hizo campaña, ganó la elección y es diputado local por el Movimiento Ciudadano. Si la alianza Alfaro-Padilla se sostiene se perfila para ser candidato naranja en aquel naranjero municipio.****** Vaya. Que todos los funcionarios que calientan sillas en las oficinas de la Unirse nomás están de adorno. Que legalmente están impedidos para formalizar la entrega-recepción de cada dependencia pues no traen consigo el respectivo oficio. Para empezar, el administrador o coordinador, Chalío Villaseñor ni siquiera tiene facultades para remover personal. Total, que si quieren trabajar, sus funciones se limitan a darle una sacudida al mueble, limpiar el polvo y mantener limpios los espacios del edificio. La apuesta es doble contra sencillo que, si alguno trae, la mayoría ni siquiera tiene contrato. Y menos tendrá su nombramiento.

 

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